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La abuela patriota que se sigue emocionando con la bandera

Cada Semana de Mayo se encarga de enarbolar el paño celeste y blanco en el frente de su casa. Esta es la historia de Margarita Marín, una zapalina orgullosa.

La patria es una sola. La patria se vive, se respira y se siente. La argentinidad debe llevarse en la piel y como bandera todos los días y no en fechas conmemorativas. La patria somos todos. La patria es la familia.

Así lo vivió desde niña una abuela del centro neuquino y hoy se lo transmite a nietos y bisnietos. Esta es la historia de Margarita Marín, una orgullosa abuela zapalina que cada semana de mayo patrio, como un legado de su padre Pedro y como un homenaje a su hijo Santiago (fallecido hace 5 años), se encarga de enarbolar el paño celeste y blanco en el frente de su casa que habita hace 35 años en el popular barrio de “las 180”. Margarita nació el 12 de octubre de 1938 en el paraje Aguada de los Pajaritos en cercanías de la localidad de Los Catutos.

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Allí se crio “detrás de los animales” ya que a muy corta edad y por ser la mayor de 9 hermanos tuvo que aferrarse a las tradiciones del campo junto a su padre. Los arreos, las marcaciones y las señaladas fueron algunos de los paisajes que sus ojos vieron pasar por el frente de su vida. La invernada en Cerro Bayo y la veranada en la cruzada del Mallín del Choique (camino a Zainuco) eran sus hogares temporales.

En esos dos rincones neuquinos transitó los primeros 18 años de su existencia haciendo patria y amando los colores del cielo reflejados en la bandera que su padre llevaba para todos lados. “Mi querido padre me enseñó a amar estos colores”, dijo Margarita mientras agarraba entre sus manos el paño patrio al tiempo que compartía un té con su hija Andrea.

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Pedro, el padre de doña Margarita, no solo le enseñó a amar a su patria y su bandera sino que también le ayudó a amar y a honrar su trabajo. “Él siempre me decía que cuando me fuera a rodar la vida sola y que al encontrar algún trabajo debía hacerlo con responsabilidad y honradez. ´No toque nada de lo que es del patrón´, me repetía siempre”, dijo con emoción doña Margarita al recordar a aquel hombre de grandes valores que fue su guía. Esta abuela patriota cuenta que desde que salió de su casa nunca más volvió a atrás.

Llegó a Zapala muy joven y comenzó a trabajar como empleada doméstica en términos muy informales. Con ese mismo ímpetu y energía contó que aprovechando la visita de una maestra a su casa pudo inscribirse en un plan de alfabetización para adultos.

“Gracias a Dios y a la vida como a los 50 años aprendí a leer y a escribir. Eso me sirvió y me sirve para manejarme mejor en la vida y para darle una mejor educación a mis nietos y mis bisnietos que son mi futuro”, sostuvo.

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Doña Margarita como cada semana de mayo, cumple el ritual heredado de su padre, y es la primera en el barrio en enarbolar su bandera. “A mis hijos, nietos y bisnietos les transmito el amor a la bandera que me enseñó mi padre. Ellos son muy buenas personas y van por el buen camino y eso me llena de satisfacción”, dijo. Toda la familia como un ritual, hasta antes de la pandemia, se reunía en su casa para compartir sus ricas empanadas que las prepara como nadie.

“La bandera para estas fechas es la primera en estar en la puerta de mi casa. Es puro amor a la patria y para sentir de alguna manera que mi padre y mi hijo Santiago (fallecido hace 5 años) están siempre presente en mi casa y en mi vida”, dijo entre lágrimas al recordarlos.

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“Yo siempre le dije a todos mis hijos y a toda mi familia que en la vida hay que luchar de la misma manera que hizo el General San Martín por su amada patria Argentina. Así me lo enseñó mi padre y así se lo enseñé siempre a mis hijos. Yo sin estudios los crié a todos con lo que pude pero siempre les di educación y les marqué que siendo luchadores y sobre todo educados pueden conseguir de todo en la vida”, reflexionó.

Por último y a manera de anhelo dijo que “yo quiero que siempre en mi familia siga esta tradición de amar a la bandera como ejemplo de lucha y trabajo y por supuesto que en estos tiempos tan difíciles de pandemia, que estamos pasando, que en cada casa de mi barrio y que en cada casa de mi querida ciudad pueda flamear este 25 de mayo una bandera como símbolo de unidad en la adversidad”.

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