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Familia Hernández - Barbosa, historia de pioneros

María nació en Loncopué y José en Cipolletti, se conocieron en un baile del Prado Español y forjaron una familia pionera en el Alto Valle.

Doña María Hernández nació en Loncopué en octubre de 1916, según consta en su partida de nacimiento del Territorio Nacional de Neuquén. Su padre se llamaba Alfonso Hernández, chileno, hijo de Alvino Hernández y de Catalina Burgos, y su madre Zoila Rosa Parada, hija de Rosario Parada y de Demetria Torres.

Era muy joven cuando la llevaron a trabajar a Buenos Aires y luego a La Plata. Cuando tenía diecinueve años regresó al Valle y en un baile del Prado Español, recordado club de Cipolletti, conoció a José Barbosa.

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Don José de la Cruz Barbosa, de familia portuguesa, había nacido en Cipolletti el 21 de mayo de 1914. Era hijo de José Barbosa y de Mercedes Vilumilla.

José de la Cruz y María se casaron el 9 de noviembre de 1940 y de esa unión nacieron cuatro hijos, 11 nietos, 21 bisnietos y 1 tataranieta:

María Josefa, casada con Pedro Mario Noé, con el que tuvo cuatro hijos: Ana María, Laura, Martín y Nora, que tienen 12 nietos y una nieta, fue la primera tataranieta de María y José.

Hugo, casado con Carmen Balgane. Tuvieron dos hijos: Marcelo y Claudia Mariné, que tuvo dos hijos, Ciro Valentín y Serafín.

Carlos, casado con Liliana Méndez, con la que tuvieron tres hijos: Andrea, Ana S., Juan Manuel, que les dieron varios nietos: Julieta, Bautista, Luisana, Valentino, Pía Eluney y Lorenzo.

Oscar, casado con Leticia Tobar. Tuvieron Mauricio y Luciano, ellos les dieron a Santiago, Zoe, Derek, Erik, Santino y Emma.

Recién casados, María y José de la Cruz alquilaron una vivienda a la familia Basso, en la segunda cuadra de calle Roca de Neuquén. Luego vivieron en calle Catamarca, hoy Brown. Para llegar a la Escuela 2, que estaba ubicada en Avenida Argentina y Carlos H. Rodríguez, sus hijos debían atravesar una zona de muchos tamariscos, hoy el microcentro neuquino.

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José de la Cruz era sastre, y sus primeros pasos los realizó con el señor Blumental, en Cipolletti. Luego trabajó en la recordada casa New London y luego abrió, en la década del ’40, su propia sastrería en la calle Irigoyen al 500. La sastrería que funcionaba en su casa llevaba el nombre Los tres neuquinos, en honor a sus tres hijos varones, nacidos en la capital. Don José mandaba a realizar las perchas de madera a Buenos Aires con el nombre grabado en ellas. Sus clientes eran famosos en la pequeña ciudad: don Víctor A. García, a la sazón primer intendente de la naciente provincia neuquina en 1958, don Salvador Osés, Francisco Seleme, entre otros.

En una ejemplar demostración de amor y compañía, doña María ayudaba a su esposo enhebrándole las agujas y realizando otras tareas, cuando este confeccionaba los trajes a medida. Permanecían juntos hasta altas horas de la madrugada.

Luego, con el tiempo, en ese lugar abrieron una despensa.

La vida cotidiana

Como dijimos, el matrimonio enviaba a sus hijos a la Escuela Nº 2 cuando el paisaje urbano mostraba aún la estepa y la aridez: era una travesía llegar a la escuela, que quedaba a pocas cuadras del hogar.

Cuando en la década del ‘50 se inauguró el Comando del Ejército, en la Avenida Argentina, doña María hacía sándwiches de milanesa y los vendía a los soldados que realizaban el servicio militar en ese lugar. “Hacían cola para comprarlos”, recuerda.

En ese sentido, el Servicio de Seguridad del Ejército estaba ubicado en la intersección de Buenos Aires y Rivadavia: la ya abuela María les hacía la vianda a los militares que vivían allí.

Como don José Barbosa nació en Cipolletti, concurría a la iglesia de esa localidad y fue monaguillo del recordado Padre José María Brentana.

Entre tantos recuerdos, se destaca el hecho de que entre los años 1948 y 1950 había escasez de cigarrillos, y los hijos juntaban colillas para armarles cigarrillos a los militares.

Una historia de vida de una familia asentada tempranamente en el valle de Río Negro y Neuquén, en épocas en las que estaba todo por hacerse. Debieron sortear todo tipo de dificultades, pero la dedicación al trabajo los hizo progresar y luchar por el bien de su familia y el adelanto de la ciudad.

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