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El clan Montecino apostó al silencio en inicio del juicio por narcotráfico

De los 23 procesados, sólo una mujer declaró. Denunció complicidad policial en la venta de drogas. A Ruth y Héctor se los acusa de ser líderes de una banda.

En la apertura del juicio contra la supuesta banda narco que lideraban los hermanos cipoleños Héctor y Ruth Montecino, los 23 acusados pasaron al banquillo pero sólo una mujer rompió el silencio. Su relato denunció complicidad policial en el negocio de la droga en la región.
Cecilia Marisel Soto fue la tercera imputada que el Tribunal Oral Federal de Neuquén interrogó en la sala de AMUC; y antes de volver a su lugar, reconoció su adicción al consumo de drogas, en tanto que achacó el comercio ilegal a un ex policía neuquino que llamó con nombre y apellido: Jhonatan Gómez.
Los dichos de la mujer revelaron así la paradoja que encarna el señalado: en otra causa vinculada al tráfico de estupefacientes, está procesado por filtrar información sensible a la investigación; y a la vez, en este debate es el primer testigo en declarar la semana próxima.
“Gómez vendía la droga, y sin darme cuenta, yo se la compraba. Era él el que estaba metido”, sostuvo Soto.
Lo acusó de formar parte de una banda narco y apuntó que “si se investigara correctamente -ella- no estaría acá”.
“Yo nunca vendí droga ni tuve la necesidad. Nunca estuve en esa organización”, dijo Soto, quien añadió: “Soy consumidora desde que tengo 13 años, compraba en cantidad con la junta que tenía de consumidores; y ahora estoy en rehabilitación”.
Quiso demostrarlo al recordar que en el marco de esta causa sólo le “secuestraron dos gramos de cocaína, porque yo era consumidora desde chica”.
Más aún, Gómez dio empuje a la investigación que permitió desbaratar a la supuesta banda liderada por los hermanos Montecino.
Según fuentes cercanas al Ministerio Fiscal, las primeras averiguaciones estuvieron centradas en una vivienda ubicada en el barrio Trahun Hue, de Centenario, que fueron la “punta del ovillo” para llegar al clan cipoleño.
Al investigar a su propietario, reconocido como Miguel Ángel Nacimiento e imputado en esta causa, establecieron el nexo con Héctor. De ahí que el caso lleve como referencia su apellido. Hubo incluso filmaciones de “pase de manos” de la droga que lo involucrarían de lleno.
 
Las imputaciones
Tras el descargo que realizó Soto, el tribunal llamó a indagatoria al resto de los imputados. Héctor y Ruth Montecino fueron los últimos, y como la mayoría, se negaron a declarar. Él se sentó en la tercera fila, ella en la primera; y sobre la punta, su madre.
Los hermanos están acusados de coordinar operaciones ilegales de una organización destinada al comercio de la droga en el Alto Valle, con el agravante de participar tres o más personas en calidad de co-imputados.
La situación procesal de Héctor sería más grave aún al considerar que una de sus hijas menores de edad estaría involucrada.
Según la instrucción de la causa, proveían directamente la droga que se comercializaba en Centenario al menudeo, concurriendo a los domicilios, mediante acuerdo telefónico previo, con la finalidad de fijar la modalidad de pago y el lugar de encuentro para la entrega del estupefaciente.
Numerosas escuchas telefónicas, mensajes y filmaciones formar parte de la evidencia reunida en su contra.
 
En la ciudad
La lista se engrosa cuando se pone el foco de atención entre familiares y allegados en Cipolletti.
De acuerdo a las acusaciones que el secretario Víctor Cerruti dio a conocer en la audiencia, los 23 están acusados de integrar una organización delictiva, destinada al tráfico de estupefacientes –cocaína y marihuana- en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, bajo distintas modalidades. 
Los primeros siete imputados residían en Centenario cuando personal de Toxicomanía realizó el megaoperativo, que terminó con el secuestro de 172 kilos de marihuana y 21 de cocaína, además de una suma cercana al millón de pesos. Eso fue el 23 de septiembre de 2011. El resto son cipoleños.
De Cipolletti a Centenario, trazaron una red de relaciones y complicidades que no dejó nada al azar. Cada uno cumplía un rol específico, que se amalgamaba con el resto.
La marcada presencia de los 23 en la apertura del juicio dominó la escena, incluso superando en número a los espectadores, que eran familiares y trabajadores de la comunicación.
Pese al rigor de las imputaciones en su contra, por momentos se tomaron el asunto con tanta liviandad que hasta fue posible observar y escuchar varias veces la carcajada que emanaba de la tribuna de acusados.
El debate, que fue puntual y prolijo con la participación de Policía Federal, se reanudará el viernes 16 en AMUC, con la declaración de testigos.
El tribunal está compuesto por los jueces federales Orlando Coscia, Eugenio Krom, Ricardo Barreiro y, en el rol de sustituto, Leónidas Moldes (de Bariloche).
La Fiscalía está a cargo de Marcelo Grosso y la defensa es compartida por abogados particulares Juan Luis Vincenty y Gustavo Olivera; y el defensor oficial Pablo Matkovic.

Cuál era la función de cada miembro
De lleno en el núcleo Montecino, aparece Jéssica, hija de Héctor, a quien se le atribuyen distintas actividades delictivas, tales como retener y trasladar sustancia de los lugares de acopio, recibir pagos y atender a proveedores con residencia en Buenos Aires, bajo las órdenes de su padre.
Olga Jorquera, al parecer, ocultaba y preparaba la droga en su casa para los pedidos de Héctor.
Bajo esa modalidad también habría participado la madre de Héctor y Ruth, Yolanda Esparza Flores.
Romina Montecino, la otra hija detenida de Héctor, que era menor de 18 años al momento de los hechos, también almacenaría y suministraría droga a requerimiento de su padre. A su madre Irma Betanzo, –ex esposa del nombrado–, se le achaca el tráfico y almacenamiento de droga que éste proveía; valiéndose de su hija para distribuirla.
En esta lista también aparece Fiofania Rukoff, acusada de almacenar y suministrar droga al menudeo, previo acuerdo con Héctor y Ruth.
Carina Domínguez es la actual pareja de Héctor, y se le reprocha también guardar la droga a su solicitud.
Jorge Seguel también habría almacenado sustancia por requerimiento de Héctor, en un galpón de la pareja en La Mayorina. Utilizaba incluso su auto particular para tal fin.
Su hijo, Diego Seguel, sería quien colaboraba con la entrega y el cobro de los estupefacientes, luego de coordinar estas tareas con su padre.
A Leopoldo Castro se le reprocha haber ocultado droga en ese galpón, en su rol de cuidador de una firma frutícola. 
 
El hallazgo
En tanto, a Daniel Reyes se le endilga haber almacenado los 170 kilos de marihuana que fueron hallados por la Policía dentro de una Fiat Fiorino blanca estacionada frente a su casa en Cipolletti. Al parecer, la droga iba a ser introducida en Neuquén cuando fue secuestrada el 23 de septiembre de 2011, siguiendo las instrucciones de Montecino, de forma directa.
Fernando Soto, se desempeñaba bajo las órdenes de Ruth, y habría sido el nexo para guardar los estupefacientes en un domicilio de la toma Martín Fierro, en Cipolletti.
Luego se le imputa a Héctor Soto, el hecho de habilitar un lugar para ocultar la droga y prepararla a pedido de su hijo Fernando.
Luis Linares está sospechado de preparar y distribuir la droga por encargo de Ruth.

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