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Cerraron otro geriátrico ilegal

Funcionaba en una vivienda particular de calle Toschi en El Manzanar, donde se alojaba a siete ancianos, quienes se hallaban en buen estado de salud. El lugar no reunía las condiciones mínimas para la actividad.

El operativo fue concretado por personal de la comuna y de Salud Pública provincial.
 
Un geriátrico ilegal que funcionaba en una vivienda particular en Toschi 540 del barrio El Manzanar fue clausurado ayer por intervención de la Municipalidad y el área de Fiscalización de Salud Pública de la provincia. Es el segundo lugar de estas características que en Cipolletti, a lo largo de marzo, se ve forzado a cerrar sus puertas por carecer de habilitación y no reunir los mínimos requisitos para la actividad.
En el hogar irregular se alojaba a siete ancianos que, según pudo comprobar el personal de Salud, estaban en buen estado físico por lo que fueron retirados por sus familiares apenas se confirmó la clausura.
El operativo se concretó a las 10 y contó con la participación de Norma Lemos y Olga Riquelme, de la Secretaría de Acción Social de la comuna, y de Sandra Castro, del área de Fiscalización de Salud, con asiento en el hospital Pedro Moguillansky.
En la vivienda que servía de geriátrico vivía la encargada del emprendimiento ilegal, Verónica Ranquehue. El hecho de que esta persona residiera en el mismo inmueble que los pacientes resulta de por sí una irregularidad, que se sumó a las muchas más que fueron observadas en el lugar.
Como en el hogar del horror clausurado el pasado el viernes 2 de marzo cerca de Puente 83, en el centro cerrado ayer había un intenso mal olor. En aquel caso, el tufo provenía de las deplorables condiciones de higiene en que se tenía a los viejitos y a las instalaciones. En este caso, emanaba de la tapa del pozo séptico que, inusitadamente, se encontraba al lado de la mesa del comedor, una falta mayor. Potente, el hedor se filtraba hacia la superficie y llenaba el ambiente.
 
Comprobaciones
Ni la Municipalidad ni Salud Pública habían dado autorización para el funcionamiento. Hacía quince días ya se había hecho una constatación de las condiciones y se había urgido a cumplir con todas las obligaciones de la ley. De la existencia del hogar se conocía por rumores y denuncias previas. No podía seguir en actividad así, de ninguna manera, más con los riesgos que implicaba para los alojados.
Según constataron las funcionarias, el listado de irregularidades incluía el hacinamiento de las personas mayores; desniveles en el piso que presentaba roturas y hacía posibles tropiezos y accidentes; la disposición del comedor en el garaje de la casa, con la tapa del pozo séptico allí mismo; no había medidas de seguridad, las ventanas estaban enrejadas y solamente había una salida; y la existencia de un quincho con techo de paja en el patio, lo cual implicaba un factor de riesgo por eventuales incendios.
Además, los alimentos se hallaban mal almacenados, prácticamente al lado de los artículos de limpieza y no lejos tampoco de los medicamentos. La confusión en la corta distancia es siempre un peligro de accidente. Las comodidades dejaban abierto más de un interrogante ya que, por ejemplo, se observó que había colchones desparramados por el patio.
También pudieron comprobar que los residentes no recibían atención médica alguna y no existía colaboración ni de nutricionistas ni de enfermeros. Además, los legajos de los ancianos estaban incompletos, pese a que había algunos que databan de 2009 como fecha más antigua.
Castro manifestó que todos los datos recabados conformarán un expediente que será remitido a las autoridades de Salud de la provincia para su evaluación. De ahí surgirán eventualmente líneas de acción que podrían incluir acciones legales contra los responsables del geriátrico.

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