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Un representante ferroviario: don Armando Errecart

Las historias ferroviarias del Alto Valle del Río Negro y Neuquén se entrecruzan porque nacieron juntas cuando se construyó el puente ferroviario y se extendieron las líneas férreas, en los inicios del siglo XX.

Las historias ferroviarias del Alto Valle del Río Negro y Neuquén se entrecruzan porque nacieron junta cuando se construyó el puente ferroviario y se extendieron las líneas férreas, en los inicios del siglo XX.

En nuestro deambular en la búsqueda de historias ferroviarias nos topamos con un hombre que conformó la gran “familia” ferroviaria de la región, don Armando Errecart.

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Nació en Viedma el 8 de septiembre de 1926, en el seno de una familia de origen vasco. Ingresó en la carrera de conducción en el año 1946 cuando dio examen de operaciones básicas en la localidad de San Antonio Oeste.

Luego fue enviado a Ingeniero Jacobacci: ingresó como foguista. A los seis meses ascendió como aspirante efectivo y al año como aspirante autorizado. Para culminar esta ascendente carrera dio examen de Máquina a Vapor.

Por su problema de visión, pues era corto de vista y usaba anteojos, muchas veces no podía conducir las máquinas.

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Debido a su afiliación radical fue denunciado por peronistas: en 1954 se fue de Jacobacci a la localidad de 25 de Mayo (provincia de Buenos Aires): allí estuvo diez años como maquinista en el galpón donde “alistaban” locomotoras, es decir engrasaban, aceitaban las máquinas.

Su arribo a Neuquén fue debido a que vino a visitar a su hermana y como su cuñado Marcial Molina, otro recordado hombre del ferrocarril, era el encargado del Galpón de Máquinas- lo invitó a venir a la zona.

Armando llegó a la región en 1964 e inmediatamente lo enviaron a la revisación por la vista. Fue autorizado a manejar las máquinas.

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Armando en su zapatería.

Armando en su zapatería.

Nos contó que estudiaron con Florentino Pérez en la colonia ferroviaria de San Martín y Brown. Con ese estudio, aprendió todo sobre conocimiento del ferrocarril. Luego pidió ir a estudiar Diesel en Remedios de Escalada, provincia de Buenos Aires, donde estuvo alrededor de seis meses, hasta que aprobó el examen y regresó.

Se casó en 1954 con Celinda Lacier, a la que había conocido en Jacobacci; tuvieron dos hijas.

Su amor por la música lo manifestó en sus recuerdos: “tuve batería, varios conjuntos de música, canto tango”.

El Ferro Club

A fines de la década de los 90 fundó, con otros colegas, el Ferro Club: la idea fue conservar en un vagón del ferrocarril, asentado en la vieja estación, 400 piezas del ferrocarril (faroles, el viejo reloj de la estación, palanca de bloc de dar vía libre de origen inglés). Además, tenían una plaqueta con el costado de una máquina, entre tantas cosas.

La esperanza del regreso del tren de pasajeros: Armando nos relató orgulloso “que envió carta a la Presidente de la Nación para que realizara gestiones para rehabilitar el tren en la Patagonia.”

También se desempeñó como Vicepresidente de la Liga Neuquina de Fútbol en la década del ‘70. Participó en varios deportes básquet, fútbol; dirigió, fue delegado del Club Pacífico en la Liga Neuquina. Fue empleado de comercio en una zapatería, donde trabajó con un amigo de apellido Giberti.

Su hermana Blanca Errecart de Molina

La enseñanza de la dactilografía y la taquigrafía tuvo a Blanca como “alma mater”. Blanca nació en Viedma el 24 de agosto de 1925.

Se casó con Marcial Molina en 1945. Arribaron a la capital neuquina en 1953 con sus dos hijos mayores, Rubén y Lelia Norma. Leandro Héctor nació en estas tierras. Ellos les dieron muchos nietos y bisnietos. Asentados, vivieron en la Colonia B 14, sobre calle Brown y San Martín.

Prolífica y dinámica vida la de doña Blanca: en su Academia de Dactilografía Londres estudió medio Neuquén del ayer: estaba situada en calle Alderete 59, primero, y luego en Brown 369. Nos contó hermosos recuerdos, por ejemplo, que llegó a tener 25 máquinas de escribir Remington, Lexicón, Olivetti. Terminada la vida de su esposo en el ferrocarril, compraron su casa en el barrio la Sirena. Cuando don Molina se jubiló trabajó en dependencias del gobierno provincial.

La academia cerró en la década del ´70: ella atesora innumerables fotos de su trabajo. Paralelo a esta labor estuvo veinte años en la Cruz Roja filial Neuquén, donde trabajaba con la María Pomina Tota Suárez de Caso, de la que resalta su inmensa labor.

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Blanca Errecart y alumnos de la Academia de dactilografía.

Blanca Errecart y alumnos de la Academia de dactilografía.

Fue una de las promotoras de la creación de la Biblioteca Neuquina Escritores Neuquinos en su barrio: inició sus actividades en 1995. Participó activamente con la Sociedad Vecinal del barrio: lograron, entre tantas otras cosas, que les instalen la Comisaría. En ese momento, el presidente vecinal era Eduardo Correa, mientras que Blanca era la secretaria.

En su mente plagada de evocaciones recordó la pérdida de sus dos hijos mayores; su vida continúa con su hijo menor y en sus nietos y bisnietos.

Familias ferroviarias que, entrecruzando sus vidas como si fueran los rieles del tren, supieron conformar una gran cofradía, incluso superando determinados desacuerdos que pudieran surgir. Tanto esfuerzo es testimonio de lucha, de rebeldías y de sacrificios, con un solo resultado posible: el crecimiento de toda nuestra región.

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