Una vida dedicada por completo a la política
Por OSCAR CARES LEIVA
El primer cipoleño en asumir como gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, ha cumplido una intensa actividad política a lo largo de su vida. Una tenaz voluntad, una intensa preocupación hasta por los mínimos detalles, una autoexigencia que también demanda a sus colaboradores y una gran dedicación al aplicar sus líneas de trabajo a corto y largo plazo han sido algunas de sus características principales en el ejercicio del poder.
Nacido en El Bolsón el 11 de octubre de 1962, se afincó en su juventud en Cipolletti, donde asistió a la ebullición política de los albores de la democracia. Formó así parte de la generación que enterró la dictadura y que se dispuso a asumir protagonismo en el quehacer público.
Se forjó en la política en el partido Intransigente (PI), que a nivel local conducía el fallecido Julio Rodolfo Salto, su gran mentor. Juntos compartieron amistad y actividades partidarias. En 1982, ya existía en Cipolletti el Movimiento de Juventudes Políticas, de las que formó parte y que organizó la primera marcha por la democracia en diciembre de ese año, todavía con los militares ejerciendo el control del país con rígido y criminal autoritarismo.
Jefe de Prensa
La vida en los años 80 asistió a la consolidación en la provincia del gobierno radical, que perduraría por 28 años. En la ciudad también hubo jefes comunales de ese signo partidario: Alfredo Chertudi y Pedro Dobrée. Sin embargo, en 1987 Salto conquistó la intendencia y Weretilneck fue su jefe de Prensa. Fue su primer cargo en la administración municipal, a la que empezó a conocer a fondo.
En los ’90, creció su protagonismo. En 1991, el radical Jorge Ocampos llegó al poder municipal. En ese mismo año se formó el Movimiento Patagónico Popular (MPP), del que fue uno de los fundadores, junto al Rudy Salto. Juntos prepararon la reconquista de la comuna y, para ello, en 1995, fueron a buscar a un médico y ex edil radical, Julio Arriaga, quien dio el sí a su candidatura luego de algunas intensas conversaciones.
Durante los dos mandatos de Arriaga, Weretilneck ocupó cargos clave de la Municipalidad. Primero, fue secretario de Gobierno y, con ello, la mano derecha del intendente. Más tarde, fue secretario de Servicios Públicos, un área estratégica por estar vinculada, en la práctica, a todas las necesidades de la comunidad. Allí, ya en el segundo gobierno de Arriaga, fue consolidando su poder propio. Por entonces, ya se lo conocía en el ambiente político como “El Brujo”, por su capacidad de gestión y de convencimiento.
Un momento tenso y doloroso en su vida política se produjo cuando se separó de Salto, en 2001. La convivencia política entre los dos grandes Julios de Cipolletti en ese entonces, Arriaga y Salto, devinieron en diferencias más profundas. Weretilneck decidió seguir con Arriaga, con quien en 2001 pasaron a integrar el Frente Grande provincial. Fue el adiós al MPP y el comienzo de una etapa partidaria que se extiende hasta hoy, en la que es vicepresidente nacional de la agrupación.
Dos intendencias
En 2003, cuando estaba por terminar la gestión de Arriaga, Weretilneck decidió que era su momento para dar un paso más en su carrera política, para la que se había preparado concienzudamente. Arriaga dudaba en darle su respaldo a él o al ex edil Fabián Gatti pero Weretilneck no dejó lugar a discusiones. Demostró, sin ambages, que era él quien tenía los hilos del poder y -se afirmaba en ese entonces- estaba dispuesto, incluso, a ir a internas para ratificarlo. Fue el candidato y logró la victoria en las elecciones, llegando a la intendencia. La figura de Arriaga se empezó a eclipsar.
En 2007, con un municipio próspero y en crecimiento, se impuso holgadamente para un segundo mandato. En ese entonces, ya era la figura excluyente de la política cipoleña. El año anterior había sufrido uno de los más grandes dolores personales y políticos con el fallecimiento de Salto.
Hombre de ambición, Weretilneck se largó a preparar en 2010 su proyección provincial. A partir de su antigua amistad con Elbi Cides, el sucesor de Salto en el MPP, consolidó una alianza para intentar el objetivo de llevar a un cipoleño al poder en Viedma. Con el respaldo del Frente Grande y el MPP, hizo sus primeras recorridas por distintas localidades de la provincia.
Con Soria, trabaron relación al compartir diversos actos públicos. De a poco fue madurando su alianza política. El camino no fue sencillo. Desde el radicalismo, Bautista Mendioroz, primero, y luego César Barbeito, lo tentaron para que fuera su compañero de fórmula. Weretilneck mantuvo su palabra empeñada, se metió con todo en campaña y ganó con Soria las elecciones del 25 de septiembre del año pasado. El destino quiso que compartieran el poder de Río Negro tan sólo por algo más de 20 días.
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