“Identidades Productivas” cerró el Verano Cultural
El final de una intensa agenda que conformó el Verano Cultural que se desarrolló en Las Grutas llegó el pasado sábado. La propuesta que se constituyó en el broche de oro fue el desfile de “Identidades Productivas”, que se concretó en la 4ª Bajada con la participación de 55 artesanos rionegrinos.
Las actividades fueron organizadas desde la Subsecretaría de Cultura y su titular, Armando Gentili, encabezó el evento junto a la modelo y conductora Teté Coustarot.
Al culminar el desfile, ofreció su show el saxofonista Pablo Bongiovanni. Luego, la noche se iluminó son una seguidilla de fuegos artificiales.
El espectáculo se convirtió, además, en una demostración de lo realizado en Los Menucos, producto de un acuerdo firmado entre la Secretaría de Cultura de Nación y la Universidad de Arquitectura y Diseño de Mar del Plata.
Colección Río Negro
La presentación de artículos que se mostraron en la pasarela de la 4ª Bajada contó con diferentes colecciones que tomaron como referencia el entorno geográfico y cultural.
Una de las propuestas que se pudo observar fue “Estepa”, que tomó como base las formas básicas y despojadas, elaboradas con materiales naturales. Los colores que caracterizaron esta colección fueron los crudos, verdosos, violáceos, ocres y marrones, secos, pardos, resquebrajados, envejecidos, oxidados, texturados y veteados recuperaron las cualidades superficiales del paisaje y la piedra laja rionegrina.
Las prendas y accesorios han incorporado motivos tehuelches y mapuches entremezclados con formas animales y vegetales.
El “Mar” también contó con su representación, tomando como referencia el movimiento de la marea, que avanza y retrocede bajo el influjo del sol y la luna. Para lograr el efecto requerido se recurrió a los velos, que expresan la levedad y el movimiento del agua de mar, toma la forma de plano continuo y superpuesto, transparente, traslúcido, calado, roto, que con su ondulación rememora el paisaje marítimo.
Otra colección tomó los marrones profundos y los verdes intensos de la cordillera, creando “Montaña”. La policromaticidad de los cambios estacionales fue recreada en las prendas, a las que se les incorporó el blanco, signo de la nieve, símbolo de la región.
En esta línea se combinaron objetos cuyos materiales y elaboración son el fruto de un minucioso trabajo artesanal, con otros de producción seriada y repetitiva, basada en el uso de materiales y procesos industriales. Las prendas de lana tejidas y las vajillas de cerámica pueden ser el ejemplo que pone a la vista este juego estratégico entre lo artesanal e industrial, entre el objeto único y la serie comercial.
Nuestra región también tuvo su espacio en la colección “Valle”, donde la producción frutícola fue fuente de inspiración para los productos desarrollados. La esencia que se buscó rescatar estuvo vinculada a la fertilidad y la celebración de la vida, posible en el oasis que constituye el valle.
Una serie de motivos frutales, manzanas, peras, duraznos y uvas, en colores verdes y rojos alternados, se ordenaron en la cuadrícula que simboliza la aglomeración y la organización humana para la producción e industrialización.
Esta es la línea de los textiles estampados y sublimados, aplicados a la confección seriada de mantelería e indumentaria para la vida cotidiana. Estos procesos industriales conviven armónicamente, con las labores manuales, del tejido y del bordado europeo, heredadas de los inmigrantes que llegaron a este valle para hacerlo fértil.
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