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Pide volver a Cipolletti para cumplir su condena

La travesti Marcela Ramírez fue condenada por trata de personas y quiere la prisión domiciliaria.

La travesti más conocida de la ciudad, Marcela Ramírez, quiere volver a su casa de Cipolletti y se encuentra a la expectativa de una presentación realizada ante la Cámara Federal de Apelaciones de General Roca. En concreto, pretende el beneficio de la prisión domiciliaria y de esta forma cumplir con la pena de 5 años y medio por el delito de trata de personas.

Ramírez se encuentra en la actualidad en la cárcel de mujeres de Ezeiza y sufrió un marcado deterioro de su salud luego de inyectarse siliconas en la cola, las mamas y los muslos. Tras cumplir parte de su castigo, requirió a la defensora oficial la interposición de un recurso de apelación y que, en primer término, motivó un rechazo. Finalmente, el análisis de la solicitud quedó a cargo del juez de Ejecución Penal del Tribunal Oral Federal de Roca (TOF), Armando Mario Márquez, quien se pronunció a favor de que tome intervención la Cámara y se expida sobre el reclamo.

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"Intimidaba a las víctimas con la advertencia de que ella tenía muchos contactos en las autoridades locales.”Tribunal Oral Federal. Con asiento en General Roca

La denuncia y posterior procesamiento de Ramírez se derivó de un trabajo realizado por la Policía Federal neuquina. Gracias al testimonio aportado por víctimas que ofrecían servicios sexuales a la vera de la Ruta Nacional 22, en Cipolletti, se pudo confirmar que el negocio era administrado por la travesti cipoleña. No sólo las obligaba a permanecer durante un determinado horario y entregar parte de las ganancias, sino que las amenazaba para que no intenten fugarse.

La travesti Marcela Ramírez fue responsable de siete casos de explotación y se le atribuyó el delito de trata de personas mayores de 18 años.

En el veredicto condenatorio, el TOF roquense precisó que “Ramírez abusó de la vulnerabilidad de las víctimas, intentando imprimir sobre ellas una sensación de confianza y familiaridad –particularmente al exigirles que se la llamara ‘mama’ o ‘mamucha’-, para forzarlas a ejercer la prostitución y cobrarles parte del dinero que por sus labores recaudaban, todo merced violencia psicológica y física, mediante amenazas y engaños”.

En base a los relatos de las travestis rescatadas por la fiscalía federal, se pudo saber que Marcela administraba el negocio de la prostitución sobre la Ruta 22 y que cada una de las ‘chicas’ debía pagarle un promedio de 900 pesos semanales. También les imponía multas si no se presentaban a trabajar y exigía regalos, además de reclamarles la asistencia a una reunión semanal de tipo obligatoria en su domicilio de calle Roca al 1300.

Muy enojada, el año pasado denunció un abuso durante una consulta médica. Destacó que concurrió al hospital Durán de Buenos Aires y que le quisieron bajar la pollera delante del oficial masculino y con la fuerza que hizo el profesional para bajarle la pollera le desgarró el otro glúteo. Dijo que se metió prácticamente debajo de las polleras y así la revisó”.

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