El clima en Cipolletti

icon
24° Temp
41% Hum

La mejicaneada que les costó 10 kilos de merca a Los Champú

Se la llevaron de un búnker que tenían en Plottier. La banda narco secuestró pibas y casi matan al Cacho Aguirre para recuperar la cocaína. Testimonio exclusivo de uno de los autores.

Las historias del crimen no son solo aquellas que han llegado a tener investigaciones policiales y judiciales. Hay algunas que solo quedan en la intimidad del hampa, donde si bien ya no hay códigos, las cosas las resuelven entre ellos, de manera salvaje y sin piedad.

Es clave en el mundillo criminal generar mucho temor hacia los otros bandos para que no pisen el territorio y sobre todo para ser respetados.

Te puede interesar...

Esta es la historia de una mejicaneada de 10 kilos de cocaína que nunca transcendió, obviamente, y por la cual casi matan a un viejo estafador de Valentina Sur, el Cacho Aguirre, y además secuestraron a dos pibas en el balneario de Plottier para intentar recuperar la droga.

Esa disputa ocurrió allá por el 2014 cuando las dinámicas narco neuquinas comenzaban a ganar espacio en los medios. Casi una década después, LMN habló con algunos involucrados y se pudo reconstruir semejante robo de droga.

En el territorio

Para mí, todo comenzó en 2012 cuando estaba investigando el accionar de las bandas que operaban en Neuquén. Un comisario, obviamente bajo reserva, me cedió su silla y me prestó la computadora para ver lo que Jefatura denominaba “mapa del delito”. El sistema requería ingresar cada uno de los hechos delictivos con la mayor cantidad de detalles posibles y aparecía un punto en un mapa, así se determinaban las zonas calientes y, si estaba todo cargado al día, se podían distribuir las tareas de vigilancia con mayor precisión.

Lo cierto es que nunca estaban al día y faltaba mano de obra para cargar información. Una pestaña de aquel programa me derivaba a los delincuentes. Era una suerte de Facebook en el que aparecían las relaciones entre ellos y los distintos tipos de hechos a los que se dedicaban.

No eran grandes asociaciones criminales, pero había más de 20 bandas que operaban con distintas metodologías y en diferentes rubros. Boqueteros, salideras bancarias, ladrones de vehículos, pirañas, estafadores y narcos.

Una particularidad que tenían esas bandas es que eran dinámicas, es decir, había personajes que entraban y salían. Después descubrí que cuando les llegaba el dato para algún golpe, salían con el colega que tuvieran más a mano. Las lealtades, bien gracias.

Con todo ese bagaje de información me puse a caminar, principalmente por el oeste neuquino. Allí pude ir reconstruyendo el tema de las bandas narco que manipulaban pibes. Sus líderes tenían vínculos con el gobierno y con el partido gobernante: el MPN.

En el intercambio de información, hubo policías de alto rango y prestigio –que son pocos– que me confiaron: “Años atrás, hubo un momento en que no podías tocar a los Caciques en Villa Ceferino porque le proveían droga al poder”.

Pero como suele suceder con estos casos, la caída en desgracia de un integrante de dicha banda, compuesta por la familia Hernández, devino en que le soltaran la mano y todo se fue a pique.

En ese entonces, 2012, estaba por publicar la investigación sobre las bandas y en una de mis caminatas por el poder judicial me encuentro con un fiscal. En la charla le cuento que estaba ajustando algunos detalles y se mostró muy interesado en esa publicación porque hacía poco que había desembarcado en el cargo y tenía serias intenciones de meterse a investigar a las bandas.

Por primera vez en un quinquenio, me topaba con un fiscal interesado en el accionar de las bandas.

A partir de ahí, todo fue bastante simple: publiqué la nota y el fiscal la retomó de oficio para ordenar una investigación a fondo que realizó en conjunto con el Departamento de Delitos de la Policía neuquina.

En aquella investigación, apareció por primera vez develada con claridad la figura de Juan Pablo “Bolita” Alvear, que se creía que era el cabecilla de la banda de Los Champú, y también aparecieron en escena los Santana, cuyo líder era chofer del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia.

Tiempo después, la investigación fiscal tomaría muchísima relevancia porque dejó a la luz la vinculación de la delincuencia con la Policía y los negociados entre Los Champú y efectivos de la Comisaría 18 que liberaban zona a cambio de droga y sexo oral que les practicaban algunas de las chicas que integraban la organización criminal.

Recuerdo que toda la investigación que exponía la comercialización de drogas, por una cuestión de competencia, fue derivada a la Justicia Federal, pero jamás pasó nado en ese ámbito.

SFP Comisaria 18 (3).JPG

Los Champú

Sobre esta banda narco siempre hubo mucha información cruzada y errónea, tal vez porque la figura del Bolita captaba la atención y desvirtuaba la realidad.

Lejos de lo que se creyó siempre, el Bolita nunca fue el líder. La banda la manejaban los Sosa, que son oriundos de Mendoza. El Bolita era un personaje pesado y extremadamente violento, nacido y criado en Neuquén.

Desde su adolescencia había estado vinculado a dicha organización que le brindó una identidad, criminal, pero identidad al fin.

Criminológicamente, ese amparo que dan las bandas a chicos que están en la calle y a la deriva ciertamente los “salva” y les brinda la posibilidad de un oficio por el cual logran obtener las zapatillas, la visera, la pilcha, el celu y la motito, elementos que para ellos tienen un significado muy grande en sus vidas.

Entender dinámicas y contextos es crucial para comprender a estas organizaciones y su mecanismo de captación de pibes.

El mote de la banda, Los Champú, era porque varios de sus integrantes se teñían el pelo de rubio con agua oxigenada y en la jerga tumbera, por ese entonces, se utilizaba esa expresión para los que se decoloraban el cabello.

La organización reclutaba pibes que cumplían distintos roles para sostener la comercialización de droga: soldaditos, repartidores y tiradores eran los más relevantes.

La banda se disputaba el territorio entre toma 7 de mayo y Cuenca XV con los Santana. Balaceras cruzadas y temibles ataques a los jóvenes más débiles de las organizaciones eran moneda corriente. “Así es como se manejan en ese ambiente”, confió un pesquisa que debió investigar por años a estos grupos.

SFP_Bolita Alveal Juicio (4).JPG

La mejicaneada

Un contexto que no se puede ignorar. Las organizaciones dedicadas al narcomenudeo tomaron algunas precauciones después de una seguidilla de allanamientos en los que les secuestraron grandes cantidades de droga.

A partir de ahí, cada banda tenía varios kiosquitos con poca cantidad de droga para la venta y el acopio lo realizaban en lugares alejados. Todo esto era una estrategia para no perder tanta droga y por consiguiente dinero, y a su vez para evitar causas en la Justicia Federal.

En el caso de Los Champú, acopiaban en una barriada de Plottier lindante con el oeste neuquino.

Ese dato le llegó a un delincuente que venía escalando a pasos agigantados en el ambiente, aunque no era demasiado conocido por la Policía neuquina por ese entonces.

Dicho delincuente, en una charla que tuve con él, me confió la historia que luego terminé corroborando con otras fuentes. Su nombre quedará reservado porque entenderán que de presumir semejante hecho podría haber no solo represalias contra él sino también contra sus familiares.

“Los vendió uno de la misma banda a Los Champú”, comenzó contando el joven. “Ellos eran re bravos. El Bolita apretaba gente quemándoles la casa y cueteándolos. Yo en esa época andaba medio sacado, por lo que cuando me llegó el dato de dónde guardaban la merca les dije a unos amigos para que le cayéramos”, reveló.

Fue así que se organizaron y estudiaron un par de días el lugar para dar el golpe, que era toda una mojada de oreja a Los Champú y sabían que en ello se les podía ir la vida porque así son los pases de factura cuando de por medio hay droga.

El reviente lo concretaron sin mayores inconvenientes y, para sorpresa de ellos, se levantaron 10 kilos de cocaína. Una fortuna.

En la actualidad, el kilo de cocaína a los narcos les cuesta poco más de 2 millones de pesos. Esa droga es estirada con distintas sustancias psicotrópicas y bicarbonato, entre los más usuales.

La dosis se al menudeo está en 3 mil pesos, dependiendo la cara del cliente. Pesa medio gramo de cocaína, por lo que el kilo estirado ronda los 6 millones de pesos. Es decir, si fueron 10 kilos, fueron unos 60 millones de pesos.

Les doy las cifras como para que comprendan que la mejicaneada causó estragos para Los Champú.

“La falopa esa era de los Sosa y se pusieron como locos. Nosotros éramos cuatro los que hicimos el reviente y cinco con el datero, así que repartimos dos kilos por cabeza”, contó el ideólogo del robo de la merca.

Tener droga sin tener contactos para distribuirla o revenderla es como tener un auto sin combustible: no sirve de nada.

Pero estos muchachos tenían contactos y cada uno por su lado se encargó de hacer sus negocios. Uno de ellos distribuyó droga en algunos kiosquitos, otro hizo su propio emprendimiento narco y un tercero la cambió en un autoparte por dos autos.

Plottier balneario Nepen Hue-01 (4).jpg

Represalias

Así como a este delincuente le llegó el dato del aguantadero de la droga de Los Champú, a la banda le llegó el dato de que se trataría de un grupo de pibes bravos de Valentina Sur, barriada que desde la década de 1990 era manejaba por Milton Andrés “Cacho” Aguirre, el mayor estafador que haya conocido Neuquén hasta la fecha.

El Cacho, como todos lo conocían, solía ayudar a los pibes con guita, tirándoles algunos tips para concretar estafas sencillas y hacer plata fácil, y también supo ser la cara visible de un equipo de fútbol que representó con éxito a Valentina Sur.

El Cacho puso guita de su bolsillo para llevar a los pibes a conocer el mar; obviamente era dinero que provenía de sus maniobras non sanctas.

Lo cierto es que Los Champú estaban cegados por la furia y querían recuperar la droga como fuera. Así arrancaron los aprietes y las idas de mambo para tratar de dar con los pibes que los mejicaneraron.

En esa época, el acto de robarle a Los Champú para muchos representaba un suicidio.

Una de las primeras represalias que concretó la banda narco fue secuestrar en el balneario de Plottier a dos chicas de Valentina Sur a las que apretaron para que batieran a los pibes de la barriada que les habían llevado la droga.

Las adolescentes no sabían nada y si Los Champú seguían con la retención ilegítima, eran conscientes de que se les iba a complicar mucho más el escenario.

Ofuscados y sin novedades del su millonario botín, Los Champú tomaron una decisión extrema: manotear al Cacho.

El análisis pecó de simplista. “Si agarramos al Cacho, él seguro sabe quiénes fueron porque maneja y conoce a toda la barriada”, pensaron el Bolita y los Sosa. Un reduccionismo que casi termina muy mal.

Cacho Aguirre.jpg

Enterrado vivo

“Con el Cacho, el Bolita se equivocó feo. El Cacho era consumidor de drogas, no narco. Todo lo que le hicieron fue a lo Breaking Bad”, confió una fuente.

Al Cacho lo levantó el Bolita con algunos de sus soldaditos. Se lo llevaron para la meseta, que era parte del territorio de Los Champú y la conocían al detalle.

Ahí le dieron una tremenda golpiza. “Le metieron un par de tiros y como cinco puñaladas. Después, hicieron un pozo y lo enterraron con la cabeza afuera. No se murió de casualidad”, reveló un familiar a este medio.

Milagrosamente, el Cacho logró zafar, y ni bien se encontró con una persona, le pidió el teléfono y llamó a sus hijos para que lo auxiliaran. Terminó internado y después hizo una denuncia que obviamente no llegó a nada.

“El Cacho prometió venganza. ‘Ya va a ser la mía’, dijo”, confió un allegado. La frase es propia de los que saben esperar su oportunidad para cobrarse debidamente las deudas dentro del hampa.

Los Champú, cuando ya no tenían esperanza de recuperar la droga que les habían robado, hicieron circular la versión de que si les devolvían la mitad (5 kilos) la bronca terminaba.

“Nosotros los estábamos esperando a que vinieran. Pasa que a estos nunca nadie se les había parado de manos”, resumió el delincuente en la charla que mantuvimos.

La historia pareció concluir ahí, pero hubo un episodio que ninguno de sus actores podrá aclarar, ya que ambos están muertos.

El Bolita Alvear, vaya ironía, cayó durante una mejicaneada el domingo 26 de abril de 2015, durante las PASO.

En ese entonces, el violento narco había hecho campaña para la línea interna del MPN que respondía al dirigente petrolero Guillermo “Caballo” Pereyra.

Esa caída y otros delitos que venía acumulando el Bolita lo depositaron en prisión.

El 8 de junio de 2016 fue la última visita que recibió el Bolita de parte de quien fue hasta ese día su pareja. La joven le anunció el rompimiento de la relación. Esa situación angustiante más la abstinencia de droga convirtieron a Alvear en una bomba de tiempo y se terminó ahorcando en su celda del pabellón 4, como le dicen los presos, el pabellón de la muerte.

Lo cierto es que, ni lento ni perezoso, el Cacho Aguirre se apropió de esa muerte, pero no era su estilo matar, sí engañar, y así lo hizo. Tiempo después, también murió el Cacho, pero de una sobredosis.

Lo cierto es que la mejicaneada a Los Champú se transformó en una gran historia dentro del ambiente neuquino y la banda del oeste se encargó de ajustar a sus integrantes para que no se produjera ninguna otra filtración.

Este hecho y sus consecuencias nunca llegaron a ser investigados ni por la Policía ni por la Justicia. Son patrimonio del hampa neuquino, donde nadie es inocente.

Leé más

Noticias relacionadas

Dejá tu comentario