Con el calor y el viento, los bomberos no tienen descanso

No hay riesgo de grandes siniestros como al este de Río Negro, pero no se baja la guardia.

El viento, el calor, la sequía y los yuyos marchitos que amarillean en los baldíos se han conjugado para tener en vilo a los bomberos voluntarios de Cipolletti, que no cesan de apagar incendios de pastizales y principios de incendios en algunas edificaciones. Por el tipo de vegetación de la estepa en las afueras de la ciudad, más rala y menos densa que en la asolada zona noreste y este de Río Negro, no hay aquí tanto riesgo de grandes siniestros forestales, pero no hay que descuidarse, y la vigilancia es permanente.

Desde el 31 de diciembre, los bomberos han tenido que controlar alrededor de 26 fuegos de pastos y algún otro más riesgoso para la población. Las salidas conllevan gastos y generan un lógico cansancio en las dotaciones, que cumplen su cometido con un empeño digno de elogios.

Sin embargo, como el clima y los elementos están planteando retos crecientes conviene que la comunidad esté lo más preparada posible y que actúe con la mayor racionalidad, evitando, en los lugares de más riesgo, prender fogatas, hacer fueguitos para asados o despejar yuyales con llamas. Además, no se debe actuar irresponsablemente tirando colillas de cigarrillos encendidas no incinerando restos de basura como si nada. Una chispa puede encender una llanura y esta verdad está vigente hoy más que nunca en la Patagonia.

Así las cosas, el referente de Protección Ciudadana, Felipe Vallejos, bombero de profesión, destacó la necesidad de que la población tome todos los recaudos para impedir la multiplicación de incendios.

En relación con las extensiones esteparias y de la meseta, manifestó que “el combustible”, como se denomina en la jerga bomberil al tipo de vegetación existente en un determinado punto geográfico, no resulta tan peligroso en la región como en las zonas de Río Negro y La Pampa que están siendo devoradas por fuegos gigantescos. A la vez, en esos lugares la implacable sucesión de tormentas eléctricas ha contribuido a desencadenar el desastre.

Pese a todo, el peligro, aunque mucho menor, existe y es bueno que quien se adentra o vive en las extensiones de las afueras actúe con prudencia.

Mientras, los bomberos tienen mucho trabajo en la ciudad y, de seguir la mixtura de viento y calor actual, es probable que ni sueñen con descansar. La comunidad puede ayudarlos cuidando de no provocar negligencias.

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