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A la final: Un triunfo épico para enloquecer de alegría

Se festejó en la ciudad y la cancha hubo presencia de cipoleños alentando a la Selección Argentina.

Suenan bocinazos, bombas de estruendo y redoblantes, embanderados y gritando su ilusión cientos de vecinos apuran el paso para llegar a Roca y España: la Selección acaba de ganarle a Holanda por penales y después de 24 años vuelve a la definición de un Mundial de fútbol. "Que de la mano, de Lionel Messi, todos la vuelta vamos a dar", cantan eufóricos niños, adolescentes y adultos en la plaza céntrica desatando su alegría y dejando atrás los nervios que se apoderaron de la ciudad desde el mediodía.
La jornada tuvo un ritmo extraño desde la mañana y no pareció deberse al feriado, en el café y en la calle, los pocos vecinos que enfrentaron el día gris y frío no hablaban de otra cosa. Y a media tarde todo se paralizó a la espera del choque contra el equipo Naranja. En bares y el Círculo Italiano se juntaron los que querían verlo con clima de cancha, a la espera de un estruendoso grito de gol que nunca llegó. Los 120 minutos se extinguieron sin goles y todo debió definirse a través de penales. Sergio Romero, "Chiquito", se olvidó de su apodo y fue gigante. El arquero tocaba los palos antes de cada remate, como "Goyco" en Italia y también se convirtió en héroe: tapó dos de cuatro y dejó el triunfo servido en bandeja. Leo Messi, Ezequiel Garay, Sergio Agüero y Maxi Rodríguez convirtieron en fila para desatar la fiesta.
Familias enteras apagaron el televisor para sumarse a la caravana que llegó desde los barrios hacia el centro, punto de reunión para una fiesta sin igual. La pasión por el fútbol, tantas veces mal entendida, genera una comunión que ninguna otra causa popular puede lograr. Por eso anoche se festejaba desde los balcones, en la plaza se abrazaban desconocidos y en las calles se agolpaban los rodados y ¡hasta un camión con acoplado! en una caravana interminable.
Afortunadamente, las restricciones al tránsito para que no hubiese vehículos en las arterias copadas por vecinos y el operativo preventivo de la Policía permitieron que todo finalizara en paz.
Brasil, eterno rival y organizador caído en desgracia, fue el principal destinatario de cargadas y dedicatorias de este presente soñado, el que tiene a Argentina en la final de un Mundial, con Messi y Javier Mascherano como abanderados de la esperanza de volver a gritar campeón, como en el '86.