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Los guardianes de la basura en el paraje Santa Marta

Hacen vigilia para evitar descargas clandestinas de residuos en la zona.

Guadalupe Maqueda
maquedag@lmneuquen.com.ar


¿A quién le gusta que le tiren basura en la puerta de su casa? Es la pregunta que se hacen todos los días los vecinos del barrio Santa Marta. Lejos de la urbe, pero muy cerca de la montaña de residuos que avanza como una sombra sobre terrenos privados y caminos adyacentes al basural, algunos pobladores hacen vigilia día y noche para que no los tapen de desechos y escombros.

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Aún cuando un terraplén de piedra y tierra corta la calle B19, de un lado al otro, impidiendo el paso de los vehículos que arrojaban basura sobre el ripio, sin importar demasiado que a los costados haya gente viviendo, entre chacras, criaderos y chiqueros, muchos camiones y camionetas se tiran el lance y luego pegan la vuelta, porque no tienen cómo pasar por arriba de esa defensa.

"A pesar del terraplén, los camiones siguen llegando y quieren tirar la basura. Esto es una lucha, la gente es muy sucia", indicó Elena Sáenz, una vecina del barrio que regresaba de alimentar a sus crías. "Estoy pasada de olor a chancho", dijo, como si tuviese que disculparse por eso, y atendió a LM Cipolletti, siempre dispuesta a hablar del tema que la desvela.

Ella vive con su marido y tiene tres hijos dedicados de lleno al cuidado de la propiedad privada que linda con el basural. Dice que día y noche controlan que el lugar no se vuelva a inundar de basura, como si fueran guardianes de la zona, donde la ciudad se pierde en un horizonte que sólo resplandece por el fuego que consume los desechos.

Por la gran contaminación ambiental y el colapso del basural, ese sector de Cipolletti se volvió prácticamente inhabitable.

Si alguno de los pobladores ve pasar los camiones repletos de basura, pese al terraplén, entonces le indican por dónde tienen que ir; y como Elena, piden que no arrojen la carga que llevan en la calle. "Que vivamos en una chacra no significa que podamos vivir enterrados en la basura", sostuvo la vecina.

Cuando no existía el terraplén, la basura los rodeaba; y hubo que insistir mucho para que limpiaran la zona. Tanto los cercaba, incluso hasta con perros muertos que nadie quiso, que Elena temió por sus chanchos. Llamó a una veterinaria y los vacunó a todos para que no se infectaran.
Luego del terraplén, pudieron respirar aire más limpio, el hedor amainó bastante y la calle volvió a ser calle. Sin embargo, no pudieron abandonar la trinchera, no del todo, ya que ante el menor descuido, siguen apareciendo residuos y escombros. "Por ahí tiran a la orilla y la basura la tenemos que quemar nosotros", contó Elena.

Se añade la nube negra que los ahoga cada vez que se incineran desechos, gomas y todo tipo de escombros. "Con cada quema, esto se llena de humo, no se ve nada ni se puede estar afuera. Tenemos que vivir encerrados", expresó la vecina, y añadió: "Mi marido ya se enfermó, tiene asma, y mis nietos tienen que venir los días lindos".

Hoy, la calle B19, que de un lado comunica con la San Luis y del otro topa con el terraplén, ha dejado de ser un reguero de basura. Pero existe el temor fundado de que vuelva a serlo si abren el terraplén.
Quieren respuestas

"No nos importa que la calle esté cortada, lo que nos importa es que no tiren basura", remarcó la mujer, quien apeló a la nueva gestión de gobierno para que los ayude a conservar la zona limpia.
"Necesitamos que el Municipio se haga cargo y controle; y creo que con este intendente (Aníbal Tortoriello) vamos a poder", manifestó.

En el interín, admitió que "no le queda otra" que persistir y defender con tesón el barrio donde vive hace ocho años. "Compré para tener un criadero sin saber que estaba el basural tan cerca", recordó.
Nada de lo que la rodea juega a su favor, comenzando por el fétido olor que corta la respiración y emana de un canal al ingreso del barrio, como si anticipara la realidad cotidiana del paraje. Pero ella, como tantos vecinos de esta ciudad, quiere vivir mejor, en un ambiente más habitable.

Aclaran que no venden terrenos

Sobre un páramo llama la atención la leyenda de un cartel que circunda la calle B19 y dice: "Aquí no es cooperativa, no se venden terrenos ni sabemos dónde es. No moleste. Respete la propiedad privada".
A primera vista, resulta exagerada y hasta innecesaria tamaña aclaración. Sin embargo, las tierras que defiende alguna vez fueron el botín de guerra del dueño de una radio local que utilizaba el micrófono para incitar a sus oyentes a ocupar 100 hectáreas privadas, con la esperanza ilegítima de formar una cooperativa que hiciera posible el sueño de la casa propia.

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