En el café
Mientras las empleadas registraban los recien llegados DNI, varios ciudadanos se acercaron para ver si tenían suerte y se reencontraban con el certificado de su identidad.
Algunos tuvieron suerte, y después de superar la decepción de no ver su nombre en las listas, se fueron felices a casa porque su DNI había llegado ayer. Y con él, la responsabilidad de votar.
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