Terraza al Mar, la playa silenciosa cercana al centro

Al norte de la Bajada Cero se disfruta del mar sin música ni vendedores.

Apenas una angosta franja de arena tiene la playa en Terraza al Mar, el barrio de Las Grutas situado a unas 20 cuadras al norte del casco céntrico. El resto es una superficie rocosa lisa, del tamaño de un estacionamiento de un aeropuerto. Restinga se llama en el lenguaje geográfico.

Es uno de los lugares de la costa grutense menos concurridos por los turistas, pero tiene una belleza inigualable, y el encanto del silencio, pues allí no hay parador con música a todo volumen, y apenas unos pocos vendedores ambulantes llegan para vocear productos de todo tipo.

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Como en toda la costa de la Bahía de San Antonio el movimiento marino modifica el paisaje para la disposición de los veraneantes.

Cuando está la pleamar queda una lonja de arena donde la gente se acomoda, y es muy agradable internarse en el agua pues unos pocos metros adentro surge el piso de roca, que se asemeja al de una pileta de natación. Sólo hay que tener cuidado para no perder el equilibrio.

Además queda una punta en la geografía de la rivera con gran cantidad de rocas que alguna vez liberó el acantilado, donde también queda espacio para ubicar los bártulos de veraneo.

Al bajar el mar se revela la restinga y queda al descubierto una pileta que años atrás se cavó con una máquina vial, similar a las que están en la Bajada Cero y son un sello de la principal playa rionegrina.

Esta es amplia, de unos 50 metros por 30, e ideal para los más chicos, pues con el tiempo se fue depositando arena que redujo notablemente la profundidad.

Cómo llegar

La forma más placentera para llegar hasta Terraza al Mar caminando por la arena de la playa, siempre y cuando la marea lo permita. Solo hay que tomar hacia el norte, desde la Primera Bajada o la misma Cero. Es un trayecto encantador, por el que se atraviesa La Rinconada, con su parador con pescados y mariscos, y luego se llega al destino, unos 300 metros más allá. Se calcula que la marcha demanda unos 30 minutos. Un ejercicio que se disfruta gracias al entorno natural.

La otra alternativa es llegar en vehículo. Hay que tomar por la avenida Currú Leuvú –continuación de la Río Negro– hasta que se observan las últimas casas. Luego se debe tomar a la derecha, hasta una costanera de unos 200 metros donde se puede estacionar. En uno de los extremos hay una escalera para bajar a través del acantilado que en esa zona pierde altura en forma notable.

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