Jesica Lorena Rubilar, una historia de pasión y de nostalgia
Cipolletti.- Jesica Lorena Rubilar es una fanática de los caballos, perdió en su etapa juvenil algo muy valioso; "Furia", su caballo que amaba con locura. Fueron momentos muy emotivos y tristes en su vida y le costó recuperarse de esa gran pérdida. Con el apoyo incondicional de sus padres y de Dios, pudo salir adelante y hoy disfruta el presente de la mano de su yegua "Ráfaga". "Nadie puede y nadie debe vivir sin amor. Yo lo sé muy bien, te aprendí a querer, el perfume que lleva el dolor" son dos partes de la letra de la canción de Fito Páez que refleja un poco, la conmovedora historia de esta orense de 20 años que nos narra una aventura única, envuelta de alegría, desazón y mucha nostalgia, su vínculo con los caballos criollos. Jesica nació en Fernández Oro, pero hace dos años se mudó "al pueblo", como ella misma dice.
Cuenta que la pasión por los caballos lo heredó de su padre quien la llevaba de pequeña, a cuanta fiesta popular criolla se presentara. “Desde entonces, noté que mi verdadera vocación eran ellos, los caballos. Mis días consistían entre el estudio y los animales. Desde chica soñé en competir en destrezas criollas y a pesar que sabía que todo era difícil, siempre fui muy optimista. Mi padre me regaló un pony cuando apenas tenía siete años. En realidad tuve varios, hasta que me obsequió uno que podría decir, me cambió la vida”, cuenta Jesica. Luego agrega que “lo llamé "Furia" cuando tenía unos 13 años, aproximadamente. Con ese animal logré un contacto indescriptible y una armonización maravillosa. Dios me permitió vivir momentos inolvidables a su lado. Lo amé y logré cumplir mi sueño de competir después de una larga preparación”.
La joven orense continúa con su relato recordando aquellas primera épocas “la primera vez que incursioné en destrezas criollas, salí segunda y todo me parecía increíble. No podía dormir de la emoción por todo lo que me estaba sucediendo. Siempre tuve el apoyo de mis viejos para lograr los objetivos alcanzados. Veían que a pesar de ser una niña, podía estar a la altura de personas mayores y de mucha experiencia. Gané muchos premios, hasta que cuando cumplí los 16 años, me inscribí en un campeonato donde competían 27 participantes, entre ellos, 25 hombres y dos mujeres. Allí puse lo mejor de mi y de "Furia". Salí tercera, fue algo hermoso y encima recibí plata en ese certamen. Aquella vez, obtuve una invitación para participar en Palermo presentando caballos criollos”. Jesica no para de recordar a "Furia" y dice que "con él, no solo he hecho destrezas, también realicé largas cabalgatas demostrando la fidelidad de un caballo que se comportó como un verdadero amigo. Siempre percibí el amor que nos teníamos, aquello tenía que ver con el afecto cotidiano y el trato mancomunado".
El 23 de Diciembre del 2010 las cosas cambiaron y no todo pintaba color de rosa. "Furia" enfermó y vinieron momentos difíciles en la vida ambos. "Sufrí mucho cuando me enteré de la enfermedad de mi amado caballo que tantas alegrías y situaciones lindas habíamos vivido. La artrosis lo tenía a maltraer y decidimos llevarlo a un veterinario para tratarlo, pero el profesional nunca pudo calmar sus dolores. Para colmo de males, la chacra donde vivíamos fue vendida por su propietario, así que nos tuvimos que mudar de manera urgente. Tomé la determinación de dejarlo libre en el campo, a la buena de Dios. Fue una determinación dura, pero a la vez, para nada egoísta. Si "Furia" tenía que morir, creo que fue lo más conveniente haberlo dejado en libertad, como a él le hubiera gustado. Aún me duele y no puedo dejar de recordarlo", señala Jesica muy emocionada.
También relata que su cuarto está lleno de fotos de "Furia" y en su sitio de facebook, escribe frases adornadas que expresan el sentimiento puro e inocente, de este amor incondicional. "Si tuviera que hacer un resumen de convivencia diría que él me hizo conocer distintos aspectos de la vida, me ayudó a crecer y a demostrar que vale la pena el empuje y el sacrificio". "Después de esta despedida ya no quise saber más nada con los caballos, me sentía como vacía. Me causó mucha nostalgia y tristeza a la vez. No quería competir más, hasta que hace poco mi padre me obsequió una yegua a la que llamé "Ráfaga".
Hace poco, Jesica volvió a las andanzas y salió segunda en un festival regional. "Fue algo muy lindo porque sentí ganas de volver a empezar. Todo esto, hizo que juntara fuerzas y comenzara los estudios fuertemente. Estoy cursando Contadora Pública Nacional en la Facultad del Comahue y si todo marcha bien, cumpliré otro sueño, el de tener mi chacra propia para la crianza de caballos criollos". El estribillo de aquella famosa canción de Fito sigue repitiendo; "nadie puede y nadie debe, vivir sin amor". Y es eso, lo que el tiempo ha dejado en esta conmovedora historia plagada de encanto y llena de pasión.
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