Los profes que terminaron armando su propio club

La nueva institución del oeste es dirigida por una CD compuesta por los todos los docentes que comandan a los equipos en fútbol, vóley, handball y hockey.

La pasión los movilizó a armar un club a la medida de sus pensamientos. Cristian Servera, el profe que supo transitar torneos federales de fútbol con Cipolletti y Maronese, dio el puntapié inicial en el 2013.

El espacio de arranque fue un predio de canchas de fútbol 5, próximo al Río Grande, en la vecina Neuquén.

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Esa cercanía con el curso del río le terminó dando el nombre a la escuelita para niños, que poco a poco comenzó a mutar hasta terminar siendo un club, por la demanda de los propios colegas que se fueron sumando al proyecto.

El año pasado, personería jurídica le otorgó tal denominación, luego de que la aparición de disciplinas, como el vóley y el handball, actuaran de punta de lanza en la rama federada. Sin dudas fue un ante y un después en esta joven institución que está perfilada a crecer por el camino más largo de todos, desde infantiles a la divisiones superiores.

Hoy, Río Grande funciona en el complejo capitalino del oeste, lindero al estadio Ruca Che, con 350 deportistas-socios que le dan vida cada semana y ahora esperan que se termine la cuarentena para volver a las actividades.

Sostén

"El club son, literalmente, los socios. Nosotros tuvimos la idea, dirigimos, ponemos las pautas y decidimos comenzar por construir las bases sólidas", explicó Servera.

Ideólogo e integrante de la Comisión Directiva, la particularidad de Río Grande es que los mismos entrenadores y profes que están frente a los grupos de todos los jugadores se sientan en la mesa de las decisiones.

Con ese mismo criterio actuaron durante el aislamiento, coordinados. Cada uno edita y sube videos en todas las redes sociales, bajo las mismas pautas. Con los más grandes, planteles superiores y juveniles, se emplea la aplicación Zoom, tan renombrada por estos días. Según el horario son los ejercicios específicos de cada deporte.

"Todo esto fue sacarnos a los profes y entrenadores de campo de nuestra zona de confort. No fue fácil, pero nos propusimos meter al club en cada casa, con un criterio", sostuvo el responsable de la institución.

En el camino también hallaaron muy buenas respuestas, respecto del apoyo familiar y el pago de las cuotas.

"Lógicamente que se vio muy trastocado el porcentaje, pero procuramos cubrir los gastos básicos, como son los salarios, y apostar a sostener una estructura que terminó funcionando con 350 jugadores", comentó.

Llenos de incógnitas, la vuelta a la "normalidad social" marcará un nuevo punto de partida para todos.

Un espacio multidisciplinario

De una escuelita de fútbol a superar las 300 personas asociadas.

El proyecto que nació al sur de Neuquén capitán se terminó de afianzar en el oeste y actualmente compite en torneos federales de handball, para este 2020 tiene confirmada su inscripción en el vóley y la categoría 2004 (completa) representa a Villa Iris en Lifune.

Entre los proyectos a mediano plazo está la misión de llegar al fútbol federado, pero apoyado en bases sólidas ya que Río Grande no tiene apoyo gubernamental ni de privados.

El gran desafío es mantener el número de socios que había antes del aislamiento.

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