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Machado: el truhan de la venta de autos que anda libre

Estafó con la venta de vehículos. Su frase de cabecera era: "¿Querés comprar barato? ¡Jodete!" Fue condenado, pero zafó de la cárcel.

Supo ser Miguel, Hugo, Ricardo, José, Flavio, Edmundo, Damián y otros tantos, pero en el fondo siempre era Fernando Darío Machado, más conocido como “el gitano”, aunque era criollo, hasta en eso engañó el mayor estafador de la última década.

Su vida criminal se enfocó en la venta de vehículos mediante los viejos clasificados de los diarios y desde 2014 a través de la página de OLX y Mercado Libre, su predilecta.

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Sus víctimas se cuentan por decenas, pero solo se lo logró condenar 29 hechos cometidos entre 2016 y 2017. La maniobra en ese entonces escaló a poco más de medio millón de dólares, hoy, unos 245 millones de pesos.

Su modus operandi, consistía en una gran puesta en escena digna de un guionista de cine.

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El truhan

Fernando Machado nació en marzo de 1975 en San Martín, provincia de Buenos Aires. Supo vivir en Mar del Plata y en Bahía Blanca en los 90, donde tuvo a su hijo Mauro, al que entrenó desde adolescente en las artes del engaño.

Cuando el siglo XX expiraba y el XXI nacía desembarcó en la siempre prometedora provincia del Neuquén donde la actividad petrolera manda y todo negocio vinculado al oro negro es un augurio de prosperidad.

Machado, de tez trigueña y pelo cano, tiene una mirada tan desdeñosa como evasiva, propia de los mentirosos compulsivos que gozan de cierta habilidad en el uso de la palabra y saben leer a sus víctimas en tiempo real.

Ambición, avaricia, manipulación, falta de empatía y narcisismo son sus rasgos característicos, algunos de ellos propios de un psicópata integrado.

Machado supo utilizar su inteligencia para atraer a sus víctimas y así obtener plata fácil.

En el análisis criminológico, las víctimas no son del todo inocentes porque buscan sacar rédito de un negocio que ofrece demasiadas ventajas o cuyo valor es llamativo de mínima y lo saben. No obstante, en algunos casos las historias detrás de la estafa son desgarradoras.

En ese caudaloso río de la oportunidad es donde Machado arrojaba su anzuelo y muchos fueron los que picaron.

En las 800 horas de escucha que tuvo la investigación, hubo una frase recurrente que Machado les lanzaba a sus víctimas cuando se cansaba de darles excusas y quería amedrentarlos: “¡No sabés con quién te metiste! ¿Querés comprar barato? ¡Jodete!”.

Así, Machado puso en palabras el pensamiento en estado puro de un estafador.

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La investigación

Los viejos investigadores de la Policía lo recuerdan bastante bien a Machado y aseguran que para 2011 “el tipo era famoso por sus estafas”.

Como el delito de estafa es complejo, debido a que no hay nada legal firmado, solo está la palabra de la víctima narrando que le entregó dinero a su victimario.

Se puede advertir que fue engañada, pero no forzada, entonces ahí se ingresa en una zona gris desde lo legal.

Lo cierto es que, con la puesta en marcha del Código Procesal Penal, en enero de 2014, el Ministerio Público Fiscal creó varias unidades fiscales entre ellas la de Delitos Económicos.

La persecución penal tuvo mayor visibilidad y este ejercicio obligó a que los fiscales desarrollaran nuevas estrategias para avanzar sobre los criminales.

Machado significó un quiebre dentro de la Unidad Fiscal de Delitos Económicos que tenía dos equipos de trabajo. El fiscal jefe Pablo Vignaroli se reunió con los fiscales Marcelo Silva y Marcelo Jara porque le llamaba la atención la cantidad de causas en las que se venía repitiendo el apellido de Machado.

Tras esa reunión, se resolvió unificar las causas que tenía cada equipo y avanzar sobre el estafador para lo que se requirió de la mano de obra del Departamento de Delitos Económicos de la Policía.

La cantidad de estafas fueron 29, pero en el camino “quedaron muchas que no se denunciaron y otras en las cuales las víctimas desistieron de la denuncia porque Machado les prometía devolver el dinero a cambio de que retiren la denuncia”, confió una fuente judicial a este medio.

El tipo cagaba a diez y cuatro le venían a reclamar. Si se ponían insistentes, a esos les devolvía parte de la guita. Como todas sus víctimas eran de otras provincias muchas veces desistían por el desaliento que les generaba tener que viajar para denunciar o estar presente en algunas medidas”, detalló un viejo pesquisa.

Una verdad que es absoluta en los casos de estafas: las víctimas solo quieren recuperar el dinero o el bien adquirido, la suerte que corra el truhan que los embaucó poco les interesa.

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Modus operandi

Más que ser, hay parecer y si está bien armado, es creíble. Todo eso, depende un buen trabajo de logística y de caracterización de cada uno de los integrantes de la organización. En ese terreno, Machado y su banda hacían la diferencia.

Sobre esas bases se fundaba el simulacro que montaban para ganarse la confianza de las víctimas.

Todo comenzaba con un aviso en los portales OLX y Mercado Libre, donde promocionaban, por lo general camiones, grúas, mini cargadoras y volquetes.

Una particularidad de la maniobra, era que cuando el cliente tomaba contacto por mensaje dentro de Mercado Libre, Machado le pasaba un número de celular para sacarlo del ecosistema seguro que ofrece la reconocida plataforma de compra-venta.

Una vez que lo contactaban, solía dar una identidad falsa, los nombres con los que encabezamos la nota fueron los más utilizado. En su relato soltaba indicios que daban cuenta que trabajaba vinculado a las petroleras. Solía hablar de que su empresa Alto Paraná o Alto M&M, dedicadas al movimiento de suelo, tenía que renovar la flota porque en los yacimientos debía ingresar con camiones de menos de diez años, por ese motivo estaba liquidando el que había puesto a la venta.

En verdad, el precio estaba hasta un 40 por debajo del valor de mercado por eso se convertía en una oferta muy atractiva para el comprador que no se quería perder la oportunidad.

Todos los interesados eran de otras provincias (Río Negro, Santa Fe, Chubut, Córdoba, Tucumán, Buenos Aires, Misiones y Santa Cruz) esto le daba la ventaja y la víctima estaba a la deriva. Además, sabía que el factor distancia para una acción legal era un elemento desalentador.

A los interesados en los vehículos los hacían venir a Neuquén, tras pautar una fecha. La víctima se alojaba en hoteles económicos y ahí comenzaba la puesta en escena.

Los podía citar en su vivienda de calle Alem casi Baigorrita o en un depósito en calle Caracas, en inmediaciones de la ex Ruta 22 pasando el aeropuerto.

En otras operaciones, citaba al cliente frente a la firma que comercializaba determinada marca de camiones y allí aparecía el camión ofertado, pero nunca entraban al edificio, todo era parte del engaño, del hacer parecer.

Las operaciones se terminaban resolviendo en la ostentosa vivienda de calle Alem. A las víctimas las hacía pasar por un acceso que los obligaba a transitar por el jardín de la casa donde había una piscina, un pequeño gimnasio y una RAM estacionada.

Como dijimos, la puesta en escena buscaba demostrar a la víctima que en verdad era un empresario solvente y confiable.

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Incluso, para garantizar la transación aparecían alguno de sus secuaces que fingían ser un comprador interesado, lo que apremiaba al forastero a querer cerrar la operación. Otro de los integrantes de la banda hacía las veces de abogado o de gestor que se encargaba de hacer firmar la documentación necesaria para que se produjera el desembolso de montos importantes y en efectivo.

Entre los integrantes de la banda, estaban su hijo Mauro, Walter Romano y Carlos Penroz. También participaron su ex pareja y la empleada doméstica que hizo las veces de testaferro de Machado de acuerdo a la documentación relevada durante la investigación.

Una vez que tenían el dinero, el personaje que hacía de gestor aludía la realización de algún trámite en AFIP o el Registro Automotor y le confiaba a la víctima que una vez que estuviera todo listo, es decir la transferencia, se reunirían para entregarle el rodado.

A partir de ese momento, desaparecían todos los integrantes de la organización.

El comprador solía insistir un par de días por lo que les daban distintas excusas y en algunas ocasiones enviaron a sus víctimas hasta Rincón de los Sauces para que les entregaran el vehículo.

Al llegar a localidad petrolera descubrían que la dirección no existía y que habían caído en un ardid por el cual perdieron todos los ahorros.

Hubo un hecho bastante desatinado por parte de Mauro, el hijo de Machado, donde hasta encañonó a un cliente para que le entregar el bolso con el dinero.

Mauro había aprendido el oficio de embaucador desde adolescente y como tenía una contextura física grande, a los 16 años con identidad falsa y fingiendo ser mayor, firmó varios formularios de compra venta. Cuando llegaban las denuncias, descubrían que no se podía articular nada, porque el victimario era menor de edad.

Algunos padres les transmiten valores y principios a sus hijos. Fernando a Mauro, le legó el embuste como forma de vida.

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La caída

Entre 2014 y 2017, la organización fue investigada por el Departamento de Delitos Económicos, lo que conllevó no solo cientos horas de escuchas, sino de un gran despliegue en el territorio con todo tipo de tareas que permitieron identificar al detalle el modus operandi de la banda de Machado.

Todos los elementos reunidos concluyeron con un megaoperativo donde allanaron distintos domicilios y depósitos, secuestrando 55 vehículos, entre ellos autos de lujo, camiones con volquetes, camiones para transporte de áridos, motocicletas, cuatriciclos, lanchas, camionetas todo terreno y hasta motos de agua.

En uno de los allanamientos de calle Caracas ingresaron a un motel que administraba la pareja de Machado de ese entonces. El motel había sido alquilado y desde hacía meses no cumplían con el contrato por lo que la dueña pudo finalmente recuperar el edificio.

Se sospecha que parte del dinero que les ingresaba por las estafas, lo blanqueaban introduciéndolo por el motel. Todo era muy redondo para Machado.

Los elementos reunidos, en noviembre de 2017, permitieron que se le formulara cargos a la banda por asociación ilícita y estafas reiteradas.

El mayor logro, tanto para la Policía y la Fiscalía, fue dejarlos con prisión preventiva. Al día de hoy, es un antecedente casi único para lo que son las investigaciones por estafas.

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Convenio de libertad

La investigación a la organización criminal de Machado y compañía era contundente. El embaucador sabía que, si avanzaban, iba a tener que pasar unos largos años en la cárcel, por ese motivo contrató a uno de los abogados más caros de Neuquén: Gustavo Palmieri.

El letrado supo jugar sus cartas obteniendo la prisión domiciliaria y luego convenció a su cliente para arreglar con las víctimas y así podr cerrar un convenio con la fiscalía para evitar ir preso.

“La fiscalía siempre impuso dos condiciones: por un lado, la aceptación de las víctimas y la reparación económica y, por el otro, la imposición de penas en suspenso”, contó en su momento Vignaroli a LMN.

No fue complicado acordar con las víctimas, todas estaban desesperadas por recuperar su dinero (a valor actualizado) o el bien adquirido.

En agosto de 2020, el estafador ya había cumplido con una parte del convenio que era hacerse responsable del delito y pagar a las víctimas.

En total, el embaucador tuvo que desembolsar 12.289.824 pesos y 74 mil dólares. Entregó tres camiones y una máquina vial como resarcimiento a las víctimas.

A partir de ahí, la defensa de Machado ensayó una jugada para escapar de la condena en suspenso con la idea de obtener una probation y así evitar el antecedente penal.

La fiscalía avanzó con la audiencia de control de acusación, en septiembre de 2020, cuando solo importaba la pandemia.

En su favor, los fiscales tenían el convenio firmado y cumplido, por lo que, si en esa audiencia la defensa se negaba a las condenas e insistía con una probation, la fiscalía llegaría a juicio con el convenio de responsabilidad en mano y suficientes pruebas para mandar a la banda tras las rejas.

Finalmente, los cuatro integrantes de la organización recibieron penas en suspenso: Fernando Machado 2 años y 3 meses; a su hijo Mauro, un año; a Carlos Penroz, 2 años; y a Walter Romano, a un año y 6 meses.

En la actualidad, todos cumplieron la pena. No obstante, ya cuentan con el antecedente de la condena en suspenso, esto quiere decir que, si son procesados y condenados por otros delitos, se les declara la reincidencia y van a tener que ir a prisión.

Tras recorrer la carrera criminal del embaucador, les pregunté a fuentes judiciales y policiales si ellos recomendarían hacer algun negocios con Machado. Me miraron, sonrieron y se fueron caminando meciendo la cabeza. ¿Qué me habrán querido decir?

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