El kitesurf suma adeptos en las playas grutenses
Las ráfagas de viento helado indican que viene del sur. Se vuelan sombrillas, uno que otro sombrero, y la arena voladora empieza a picar finito como un ataque de jejenes. La gente se molesta, levanta rápidamente su equipo de playa y emprende la retirada porque la playa no presenta su habitual aspecto encantador.
En cambio, ellos disfrutan de estas condiciones que son un fiasco para cualquier veraneante, porque son ideales para el kitesurf, un deporte que consiste en deslizarse sobre las olas en una tabla poco más ancha que una patineta, colgados de una vela o cometa que se impulsa con el viento.
Mar Grande, la playa ubicada en San Antonio Oeste, se erige como el escenario ideal para disfrutar de la disciplina.
Es un sector de costa extenso, y no tan visitado como Las Grutas, por lo que los “riders” –así se le llama a los entusiastas de este deporte- tienen espacio suficiente para realizar sus vuelos y piruetas sin riesgo de incomodar a nadie.
Además, el lugar tiene la particularidad de que cuando se registra la pleamar se puede caminar cientos de metros aguas adentro y la altura no pasará de las rodillas, por lo que al resto de las ventajas se debe añadir la seguridad. Tampoco hay piedras en el fondo, como el balneario, lo que representa un verdadero peligro.
La perfección se completa cuando el mar se encrespa y produce olas impetuosas que permiten efectuar las maniobras más insólitas.
Con trajes de neoprén, se trasladan en segundos a toda velocidad hasta perderse en el horizonte. Saltan a gran altura, giran y derrapan con el cuerpo casi sumergido, y vuelven nuevamente hasta la orilla, donde parecen resbalar casi sobre la arena.
Disciplina en crecimiento
A las virtudes naturales que ofrece la región para el kitesurf se debe sumar la difusión que le brinda a la disciplina la escuela Costa Sur, dirigida por Iván Carpintero, quien realizó cursos de instrucción para enseñarla. Su aparición, hace unos pocos años, permitió que no solo residentes zonales tomen clases y ejerciten el deporte, sino que también genera que muchos aficionados de distintas partes del país y algunos extranjeros lleguen a Las Grutas para aprender a practicarlo.
Ayer, por ejemplo, recibió alumnos de Santiago del Estero, Córdoba y un poco más cerca, de Choele Choel. El año pasado vino un sueco porque tenía conocimiento de que funcionaba la institución. Ahora, en los próximos días recibirá gente de Santa Fe, Rosario y Buenos Aires.
El curso inicial consta de cinco clases de una hora y media cada una, en las cuales se apunta fundamentalmente al control del instrumento y la seguridad de la persona.
Carpintero sostiene que en la quinta lección el nuevo rider puede desplazarse unos 20 metros. A partir de ahí, todo depende de la perseverancia y la continuidad de la capacitación.
Además del balneario grutense, los riders también confluyen en Playas Doradas, donde se practica desde hace tiempo el deporte con un gran número de seguidores.







