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¿Hay riesgo de contagiarse Covid-19 a través del agua de mar?

En el verano, crece la preocupación respecto de la posibilidad de contraer Covid-19 en la playa.

Con la llegada del verano, las vacaciones y la afluencia de turistas a distintos destinos puntos del país con playas y espejos de agua, se incrementó la duda y preocupación en torno a si la arena o el mar - por caso- pueden ser vehículos de transmisión del coronavirus.

De acuerdo a un informe publicad por el portal Chequeado.com, "si bien son concebibles situaciones que propicien la transmisión por esa vía, a la luz de la evidencia actual resultan ser despreciables en comparación con la posibilidad de contagio a través de las gotitas procedentes de la nariz o la boca que salen despedidas cuando una persona infectada tose, exhala, habla o canta a menos de 1 metro de otras personas. O cuando se bebe del mismo mate o botella".

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En el caso particular del agua de mar, la dilución en el gran volumen, el movimiento de las aguas y su carácter salino reducen a su mínima expresión el potencial infectivo de los virus que pudieran ser “arrastrados” desde las vías respiratorias de bañistas infectados.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), indicó que “hasta la fecha no hay pruebas de que el virus de la COVID-19 sobreviva en el agua, incluidas las aguas residuales”.

En tanto, el Centro para la Prevención y Control de Enfermedades de los Estados Unidos (el CDC) afirmó que no hay evidencia de que el SARS-CoV-2 pueda diseminarse a través de aguas recreativas.

En sintonía, un documento realizado en julio del 2020 por el Ministerio de Ciencia e Innovación y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España señaló que “no se dispone de información científica sobre la capacidad del SARS-CoV-2 para permanecer infeccioso en agua salada (aunque) se ha identificado el cloruro sódico como agente biocida eficaz”.

Ian Hewson, un microbiólogo de la Universidad de Cornell, Ithaca, Estados Unidos, quien publicó en julio un artículo de revisión en el medio Frontiers in Microbiology sobre los coronavirus en el mar, señaló que, si bien no tiene datos empíricos sobre la supervivencia de SARS-CoV-2 en el agua de mar, como la mayoría de los virus en hábitats marinos, “los virus de ARN experimentan tasas de decaimiento considerables” (o sea, desaparecen del agua a gran velocidad).

Otro factor que reduce el riesgo es que, aunque pudieran encontrarse en el seno del agua virus aislados con capacidad infectiva, se requiere un inóculo o cantidad mínima del agente microbiano para producir el contagio (2 virus sueltos flotando en el agua jamás podrán contagiar a una persona expuesta, porque su sistema inmune los elimina).

“La única manera realista de que los coronavirus pudieran transferirse al agua de mar sería a través de desechos cloacales, pero el tratamiento de esas aguas residuales reduciría de manera considerable la abundancia viral en los efluentes”, añadió Hewson.

El especialista señaló que no está comprobada la transmisión fecal-oral del SARS-CoV-2, pero que, como recomendación general, conviene evitar áreas con fuerte contaminación de aguas residuales, “dado que hay muchos patógenos humanos que podrían estar presentes". En balnearios habilitados, uno no debería tener esa preocupación.

“En general no hay evidencia de contagios de COVID-19 a través de agua en ríos y mares. Suponiendo el caso de un ingreso de aguas contaminadas en el mar ocurre una alta dilución, lo que suma a que no hay evidencia concluyente de que el virus sea contagioso por esa vía, por lo que podemos afirmar que el riesgo de contaminación del SARS-CoV-2 a través del agua de mar es muy bajo. Lógicamente, el riesgo se reduce al mínimo en caso de que no haya ningún ingreso de aguas residuales”, dijo a Chequeado el microbiólogo y doctor en bioquímica Emiliano Salvucci, investigador del Conicet en el Instituto de Ciencias y Tecnología de Alimentos Córdoba (Icytac).

Salvucci advirtió que otra fuente de contagio podría ser el contacto con basura en la playa, en especial, residuos recientemente abandonados, como colillas de cigarrillos, tapabocas o barbijos y plásticos descartables. “Es conveniente una estrategia de gestión de residuos adecuada para evitar la contaminación a través de esta vía”, remarcó.

Respecto de la permanencia de los coronavirus sobre la arena, un español sostiene que “la acción conjunta de la sal del agua de mar, la radiación ultravioleta solar y la alta temperatura que puede alcanzar la arena, son favorables para la inactivación de los agentes patógenos”.

En coincidencia, Salvucci indicó: “Dada la sensibilidad del virus al calor y la deshidratación, es muy posible que el virus no pueda sobrevivir por mucho tiempo en la arena seca en época de verano, por lo que el riesgo de contaminación es mínimo”.

Por su parte, la médica infectóloga Elena Obieta, jefa del Servicio de Enfermedades Transmisibles y Emergentes de la Municipalidad de San Isidro, subrayó que el riesgo real concreto de las vacaciones de verano en la playa es “bajar la guardia” y dejar de adoptar las medidas básicas de prevención: distanciamiento social; uso de barbijo o mascarilla cuando no se pueda mantener la distancia de 2 metros con personas fuera de la burbuja; ventilación en ambientes cerrados (por ejemplo, en restaurantes) y lavado de manos. “El peligro real es confiarse y sentir que, por estar de vacaciones, uno puede olvidar esas medidas”, dijo en diálogo con Chequeado.

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