En el café
NEGOCIO PARA UNO
Las tribunas del Estadio Municipal lucieron ayer colmadas por el acto de promesa de lealtad a la bandera. Incluso hubo familiares de los niños que llegaron sobre la hora y no pudieron pasar más allá del hall de entrada. Tampoco fue sencilla la salida para la multitudinaria concurrencia, porque el portón sólo se abrió por la mitad y se generaban atascos entre quienes pugnaban por retirarse. El que aprovechó el desliz organizativo fue un vendedor de pochoclos que instaló su carrito dentro del estadio (justo frente a las puertas que estaban cerradas). Pocos padres pudieron negarse al pedido de los niños durante la lenta caminata hacia la vereda de calle Naciones Unidas.
El PROTOCOLO, "ANTINIÑOS"
Los gustos y necesidades de los niños, poco afectos a permanecer quietos y en silencio cuando son gran cantidad, van por caminos totalmente distintos a los que dictan los protocolos de los actos de gobierno. Los discursos y el paso una a una de las delegaciones, hacen interminable para los alumnos jornadas como la de ayer, donde en Cipolletti unos 1.200 estudiantes de escuelas primarias prometieron lealtad a la bandera, en dos turnos. Por la mañana, los oradores hicieron presentaciones breves, algo que no le resultó tan sencillo al gobernador Alberto Weretilneck. Luego, casi cuarenta escuelas recibieron un presente mientras los niños ya no ocultaban su impaciencia comenzando a desarmar las prolijas filas en las que entonaron el himno y gritaron "sí, prometo". Casi la misma ansiedad con la que esperan a diario la campana del recreo.
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