Otro cumpleaños sufriendo por el frío
Siete años cumple mañana el asentamiento Barrio Obrero A, donde otra vez empiezan a sufrir la temporada de los fríos en las peores condiciones posibles. Sin una provisión adecuada de electricidad y con los precios de la leña y el gas en garrafa por las nubes, las 620 familias que viven en el lugar deben arreglárselas como pueden.
La realidad en esta toma, la más poblada de Cipolletti, no es diferente de otras que existen en la ciudad, donde cada otoño y cada invierno se convierten en una dura prueba de subsistencia.
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En la barriada hay indignación en la actualidad porque el Municipio ha decidido efectuar un relevamiento para determinar qué familia debe contar con el suministro de leña y cuál no. Para los pobladores, todas las familias deben recibir la leña, dado los costos que insume conseguirla por cuenta propia y porque no hay hogar que no requiera de ayuda para superar las adversidades.
El asentamiento se conformó un 9 de abril del 2009, en tierras reclamadas por Carlos Romero que están ubicadas en calle Naciones Unidad, al norte de Circunvalación Presidente Perón.
Como parte del total de familias, hay más de 1500 niños viviendo en el lugar. Hay muchas casas de material, pero también hay otras que siguen presentándose muy precarias. El servicio eléctrico lo consiguen de una conexión irregular a la red de Edersa.
Son numerosos los hogares en los que la estrechez económica es muy profunda. Por ello, todos los días funciona un comedor comunitario que arrancó su actividad de este año hace poco. En la actualidad, entregan más de 100 raciones diarias pero estiman que pueden llegar a las 400, ya que también atienden a otros asentamientos y barrios.
El inicio del otoño acentuó los fríos de finales del verano. Para hacer frente a la circunstancia, deben recurrir a la compra de leña, pero los bines están a unos 700 u 800 pesos y la garrafa de gas se paga en las inmediaciones a 115 pesos. A una familia que usa en forma intensiva el gas envasado, la garrafa no le dura más de una semana.
Ante las carencias, la mayoría de los vecinos termina utilizando en forma creciente y descontrolada estufas eléctricas. Termina siendo una de las pocas fuentes de calor, pero al precio de hacer caer la precaria red existente, con riesgos de cortocircuitos e incendios en los que, de producirse, sólo queda rogar que no haya víctimas.
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