El Tren del Valle se convirtió en realidad
No parecía un servicio más de un tren suburbano. Era lo más similar a un viaje de egresados o a la salida de vacaciones de un grupo de amigos en la que no importa cuál es la hora de partida o de llegada, ni siquiera el destino.
Era tanta la expectativa, la alegría y la emoción por el primer tren que se pondría en marcha en la región después de 22 años, que la estación del ferrocarril en Neuquén se convirtió en un punto de encuentros, en un acontecimiento social similar al que se generaba en las primeras décadas del siglo pasado cada vez que una formación llegaba de Buenos Aires. Algo similar ocurrió en Cipolletti, mientras se aguardaba el segundo turno.
La puesta en marcha tuvo lugar en horas del mediodía y fue la presidenta de la Nación, Cristina Fernández, la encargada de encabezar la ceremonia a través de una teleconferencia (ver página 3).
Pero más allá de las formalidades del acto y de las presencias políticas, la gente estaba exultante a la espera de la salida del primer tren, que se concretaría a las 16.
Media hora antes de la partida, las boleterías ya estaban colmadas. Un enjambre de usuarios formaba largas filas para sacar el boleto o conseguir la tarjeta SUBE que les permitiera ser testigos de este primer histórico viaje. “¿A qué hora llega?”, era la pregunta recurrente. A esa misma hora, los guardas abrieron las puertas del tren y la gente comenzó a agolparse para poder subir. Los que tenían la SUBE corrían con ventaja, puesto que ascendían directamente y un empleado de la empresa se encargaba de guiarlos hasta la máquina lectora de tarjetas. El resto debía aguardar a que le picaran el boleto.
En cuestión de minutos, el tren se colmó y antes de que comenzara a desplazarse por los rieles comenzó a vivirse una fiesta. Los cronistas de la televisión local entrevistaban a los usuarios. Un periodista del Ministerio del Interior buscaba opiniones. La gente aplaudía, coreaba cantitos improvisados con música de hinchada. Los jóvenes se sacaban las clásicas selfies para inmortalizar aquel momento y los más chicos pegaban las narices en las ventanillas fascinados a la espera del primer movimiento. Las conversaciones se cruzaban. Cada uno de los presentes contaba su historia y su experiencia alrededor del tren.
A las 16:02 un silbato anunció la salida. Se cerraron las puertas y el griterío fue ensordecedor tanto en el andén como adentro de la formación. Segundos después, Gustavo Castaño (conductor) y Brian Tamborindegui (ayudante) pusieron en marcha la máquina que comenzó a desplazarse de manera silenciosa y suave por las viejas vías.
En cada paso a nivel, los banderilleros agitaban pequeñas insignias de color rojo advirtiendo el peligro y anunciando el paso del tren y los automovilistas tocaban bocinas y saludaban. Todos celebraban el regreso del primer tren de pasajeros a la región.
El ritmo del viaje fue parejo y la máquina solo disminuyó la velocidad en el puente ferroviario, donde los viajeros tuvieron la oportunidad de apreciar la bellaza del río Neuquén, muy crecido por estos días, y todo el entorno natural costero con sus vados y lagunas.
Cuando la formación llegó al territorio rionegrino, volvió la algarabía entre los presentes y un aplauso cerrado marcó la llegada a la estación cipoleña, que a esa hora estaba repleta de gente ansiosa que quería subir para viajar a Neuquén.
El primer recorrido marcó un punto de inflexión. Duró tan sólo 15 minutos, pero los 240 pasajeros que tuvieron el privilegio de recorrer esos seis kilómetros de distancia lo vivieron como una experiencia inolvidable y una aventura emocionante.
Fue una forma de entrar en la historia, de ser testigos del regreso del tren, que tendrá 20 frecuencias entre las 6:15 (de Cipolletti a Neuquén) y las 21:10, con intervalos de 10 minutos en cada estación.
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