El costado sombrío del ex balneario de El 30

Sólo cuatro empleados limpian letrinas, riegan, podan y espantan ratas.

Visitado en verano, sobre todo los fines de semana, por cientos de cipoleños, el sector conocido como el balneario de El 30 oculta una penosa realidad laboral. Para atender al extenso espacio verde, solamente hay cuatro empleados, tres mujeres y un varón. Con mínimas instalaciones, convertidas además casi en celdas por cuestiones de seguridad, las trabajadoras y su compañero no cuentan con agua, ni electricidad, ni gas. Pese a todo, desarrollan un esfuerzo casi sobrehumano para limpiar baños los públicos que son casi letrinas y se dan maña, a riesgo de la propia vida, para obtener agua del canal de riego principal y alimentar las acequias y usar una parte para el consumo.

Ayer, dos inspectores de la Secretaría de Trabajo y el titular del gremio Sitramuci, Omar Meza, recorrieron el predio y pudieron observar las condiciones en que se cumplen las tareas laborales.

Te puede interesar...

El ex balneario es una de las dos grandes áreas verdes que tiene Cipolletti para pasar un buen momento a la sombra de un arbolado generoso. El otro es la Isla Jordán. En ambos está prohibido bañarse.

En El 30 está vedado por ley por tratarse de un canal que, además, es bastante turbulento. En la Isla, por contaminación. Sin embargo, son muchos quienes en ambos lugares se arriesgan y se dan un chapuzón. Sin ningún tipo de vigilancia.

Tres mujeres y un hombre son toda la dotación municipal para mantener el extenso espacio verde. El personal hasta pone plata de su bolsillo para mejorar el predio

El hecho es que a El 30 concurre habitualmente mucha gente. Por la mañana, una madre y su hija son las únicas empleadas de la comuna. Por la tarde, hay un hombre y una mujer. A ellas les toca muchas veces limpiar con azadones las acequias y podar los árboles. Los sueldos rondan los 10.000 a 12.000 pesos, expresó Meza.

A la madre que se desempeña temprano, con unos 11 años de contratada, le toca seguido poner en peligro su vida para mantener, junto a los saltos del canal, la conexión del agua para el riego.

Una de las tareas más terribles pasa por la limpieza de las letrinas, en particular, tras los fines de semana. Allí y en todo el reducto laboral no faltan las ratas y otras alimañas.

Un camión cisterna suele llevar agua para beber. Escasean las herramientas y los enseres, no la voluntad.

Fuente:

¿Qué te pareció esta noticia?

Noticias Relacionadas

Deja tu comentario