En Los Tordos están hartos de la obra del nuevo pluvial

Muchos vecinos se encuentran cercados por montañas de tierra.

Desde que se inició la obra para entubar el canal paralelo a Circunvalación, los vecinos del barrio Los Tordos viven tapados de tierra y con la incertidumbre de no saber dónde irá a parar el agua de lluvia. Temen, además, perder el reparo incomparable de los viejos álamos que existen en el sector, ya que muchos de ellos ya no tienen hojas en pleno verano, como consecuencia del corte del riego para avanzar con los trabajos.

Si bien valoran la decisión de ejecutar una obra que beneficiará a toda la ciudad y entienden que en la marcha se pueden suscitar algunos inconvenientes, como suele ocurrir, reclaman la presencia del Ejecutivo municipal en el barrio para hablar con los vecinos y encontrar la forma de mitigar los daños que se están produciendo.

Diego Zarba es uno de los vecinos que vive rodeado de montículos de tierra y observa con indignación la destrucción de la traza asfáltica. En su casa, las máquinas ya habían culminado con los trabajos, pero regresaron el jueves para dejar otra montaña que sacaron de Yrigoyen y Circunvalación.

“Es un caos, vivimos tapados de tierra con o sin viento. Acá, en pleno barrio residencial, el camión regador es tan escaso como la lluvia”, manifestó otra vecina, Mirta Eberhardt.

En diálogo con LM Cipolletti, Zarba contó que así como no supieron cuándo iban a comenzar la obra, ni de qué modo, tampoco saben cómo seguirá. Mientras tanto, han tenido que acomodarse a las nuevas condiciones. “Nadie nos comunica nada, nadie se acerca, hay un desentendimiento total entre el gobierno municipal y los vecinos”, acotó Mirta.

Algunos vecinos directamente quedaron sitiados por los montículos de tierra, como le ocurrió al panadero del barrio. Mientras que un almacenero del sector sufrió la rotura de los vidrios de su negocio, producto del alto tránsito de camiones, colectivos y vehículos de menor porte que pasan rápidamente sobre una traza asfáltica destruida y que se confunde con la banquina de tierra, mucho más prominente. “Es un descontrol absoluto”, sostuvo Zarba; y reclamó que las autoridades municipales se hagan presentes y dialoguen con los vecinos para mitigar las consecuencias negativas de la obra.

Ya presentaron varias notas y llamaron de forma reiterada a Servicios Públicos, pero hasta ahora reina la incertidumbre. “La falta de comunicación con los vecinos es terrible. Todo esto se resuelve con diálogo”, insistió Zarba.

Mirta, por su parte, sufre las consecuencias de lo que considera una obra “mal organizada” que debería haber iniciado en invierno. Sufre, sobre todo, por los árboles del barrio que han perdido todas sus hojas y representaban un reparo incomparable, con lo que cuesta en esta zona que florezca el verde. Como las napas han sido deprimidas y se cortó el agua de riego que venía por la acequia, teme que se hayan secado.

Los problemas no terminan ahí, porque tampoco saben cómo desagotará el agua de lluvia que antes drenaba por el desagüe a cielo abierto. “No vemos bocas de tormenta, y las últimas lluvias nos mostraron que el agua no tenía por dónde ir”, señaló Mirta. Y Diego concluyó: “Queremos que el Municipio venga, vea y dialogue con nosotros”.

Un proyecto que evitará grandes inundaciones

La obra en ejecución supone una inversión de $66 millones. El Municipio le dio impulso con el objetivo de evitar los desastres que provoca una inundación en la ciudad. A tal fin, también destinó fondos al mantenimiento y limpieza de los canales pluviales como el P2, el de Vélez Sarsfield y el de Curri Lamuel.

La totalidad del emprendimiento, que también incluye mejoras en los sectores aledaños, en particular el Luis Piedrabuena, permitirá a los vecinos acceder a otros proyectos de infraestructura que esperan desde hace décadas, como el cordón cuneta, que ya está en marcha.

El pluvial había sido comprometido por Nación durante el mandato de Abel Baratti, pero se puso en marcha con la administración de Tortoriello.

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