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Gracias al poder del agua, Cipolletti produce energía

La central hidroeléctrica de El 30 aprovecha las aguas del canal principal para generar electricidad. Una larga historia que todavía es presente.

La planta está en funcionamiento desde hace muchos años y en la actualidad se está modernizando para seguir en plena actividad.

Con la apertura, anticipada este año, de la circulación de agua por el canal de riego principal, empezó a funcionar la Central Hidráulica Ingeniero César Cipolletti, que con su única turbina de tipo Kaplan, es capaz de producir 5 Megawatts/hora de energía, una cantidad que si bien no es demasiado significativa, abastece también el sistema interconectado a través de la empresa Transcomahue.
La central, ubicada en el sector rural de El 30, se provee de agua del gran canal a través de un canal secundario derivador. En sus instalaciones, el líquido salta un desnivel de 15 metros para, con el mayor impulso que le da la gravedad, hacer rotar la turbina y producir electricidad.
El agua, tanto la turbinada como la que pasa a través de un vertedero, vuelve luego al canal derivador, que a una distancia de unos mil metros, la reconduce hasta el canal maestro de la región.
En la actualidad, la pequeña planta hidroeléctrica está siendo operada por la empresa provincial Aguas Rionegrinas y cuenta con un personal constituido por siete trabajadores. Funciona las 24 horas del día y, dado el carácter estacional con que opera el canal principal, está en actividad los ocho o nueve meses en que hay riego en el Alto Valle.
El caudal que llega hasta las instalaciones se ubica en los 65 o 70 metros cúbicos por segundo (m3/s), aunque en la actualidad es menor porque la temporada de riego todavía es incipiente. Este año, además, arrancó con anticipación en relación con otras temporadas. Y, en tal sentido, los operadores señalaron que llevan más de un mes generando electricidad.
El jefe de Planta Rubén Vera y los operadores Luis Figueroa y Marcelo Coronel se refirieron a la actividad de la central y pusieron de relieve los esfuerzos que viene haciendo ARSE para renovar parte de la maquinaria del lugar, a partir de nueva tecnología.

Un poco de historia

Tanto el edificio como el equipamiento datan, en lo fundamental, de mediados del siglo pasado y, merced al mantenimiento, sigue prestando funciones en forma adecuada y sostenida. Sin embargo, se aspira a una mayor automatización del funcionamiento, y para tal fin se confía en las más recientes disponibilidades tecnológicas.
Enclavada en un lugar que queda oculto por el canal principal y por una planta transformadora de Transcomahue, la planta pasa desapercibida para casi todo el mundo, pese a que sus dimensiones no son tan pequeñas. El gran recinto que alberga la sala de máquinas y la sala de operaciones, entre otras dependencias, tiene una considerable altura, lo mismo que la mole del sector de abducción, donde se reciben las aguas del canal derivador.
A futuro, quizá el turismo, organizado y con la debida seguridad, sea una alternativa extra para el lugar. Por lo pronto, la central tiene ya su atractivo y encanto, el que le dan los años y su propio funcionamiento. Así lo prueba la visita que hicieron ayer los alumnos del CET 2 de Bariloche que ganaron el concurso sobre el Uso Racional de la Electricidad organizado por el Ente Provincial Regulador de la Electricidad (EPRE).

Mejorando el aspecto general

Años atrás, la central conoció épocas en que su estado de mantenimiento no era el mejor y dejaba bastante que desear. Actualmente, manejada por una empresa del Estado provincial, luce bien conservada y año tras año viene aportando su cuota de electricidad al sistema.
Además de la reconversión en materia tecnológica, se están haciendo también trabajos de remozado para que su estructura edilicia luzca mejor. Para ello, aunque con cierta lentitud, se están pintando las paredes de algunos sectores.
Todo tiene su trascendencia porque un lugar dedicado a la generación hidroeléctrica tiene un alto significado simbólico por lo que representa, en sí mismo, producir energía.

Lugar atractivo pero con riesgos

El canal derivador que abastece de agua a la central Ingeniero César Cipolletti, a la que se conoce también como central de El 30, transcurre a lo largo de unos 2.000 metros. Tanto aguas arriba como aguas abajo de la planta está prohibido el baño y también la pesca, por cuestiones de seguridad y también para cuidado del medio ambiente.
En la actualidad, aguas abajo se ha asentado una colonia de patos silvestres, que aprovechan del aislamiento en que se encuentra el derivador en casi toda su extensión.
Cierto peligro existe aguas arriba, ya que la fuerza del agua y la profundidad del curso pueden ser de mucho riesgo para quien se arriesgue a nadar en él. De aprovecharse el sector en el futuro para recorridas turísticas, debería contar con la debida señalización y con barandas en los puntos de más riesgo.

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