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"Soy culpable hasta demostrar mi inocencia"

El empresario allense preso por tráfico de drogas cuestionó el desarrollo de la causa. Está por cumplir un año en la cárcel.
Dijo que no hay pruebas que lo vinculen a las 3,4 toneladas de droga halladas en la Aduana.
 
Nelson Hinriksen está a punto de cumplir un año en prisión, clamando su inocencia y esperando el beneficio de esperar el juicio en libertad. Se trata del empresario allense vinculado a la causa por narcotráfico más importante de la historia argentina: la operación Manzanas Blancas.
Alojado en un pabellón para reclusos de buena conducta en Devoto (Buenos Aires), espera ser juzgado como coautor del delito de contrabando agravado. “Acá hay otros presos que llevan un año y ocho meses esperando su juicio; por eso yo pido que me dejen estar cerca de mi familia hasta que me toque. Nunca eludí la Justicia, al contrario, me presenté espontáneamente y colaboré aportando datos”, contó a La Mañana Cipolletti desde la cárcel.
Hinriksen está implicado en la causa por el hallazgo de 3,4 toneladas de cocaína de máxima pureza que eran exportadas a España escondidas entre cajas de manzanas, pero asegura ser inocente. “No hay ninguna prueba en mi contra porque está claro que del frigorífico la carga que salió era de manzanas. Y por la Aduana en Villa Regina sólo pasaron manzanas, la droga la pusieron después”, explicó.
Fue uno de los primeros detenidos en la causa y de los pocos que no logró la libertad hasta que se realice el juicio. “No se respeta la ley, que dice que somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario. En mi caso, parece que soy culpable hasta que mis abogados puedan demostrar lo contrario”.
 
Empleado
En abril del año pasado, en uno de los últimos envíos de fruta al exterior desde el frigorífico allense que alquilaba Hinriksen se halló la droga. El empresario dio su versión a este medio y sostuvo que “yo alquilaba el empaque y el frigorífico, pero la fruta era de otra empresa. Hacía tres años que yo trabajaba para ellos, que eran los que se encargaban de la venta, de los pagos, a quién se compraba. Yo era un empleado de Valentín Temes Coto, que estuvo prófugo mucho tiempo y se entregó hace poco”. Dijo que “le rechazaron dos pedidos para no ser detenido. Y se entregó sabiendo que yo voy a juicio y no voy a poder tener un careo con él. Eso había sido lo que les pedí a los anteriores abogados”.
Hinriksen manifiesta que es Temes Coto quien estaba detrás de la red de narcotráfico. De hecho, aseguró que los primeros abogados que tuvo en la causa, contratados por él, “hacían todo para que yo siga preso. Me decían qué declarar y que me quedase tranquilo, pero después los jueces rechazaban mis pedidos de excarcelación porque no tenían fundamentos”.
También dijo que “en la causa hay una escucha telefónica de Temes Coto con un familiar, al que después metieron preso en España por la misma causa. “Se pudrió todo” le dice Temes Coto el día antes de que abrieran los contenedores en Aduana”.
La relación comercial duró tres años. "Siempre estuvimos controlados por su secretario, Claudio Maidana. En 2010 me propusieron ser apoderado de la firma, para abrir una cuenta a mi nombre y que Maidana no viajara todas las semanas. Pero siguieron teniendo el control ellos".
 
Procedimiento
En el relato de lo sucedido en 2010, Hinriksen explica que “los camiones –con fruta- tardaban unas 15 horas desde la Aduana de Villa Regina hasta Capital Federal. Pero con el que tenía la droga pasaron cosas raras. Estuvo varios días fuera de la Aduana de Buenos Aires, lo entregó un camionero distinto al que salió con la fruta y en el expediente consta que los precintos pudieron ser violentados”.
Además, el allense brinda un detalle “frutícola” para sostener su teoría de que la droga fue cargada en el camino. “La fruta de exportación se carga a cero grados y lleva un termómetro que toma la temperatura todo el tiempo. Se coloca en el último palet que se sube al camión. En el contenedor que tenía la droga fue encontrado roto, en la mitad del camión. Ese cargamento pasó siete horas sin el sistema de frío; es obvio que ahí cargaron la droga”.
Hinriksen viajó a Buenos Aires antes de ser detenido, justamente porque Temes Coto lo convocó “por un problema con la carga. Cuando llego a la Aduana no estaba él sino un abogado penalista. Y nos dicen que iban a abrir el contenedor porque había imágenes dudosas. Yo viajo al Alto Valle y vuelvo para el día en que lo abren; si hubiese cargado la droga no me presentaba”.
El allense fue testigo del hallazgo de la droga. “En la mitad del contenedor empiezan a sacar paquetes con cocaína. No entendía nada, pero el abogado me dice que me quede tranquilo, que declaraba y me iba. Pero nunca hicieron nada para sacarme”.
 
Temor
Hinriksen dijo ayer que “no hay ninguna prueba contra mí, porque la droga no se cargó en Allen. Es imposible pensar que en una ciudad de esas características se hayan cargado 3.400 kilos de drogas. Además hubo allanamientos en mi casa, viviendas de familiares y la empresa y no encontraron ningún rastro de droga”.
Sin embargo, teme continuar en prisión y ser condenado por traficar más de tres toneladas de drogas. Aseveró que “pasaron muchas cosas raras” y expresó que “mi miedo es que por ser un simple trabajador pague por algo que hizo gente que tiene poder y dinero y que, parece, puede zafar” de la Justicia.

Tras las rejas, a la distancia

Hinriksen relató su experiencia.
 
“Cuando me detuvieron, mi hijo no caminaba. Ahora camina, habla y necesita a su papá. Por eso quiero que respeten mi derecho y me dejen estar en libertad hasta el juicio”, dijo Nelson Hinriksen. El allense detenido por el caso Manzanas Blancas explicó que “quiero que el juicio llegue, pero puede tardar más de un año y yo a mis familiares los veo una vez cada dos meses porque no es fácil que vengan hasta acá”, dijo ayer desde el penal de Devoto.
Contó que sus días en la cárcel, al menos, no son turbulentos. “El pabellón en el que estoy es tranquilo, gente de buena conducta y tratamos de convivir sin complicaciones”. Pero detalló que “vivo con otros 95 presos, y en la celda estoy con cuatro presos más”. Uno de ellos le presentó a los abogados que lo representan actualmente, porque los anteriores –según sentía- no defendían sus intereses sino los del empresario Valentín Temes Coto.
Sin embargo, entre otros cambios de conducta, “ahora me fumo un paquete de cigarrillos por día” mientras aguarda por su libertad condicional, o cuando –afirma- en el juicio por contrabando agravado se demuestre su inocencia.