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La vigencia histórica del Cipolletazo

A 43 años del gran acontecimiento, se agiganta la participación del pueblo y su líder de entonces, Julio Dante Salto.

La pueblada mantiene su legado de protagonismo y coraje cívico frente al poder de facto.
 

Hace hoy 43 años de la que ya se conoce como la primera “pueblada” de la historia regional: el Cipolletazo, momento clave en el pasado de la ciudad y con profundas proyecciones que aún resuenan en el presente.
La movilización general de la sociedad cipoleña define el carácter casi épico y ya por completo legendario de un acontecimiento político, social y cultural que dejó su impronta imperecedera en la vida local.
El 12 de septiembre de 1969 la comunidad toda salió en defensa del jefe comunal de ese momento, el comisionado Julio Dante Salto. Fue un hecho estremecedor, digno de memoria: el pueblo defendiendo a su referente político de entonces, en momentos de la dictadura burocrática y represiva de Juan Carlos Onganía.
Como en todo suceso histórico de envergadura, son muchos los factores que actuaron como detonantes. Pero la chispa que encendió la mecha y que grabó a fuego la fecha para la posteridad fue la presencia en Cipolletti de enviados del gobierno provincial de entonces para expulsar a Salto de su cargo. Los emisarios no tenían previsto tamaño rechazo y menos ser sacados sin miramientos por una ventana de la antigua sede municipal de Yrigoyen y Villegas.
 
Contra la arbitrariedad
A partir de entonces, se multiplicaron las demostraciones de resistencia ante la arbitrariedad del poder de facto y de respaldo a la figura del líder cipoleño. Trabajadores, empresarios, estudiantes, profesionales, vecinos y vecinas de todos los estratos sociales participaron de la gesta, mientras recrudecía con los días la represión y el abuso por parte de la fuerza pública.
La historiadora Liliana Graciela Fedeli, autora del libro “Cipolletti, una comunidad en acción. ¿Conflicto social o pueblada?”, dedicado al Cipolletazo, no tiene dudas de la trascendencia regional, nacional e, incluso, internacional del acontecimiento, que tuvo repercusión hasta en medios del extranjero. Como tampoco vacila al definir como “pueblada, incluso etimológicamente hablando”, a lo que ocurrió en la ciudad en aquel entonces.
La investigadora, que ya está por sacar la segunda edición de su texto, que contendrá nuevo material, precisó que los hechos se desencadenaron “porque la provincia, gobernada por el interventor Juan Antonio Figueroa Bunge, quiere intervenir la ciudad y echar a Salto, que era el comisionado municipal. Entonces, el pueblo se vuelca a las calles debido a la convocatoria de la radio LU19 y de Abraham Thomé a través del programa Telesíntesis, de Canal 7 de Neuquén”.
La situación conflictiva se prolongará “por varios días, con momentos álgidos, en los que hay cierres de comercios, caravanas, un boicot bancario a otras ciudades como General Roca y agresiones a periodistas del diario Río Negro, lo cual es tomado como negativo por Salto y otra gente que consideraba que esto se debía tratar de otra manera”.
 
La ruta de la discordia
Las razones por las que el gobierno provincial de facto, del que formaba parte el influyente roquense Rolando Bonacchi, quería expulsar a Salto no eran pocas. Entre ellas, figuraba la intención oficial de construir una ruta que conectara por territorio rionegrino, a partir de Roca y sin pasar por Cipolletti, con San Carlos de Bariloche. El comisionado local cuestionó la iniciativa, afirmando que prefería que se gastara más en la construcción de viviendas, recordó Fedeli.
Pero era la personalidad misma de Salto la que molestaba al poder de turno. Su arraigo en la comunidad, los logros de su gestión municipal y el respeto y admiración que generaba, lo tornaban un referente incontrolable y un rival para futuros comicios democráticos que ya se vislumbraban. “Era visto como un potencial competidor en la futura salida electoral que aún no tenía fecha”, puntualizó la historiadora.
Las tensiones estallaron un 12 de septiembre y el 22 de ese mismo mes tuvo que alejarse de su cargo provincial Figueroa Bunge. El líder cipoleño también dio un paso al costado, permitiendo que otro vecino de la ciudad y médico como él, Alfredo Chertudi, asumiera el gobierno local. Así, al final, se pudieron tranquilizar las aguas. Pero el Cipolletazo entró para siempre en la historia.

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