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La narcohistoria del papá del pibe que atropelló y mató a Facundo

Estuvo preso en Devoto vinculado a una organización que se dedicaba a la compra-venta de vehículos de alta gama, robados, que traían a la región envainados en droga. Cuando lo detuvo la DDI de Morón estaba en una suite de un hotel de lujo con dos prostitutas.

Cuando el miércoles 22 de diciembre le formularon cargos a Ramiro Gutiérrez por el homicidio doloso de Facundo Castillo, su abogado defensor, Martín Segovia, le dijo a la jueza Rita Lucía que el papá de Ramiro ofrecía abonar una fianza de 5 millones de pesos. El dato fue llamativo.

Debido a los riesgos procesales, en los que ya había incurrido Ramiro Gutiérrez, fuga y entorpecimiento de la investigación, que fueron demostrados por los fiscales Santiago Márquez Gauna y Martín Pezzeta, la jueza rechazó la caución ofertada y le dio curso a los seis meses de prisión preventiva solicitados por la fiscalía.

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Ruido, mucho mucho ruido

Ya había trascendido que Ramiro Gutiérrez no figuraba ni como monotributista, pero compró por 10 millones de pesos una camioneta BMW X1 que fue con la que atropelló y mató a Facundo para luego darse a la fuga y esconder el vehículo hasta horas antes de entregarse, tres días después.

En la audiencia ofrecieron por su libertad 5 palos como si nada, así que necesitaba un café porque nada cerraba.

Había un abogado conocido con el que justo me crucé en un barcito cipoleño donde le conté lo que había pasado. Como en todo pueblo chico, ya sabía.

“Me enteré de la guita que se ofreció. Mirá, nunca en lo que llevo de audiencias (en Cipolletti) se ha ofrecido tanta guita”. La charla continuó por las ramas y luego seguí camino.

Como todos saben, un dato lleva a otro. Seguí rastreando, pero ahora me interesaba saber quién era don Gutiérrez, el tipo de los millones.

Resolví tocar a algunas fuentes muy confiable y una respondió a mi inquietud. En la calurosa siesta del jueves, cuando ni las hormigas se animaban a pisar el asfalto y la tormenta que se avecina no parecía tan real, nos sentamos en el cordón de una vereda perdida en Cipolletti y charlamos atando cabos.

El gitano que no es

Finalmente, el nombre del padre apareció en escena: Felipe Ricardo Gutiérrez, tiene en la actualidad 60 o 61 años. “Es chileno. Se metió en el negocio de los autos importados en los 90 y por eso le comenzaron a decir gitano, pero toda la vida se lo conoció como el Negro Gutiérrez”, me reveló mi fuente que me advirtió: “Ojo este tiene contactos directos con políticos” y descubrí que no era mentira. Pero como ustedes sabrán no hay nadie más preparado para hacer una gambeta a un escándalo que un político.

Lo cierto, es que el Negro Gutiérrez cayó a mediados de la década pasada en el marco de una investigación en la que intervino la bonaerense y la Federal.

La ministra de Seguridad en ese entonces era Patricia “la Piba” Bullrich, que tenía un equipo de comunicación que vendía los golpes exitosos con nombres de película. A esta causa la bautizaron como “Rápidos y furiosos”.

¿A qué se dedicaba la organización? Según lo presentó el Gobierno Nacional y sus fuerzas de seguridad, robaban autos en Buenos Aires y los traían al sur para comercializarlos en dos agencias puntualmente que tenía el Negro Gutiérrez, una Viedma y otra en Cipolletti. Hasta el papelerío armaba la banda.

Al chileno lo estaban siguiendo y cuando se ordenó el operativo, se procedió a su detención. ¿Dónde estaba? en la suite de un hotel de lujo con dos prostitutas. Había alcohol y droga.

De la suite, el chileno terminó en Devoto donde tiempo después lo vincularían a una segunda causa que tuvo matices bizarros.

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La BMW comprometida en el accidente mortal.

La BMW comprometida en el accidente mortal.

Rápidos y furiosos II

Las segundas partes nunca son buenas, pero esta tuvo elementos interesantes, aunque en el camino se fue desfondando como valija de cartón en la lluvia.

Primero que nada, aclaremos algo básico. El nombre de la causa es muy pintoresco, pero en verdad quien roba un auto de alta gama es un ladrón avezado que sabe que, si viola las leyes de tránsito, como por ejemplo por ir a alta velocidad, terminará demorado y muy complicado. Así que, es mejor manejar tranquilo, total de acá a que el dueño se dé cuenta ya el auto estará en el taller donde se hacen las modificaciones del caso.

En definitiva, la causa Rápidos y Furiosos II se concretó en 2017 y por orden del juez Federal de Morón, Néstor Barral, se realizó una serie de allanamientos tanto en la cárcel de Devoto, como en Chile, Bahía Blanca y también en General Roca donde cayó un gestor con su hijo por ser, supuestamente, parte de dicha organización criminal.

En la foto del operativo apareció el ministro de Seguridad de la provincia, Cristian Ritondo y el auto blanco de alta gama que se ve en la foto es el del chileno Gutiérrez un BMW, la misma marca de la camioneta que usaba Ramiro Gutiérrez al momento de atropellar y matar a Facundo. Una debilidad de la familia, digo la marca.

En definitiva, la justicia había filtrado escuchas desde la cárcel de Devoto en la que aseguraban que el chileno Gutiérrez era el cabecilla de la banda.

¿Cómo operaban los muchachos desde atrás de las rejas? Por celulares, en varias requisas ya le habían secuestrado hasta tres celulares, cosa natural en todas las cárceles del país.

Lo que le atribuían al chileno Gutiérrez, era ser el ideólogo del tráfico de cocaína al sur del país. Principalmente Bahía Blanca, Alto Valle de Río Negro, Neuquén y de ahí seguían camino a Chile.

En las conversaciones descubrieron contactos que eran los que aportaban la droga, la banda del chileno ya no robaba los autos de alta gama, sino que directamente los compraba en Buenos Aires, los envainaban con cocaína y de ahí los mandaban a la región.

“Cuando llegaban los autos, los limpiaban y los ponían a la venta casi al mismo precio de compra. La diferencia la hacían con la droga, los autos eran la pantalla”, describió en su momento un integrante de la investigación federal.

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“Es analfabeto”

La hija de Gutiérrez que trabajaba en la justicia, es abogada y según ella también periodista, dio en su momento una entrevista donde salió a decir que: “mi papá es un perejil en la causa”.

Sucede que en la celda del chileno secuestraron un montón de papeles y por ese entonces estaba de moda en los medios hablar de “Los cuadernos de las coimas”. Esos son los cuadernos que Oscar Centeno, chofer de Roberto Baratta, mano derecha del ex ministro Julio De Vido, llevó durante años un registro detallado del recorrido de los bolsos con dinero que presuntamente provenían de las coimas que pagaban empresas de la construcción a lo kirchneristas.

Bueno, los cuadernos del chileno Gutiérrez tenían más la pinta de ser los papelitos que sacaba de los bolsillos Minguito Tinguitella en Polémica en el Bar. Estaban plagados de números y algún que otro nombre.

La hija de Gutiérrez en la desesperación de ver a su padre detenido, disparó la bomba: “mi papá es analfabeto. Que alguien me explique cómo hizo para escribir todo eso”. Nadie nunca respondió a sus dichos ni para afirmar ni para descartar.

La causa siguió su recorrido, un viejo conocido abogado de Gutiérrez lo volvió a ver, estaba vez en el penal de Devoto y revisó el estado de la causa.

A la fecha, el chileno Gutiérrez está en una vivienda de Roca, pero su situación legal se desconoce. Algunos dicen que por la edad y ser persona de riesgo frente al Covid lo mandaron con domiciliaria y tras pagar una fianza millonaria, otros, más allegados a Gutiérrez aseguran que lo dejaron libre por falta de pruebas.

Nobleza obliga, pese a la ardua búsqueda no se pudo encontrar ningún documento que demuestre ni una ni otra cosa, la verdad es que está en su casa de Roca y no se sabe en qué situación.

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