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Un amigo brinda un dato revelador de cómo desaparecieron a Sergio Ávalos

Pedro Nahuelpan, amigo de Ávalos, contó a LMN lo que ocurrió la madrugada del 14 de junio de 2003 en Las Palmas. Aseguró que hay muchas cosas que a la distancia van cobrando sentido.

Mientras más avanzan la querella y la Justicia Federal en la desaparición forzada de Sergio Ávalos, ocurrida la madrugada del 14 de junio de 2003, cada vez son mayores las certezas y responsabilidades de Las Palmas. No obstante, hay amigos del joven estudiante de Picún Leufú que para la querella todavía “no cuentan todo”, por lo que también podrían entrar dentro del núcleo duro de las imputaciones.

Han pasado 19 años y dos meses desde la desaparición de Sergio, y cuanto más se investiga, más se advierte que estaba todo ahí, en el expediente. ¿Qué pasó? Es complejo. Lo cierto es que, con el paso del tiempo, hay actores que han resuelto entrar en escena y la oscura trama va quedando a la luz.

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A lo largo de la investigación periodística de la causa, he podido acceder a ciertos testimonios que han preferido reserva de identidad y que luego, al ver el impacto que generaron, han accedido a declarar ante la Justicia Federal para sumar elementos que son claves para entender, por ejemplo, cómo era Sergio Ávalos o los manejos oscuros de Patricio Sesnich, encargado de Las Palmas.

Ahora, me encontré con Pedro Nahuelpan, uno de los cuatro jóvenes que compartió la última noche con Sergio y sus amigos.

Sergio Ávalos desapareció el 14 de junio de 2003 del boliche Las Palmas.
Sergio Ávalos desapareció el 14 de junio de 2003 del boliche Las Palmas.
Sergio Ávalos desapareció el 14 de junio de 2003 del boliche Las Palmas.

Pedro es de Picún Leufú. En la actualidad tiene 43 años, su hermano Daniel fue compañero de Sergio tanto en la primaria como en la secundaria y, al momento de la desaparición, estaba haciendo el curso para ingresar a la Policía. Otro de los amigos que estuvo esa noche es Darío Sambueza, que se recibió de contador, y Diego Baigorria, quien falleció.

“No tengo problema con que me cites”, aclaró de entrada el joven devenido en hombre que se anima a explorar e imbuirse en un pasado que carga como un presente continuo, aunque hay recuerdos que le son esquivos y otros que están ahí, frescos y latentes como la primera vez.

“Muchas de las notas que leí en el diario me ayudaron a recordar y a entender, porque en ese momento no nos imaginábamos que podía pasar algo así, que te hagan desaparecer como lo hicieron con Sergio y con ese nivel de silencio. Con el tiempo, uno entiende la clase de gente que había atrás de todo esto, gente oscura que manejaba mucha guita”, describió Pedro.

Tras la desaparición de Sergio, confió que existió un temor inicial que no supieron manejar y que les fue difícil explicar algunas cosas.

“Nosotros veníamos de Picún, donde el lugar de encuentro era el boliche y de ahí cada uno se iba cuando quería. Vos no te juntabas en un lugar para ir al boliche. En ese momento de la desaparición, explicar algunas cosas a la gente era complicado porque hasta sonaba incomprensible. Además, éramos unos pibes de pueblo y no se nos cruzaba por la cabeza que te pudiera pasar algo estando en un boliche. En el boliche del pueblo también había peleas afuera, pero no era nada grave”, aclaró Pedro, que era el mayor de los cuatro que fueron a Las Palmas.

Esa noche de boliche surgió porque en la semana había sido el cumpleaños de su hermano, Daniel, el mejor amigo de Sergio.

En aquella época, en Las Palmas, si mostrabas el documento y acreditabas que había sido tu cumpleaños en la semana, te dejaban entrar gratis y con una consumición.

Sergio Ávalos fue porque era el cumpleaños de Daniel, pero ya tenía previsto volver a Picún para pasar el Día del Padre en familia y festejar el cumpleaños de su hermana. Incluso, regresaría junto con Daniel al pueblo, por lo que habían dejado el bolso armado en la habitación de Sergio en la residencia universitaria del barrio Santa Genoveva. Por eso, era más que previsible que Sergio y Daniel salieran juntos de Las Palmas.

A Sergio la idea de ir al boliche no le gustaba demasiado; de hecho, el fin de semana anterior había rechazado sumarse al grupo que fue para festejar el cumpleaños de una joven de la residencia. Además, su situación económica era muy ajustada y su familia hacía un gran esfuerzo para ayudarlo. Era el primer Ávalos en desembarcar en la universidad.

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La ticketera

Pedro Nahuelpan recordó que fueron al boliche, que la pasaron bien y que él se fue como dos horas antes, versión que consta también en el expediente.

Acá hay un paréntesis obligado que es la desaparición, a partir de la cual van a darse distintas alternativas, pero puntualmente lo que le pasó a Sergio en el boliche llegó a oídos de Pedro dos meses después.

“A mí me identificaban porque yo era el mayor de los chicos, acompañaba en las marchas a Mercedes, la hermana de Sergio. En ese momento, la consigna era la aparición con vida de Sergio”, recordó Pedro.

“Dos meses después, me va a llegar la misma versión de lo que le pasó a Sergio, por dos lados muy distintos con dos o tres días de diferencia, y estoy convencido de que eso fue lo que en definitiva ocurrió”, sembró la intriga Nahuelpan.

“Siempre que me contaban algo solía ser un ‘me dijeron, me contaron, escuché’. Esto se volvía complicado a la hora de querer reconstruir algo porque no se daba con nadie en concreto, pero estas versiones fueron distintas”, detalló Pedro.

“Primero me llegó el dato de un chico que estudiaba en Cipolletti, en la Facultad de Ciencias de la Educación, que me contó que una chica de Roca le dijo que había estado esa noche en el boliche y que vio que Sergio al salir tiró la ticketera y hasta vio que se lo llevaron los de seguridad para adentro. Luego, surge la misma versión de una amiga de mi hermano (da el nombre y apellido) que estaba en la escuela y un compañero de curso le contó que había visto exactamente lo mismo”, relató Pedro.

“Esto a mí me cerraba por todos lados porque eran personas distintas sin contacto entre sí que contaban la misma versión”, aclaró el hombre.

“Toda esta información se la contamos a los investigadores de la Policía, pero después le perdimos el rastro. No sé qué hicieron ellos, pero en ese entonces era sencillo conseguir hablar con esas personas que habían visto lo que pasó con Sergio. De hecho, cuando salió Sambueza del boliche, los guardias no estaban en la puerta”, recordó Nahuelpan, lo que es un detalle sumamente importante para la causa.

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El mecanismo

Mencionada la ticketera y la salida de Sambueza sin que hubiera seguridad en la puerta del boliche, es necesario hacer un paréntesis para explicar el mecanismo de control que tenía Las Palmas.

Patricio “Pato” Sesnich era el yerno del dueño y encargado del boliche, que tenía un sistema de seguridad compuesto por guardias, cámaras y, cuando tocaban grupos bailanteros, hasta conseguían los detectores de metales del aeropuerto neuquino y los devolvían a la mañana siguiente. Este es un detalle que sirve para observar los lazos con el poder: no a cualquiera un aeropuerto le facilita los detectores por una noche.

La seguridad contaba con policías de la neuquina que hacían adicionales, un militar retirado chileno que incluso vivía en una de las casas del predio, un integrante del área de Comercio del Municipio y como si fuera poco, personal en actividad del Batallón de Ingenieros de Montaña 6 con asiento en Neuquén, algo que estaba prohibido, pero el encargado no era de cumplir las normas.

A la seguridad se sumaban más de 40 cámaras con las que se observaba lo que pasaba en la vereda, en la caja de ingreso y en las barras. Ni un trago se escapada del control.

Además, Sesnich contaba con comunicación por handy con determinados empleados y, de acuerdo con las testimoniales de trabajadores de Las Palmas, “el Pato sabía todo lo que pasaba en el boliche”.

A las medidas de control se sumaba el ticket que se daba en el ingreso y que valía por una consumición. Ese ticket lo cambiaban en la barra por un trago. El vaso luego se podía devolver en la barra, donde se daba un ticket que se tenía que dejar al salir o entregarlo al momento de retirarse; de lo contrario, los guardias le cobraban a la persona dos pesos. Ese dinero que recaudaban por los vasos perdidos era un botín adicional que levantaban los guardias y se lo repartían entre ellos. Por eso es que los pibes podían sufrir apretadas temibles si perdían el vaso.

La denominada ticketera era una champañera donde al salir se dejaba el ticket tras mostrárselo a los rabiosos guardias sedientos de dinero fácil, por lo que el control de salida también era exhaustivo.

Ese recipiente lleno de tickets fue el objeto que tiró, sin querer, Sergio Ávalos y desató la furia de los integrantes de la seguridad que lo llevaron hacía adentro con tal furia que dejaron la salida liberada; de hecho, Pedro Nahuelpan ratificó a LMN que Sambueza encontró la salida despejada y se fue con el ticket en la mano.

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Una versión sólida

La versión de la ticketera no es descabellada, sino que constituye la principal teoría que maneja la querella de la familia Ávalos.

Para entender hay que seguir poniendo los elementos en orden, de esa forma también es más palpable la responsabilidad del boliche en la desaparición forzada de Sergio Ávalos. Vale aclarar que a la Justicia Federal no le cabe la menor duda de que Sergio estuvo en Las Palmas y de ahí lo desaparecieron.

Repasemos. Sergio era el menor de la familia. De chico se subió a un árbol, se cayó y se fracturó el brazo izquierdo. Lo que parecía algo sencillo se complicó producto de una mala praxis y Sergio quedó con movilidad reducida en ese brazo. Recuerden, el brazo izquierdo.

Esto conllevó a que la familia desarrollara una mayor protección que se sumaba a un modelo de crianza donde el respeto, los valores y las obligaciones eran sumamente importantes.

En el expediente, hay relatos de familiares, amigos y especialistas que cuentan que Sergio era un joven retraído, respetuoso y educado.

Pedro Nahuelpan, que lo conoció desde chico, contó: “Sergio jamás participó de nada violento, era callado y con el que más trato tenía era con mi hermano, habían hecho toda la escuela juntos. Si bien yo lo veía, íbamos juntos a pescar y jugar al fútbol, él me saludaba y charlaba con mi hermano, que también ha sido bastante callado”.

Con los años, Sergio aprendió a disimular el problema de su brazo izquierdo, optando por llevar la mano al bolsillo o sosteniendo alguna prenda.

Por esto es que la principal hipótesis apunta a que, por el problema de su brazo izquierdo, justo el que daba para el lado donde estaba ubicada la tickera a la salida del boliche, Sergio hizo un mal movimiento al dejar el ticket y la tiró.

Lo que siguió fue la ausencia de reflejos de un joven que, de acuerdo con su perfil victimológico, no presentó resistencia alguna. De hecho, ya había elementos en la personalidad de Sergio que le impedían identificar riesgos.

“Todo ser humano, frente al peligro, tiene tres respuestas posibles: huir, luchar o quedarse paralizado. Sergio se paralizó frente a la situación que le tocó vivenciar, que es una de las estrategias más primitivas de las especies, quedarse quieto para evitar ser presa. Esta estrategia en los seres humanos es poco exitosa”, confesó una fuente consultada, que a partir del informe “El cuaderno íntimo de Sergio Ávalos”, también brindó su testimonio de experta ante la Justicia Federal ya que trabajó durante mucho tiempo acompañando a la familia tras la desaparición.

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Hay algo más

Para el abogado querellante Sergio Heredia, los dichos de Pedro Nahuelpan se ajustan a la versión que ellos manejan, pero hay algo más que no aparece y que podría ser determinante a la hora de las imputaciones que podrían alcanzar a Daniel Nahuelpan y Darío Sambueza.

Recapitulemos. En el acto por los 19 años de la desaparición forzada de Sergio Ávalos, en la plaza San Martín de Picún Leufú, los querellantes Heredia y Leandro Aparicio aseveraron: “Hay compañeros que han ocultado información. Ya son personas grandes y necesitamos que todos cuenten la verdad. Tenemos elementos para descreer que se hayan ido del boliche sin saber nada de Sergio”.

Por su parte, don Asunción, papá de Sergio, a sus 88 años y con una fuerza que estremece, confió sobre los dos amigos en cuestión: “Nunca más me volvieron a mirar ni a hablar. Yo sé que ellos saben algo y lo tienen que contar”.

La querella, a la fecha de esta publicación, sostiene que tanto Daniel Nahuelpan como Darío Sambueza presenciaron parte del momento en que los esbirros de la seguridad de Las Palmas agarraron a Sergio y se lo llevaron adentro tras tirar la tickera.

¿Qué es lo que complica a los amigos? La campera negra de Sergio que, según la querella, era la única que tenía el joven estudiante y esa noche la llevó al boliche. Tras la desaparición, la campera apareció en la habitación de la residencia.

Este es un elemento que salió a la luz recientemente, pero entra dentro de la lógica de los hechos que se van reconstruyendo.

Es decir, Sergio fue con la campera negra, la única que tenía, al boliche. Fue con sus amigos de Picún. Con Daniel Nahuelpan tenía previsto volver a Picún y dejaron los bolsos en la habitación de la residencia. Pero Sergio no volvió, lo desaparecieron. Entonces, ¿quién llevó la campera de regreso a la residencia?

Para la querella, la respuesta es sencilla: Daniel Nahuelpan, que tenía que buscar su bolso, o Darío Sambueza, que vivía en la residencia. Ambos eran los únicos que sabían que esa campera era de Sergio.

Lo que entienden es que, tras ser tomado por los integrantes de la seguridad, a Sergio se le cayó la campera y la levantó uno de sus amigos. Sambueza, cuando salió, no había seguridad en la puerta.

Lo cierto es que Pedro Nahuelpan aseguró: “No recuerdo cómo estaba vestido Sergio esa noche. Uno no prestaba atención a esas cosas. Sí recuerdo que la Policía hizo una descripción inicial y no era así”.

Durante la conversación con Pedro intriga saber si durante todos estos años, siendo todos de Picún, no repasaron en algún momento lo que ocurrió esa noche.

“Mi hermano (Daniel Nahuelpan) es policía. Siempre fue muy callado y, por su formación y costumbre, es poco expresivo. Habla muy poco, no es fácil entrar en diálogo con él sobre este tema”, se sinceró Pedro.

Lo cierto es que, para la querella, Daniel Nahuelpan y Darío Sambueza van camino a ser imputados dentro de la causa.

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“Fuimos investigados”

Pedro Nahuelpan explicó la mirada que tenía en esos años de juventud previo a la desaparición de Sergio. “Salíamos al boliche y no estamos pensando en observar alguna cosa rara. Éramos jóvenes que salíamos a bailar, charlar con chicas y no pensábamos que nos podía pasar algo malo. Yo creo que los policías que investigaron el caso, viéndolo a la distancia, no estaban preparados para estar al frente de una investigación de estas características, tan compleja por los intereses que estaban y están en juego”, confió.

“Fuimos investigados porque fuimos los últimos que habían estado con él, y eso es normal. Normal, ahora que lo entendemos así, pero en ese entonces teníamos un auto de civil que nos controlaba, nos seguía y no sabíamos qué pensar porque, por un lado, tenías la tranquilidad de que te estaban investigando, pero con lo que había pasado, y eso lo vimos después, nos podrían haber hecho responsables a nosotros. Cuando yo me mudé de departamento, fui a la Policía y avisé que me mudaba. Les pedí que fueran a registrar todo el departamento que dejaba porque temía que después apareciera algo raro. Mirá si ahí aparecía la campera negra”, concluyó.

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