Dañan los canales para mejorar sus "balnearios"

Durante dos días, menores han dañado compuertas en el cauce ubicado a la vera de Ruta 151.

Durante dos días consecutivos, vándalos, al parecer muy jóvenes, se han dedicado a romper compuertas y cubiertas de protección de componentes mecánicos en el canal de riego con traza paralela a la Ruta Nacional 151, a la altura de la planta de Pulpa Moldeada, en un sector del barrio Arévalo. El propósito, por lo menos en el episodio del lunes, era poder cerrar la compuerta para impedir la circulación del agua y poder disponer de una suerte de piletón para bañarse. Los daños registrados ayer, mayores aun que los anteriores, parecen haber sido por la mera destrucción, por el ensañamiento que se pudo observar.

A consecuencia de los hechos, el agua del cauce, sin poder circular como debía, desbordó y anegó zonas aledañas de la barriada, para malestar de los vecinos que se enfrentaron al percance.

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El titular del Consorcio de Regantes, Eduardo Artero, denunció ayer los episodios y destacó la necesidad de que la Policía y el Municipio colaboren para impedir que se siga estropeando el sistema de riego de Cipolletti.

Los operarios de la entidad se enfrentan con serias dificultades para controlar, reparar o intentar impedir que se consumen este tipo de ataques ya que muchas veces los trabajadores son recibidos y echados a piedrazos, con el consiguiente peligro para sus físicos.

En los dos casos recientes, pero también en otros ocurridos con anterioridad, los protagonistas de los daños son adolescentes y jóvenes de no más de 13, 14 o 15 años. Por tratarse de menores de edad, no se puede actuar policial ni judicialmente para evitar que reincidan y vuelvan a las andadas.

Artero enfatizó, al ser consultado, que la Policía, producto quizás de la inercia que ocasiona un fenómeno que resulta crónico, prácticamente no interviene en este tipo de situaciones. Tampoco hay presencia del Municipio, que se desliga de controles. A la postre, el consorcio queda casi en total soledad para habérselas contra quienes perpetran las acciones destructivas y para reparar lo que ha sido vandalizado.

En Cipolletti, es ya una tradición, de esas que se imponen por persistencia incluso contra la ley, la de utilizar los canales en verano como balnearios improvisados. La normativa vigente prohíbe esta práctica pero año tras año son numerosos los cipoleños que vuelven a la carga y se bañan en los cauces. Allí quedarían la transgresión y sus riesgos. Sin embargo, siempre hay jóvenes y también adultos que no encuentran más opción para mejorar su disfrute que proveerse de remansos. Para ello, rompen candados, protecciones y otras instalaciones y bajan y suben las esclusas a su antojo.

Artero destacó que, junto con el perjuicio por las roturas y las pérdidas económicas resultantes, el impedimento que sufre la circulación de las aguas afecta a los regantes, sobre todo los más alejados, que se quedan sin el líquido para atender las necesidades de sus frutales y de otros cultivos. Para peor, en tiempos de cosecha, los efectos pueden ser terribles.

Por eso, el dirigente está cada vez más convencido de que a nadie le importa ya mucho la fruticultura. Y los pocos productores que están quedando están cada vez más librados a su suerte.

Para él, la Policía tendría, al menos, que demorar a los menores de edad implicados para que sus padres se hagan responsables. A la vez, los políticos y autoridades deberían ayudar más para que la sociedad cuide los canales y para que se le dé a la producción la importancia que se merece.

Cauces sucios por cloacas y residuos de industrias

Los actos vandálicos no son el único inconveniente que soporta la red de canales de riego de Cipolletti. Otro, también muy inquietante, se relaciona con el vertido a los cauces de residuos cloacales y de efluentes industriales y de distintas empresas, con la consiguiente contaminación.

Eduardo Artero, titular de los regantes cipoleños, manifestó que hay por lo menos tres lugares en que existen descargas de significación, una de ellas, en un sector céntrico. El problema es que las aguas sucias después llegan a las chacras y son utilizadas así para el regadío. Y nadie se hace cargo de los perjuicios resultantes.

El dirigente tiene en su poder fotos y actas de escribano para probar los desaguisados que se están cometiendo y, en su momento, hará las denuncias correspondientes si no hay mejoras y no se deja de contaminar el agua de la fruticultura.

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