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Máquina Cid, entre la docencia y un nuevo pasatiempo

Máquina Cid, entre la docencia y un nuevo pasatiempo

Sofía Ibáñez

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Hace unas semanas, hurgando cajas, Jorge “Máquina” Cid encontró unos recortes de diarios. Eran de 10 años atrás, cuando Cipolletti festejaba el retorno al Argentino A. Hace un año y medio, el ex capitán albinegro cambió el Alto Valle por el bosque y las montañas del norte neuquino. Vive en Huinganco, a 490 kilómetros de Neuquén capital, donde es profesor, preceptor, entrenador y también productor de cerveza artesanal.

“A mi señora y a mí nos gusta la cordillera, la tranquilidad, el aire libre y la seguridad que hay en este lugar. Fueron un montón de cosas las que nos llevaron a tomar esta decisión”, contó el ex lateral por izquierda del Capataz, referente de una camada de futbolistas que se hicieron profesionales vistiendo la casaca albinegra. Es el defensor cipoleño con más presencias en torneos federales, jugó más de 250 partidos. Muchos de los técnicos que lo dirigieron no dudaron en señalarlo como un ejemplo a la perseverancia.

En mayo del 2012, Cid decidió desvincularse de Cipolletti después de doce temporadas, y un año después se retiró en Independiente de Neuquén, aunque después despuntó el vicio jugando en la Liga Deportiva Confluencia en Unión de Allen y San Martín. Al Albinegro llegó en 1998, tras superar una prueba de jugadores, y dos años después debutó en Primera.

“El 7 de noviembre del 2015, justo para mi cumpleaños, nos mudamos a Huinganco, y acá estamos, en el medio del bosque y las montañas”, contó el cipoleño, vecino ilustre del barrio Pichi Nahuel.

Mudarse al norte neuquino fue un cambio rotundo pero satisfactorio. Junto a Paula, su compañera de vida, y Heidi, su hija, se encontraron con un paisaje inusual para cualquier valletano en el que nacerá Aneley. “El año pasado había 40 centímetros de nieve, tuve que sacarla con la pala de la puerta. Nunca había visto tanta, no quería salir de la casa”, bromeó el ex defensor, pero aseguró: “Es re lindo. Lo único que hay que hacer es amoldarse al lugar”.

En el pueblito cordillerano, que se encuentra a 5 kilómetros de Andacollo, trabajo no le falta. “Estoy laburando de profe (educación física), de preceptor, estoy dando fútbol femenino. Hago de todo un poco, gracias a Dios estoy trabajando mucho”, subrayó.

Nuevo pasatiempo

Además de la docencia, encontró otro pasatiempo: “Tenemos un microemprendimiento con mi familia, en el que hacemos cerveza artesanal y les vendemos a los turistas”. La marca del producto es ANTU y durante octubre y febrero, en temporada alta, es muy valorada por los viajeros.

El Máquina disfruta de la tranquilidad que ofrece su nuevo hogar, aunque admite que hay cosas que echa de menos a la distancia, como la competencia. Después de retirarse como futbolista, se había enfocado en dirigir divisiones inferiores de Cipo. “Lo que se extraña más que nada es el fútbol, pero después la tranquilidad es impagable. Los domingos futboleros, pero también la manera de entrenar, de competir. Yo estaba en las inferiores del club… Acá es más social el fútbol”, aseguró.

“A Cipo lo sigo. En estos días estuve sacando unas cajas y viendo unos recortes y vi la fecha del ascenso (en 2007), que ahora es algo medio común, porque al invitar a tantos equipos es como que se perdió ese mérito”, sostuvo Cid, quien sigue atento a la vida del Capataz.

"El año pasado había 40 centímetros de nieve, tuve que sacarla con la pala de la puerta. Nunca había visto tanta".“A mi señora y a mí nos gusta la cordillera, la tranquilidad, el aire libre y la seguridad que hay en este lugar". Jorge Cid. Ex lateral por izquierda del Albinegro