Las dos caras de la marea en la playa de Las Grutas
El comportamiento del mar en Las Grutas es tan caprichoso que todos los días ofrece dos paisajes diferentes, un prodigio que asombra y maravilla a los visitantes.
La marea baja descubre enormes extensiones de arena donde se puede transitar e instalar los enseres veraniegos, como en Las Grutas. En cambio al subir, al llegar la pleamar, esos terrenos se cubren totalmente de agua y permiten un escenario apto para la circulación de barcos y lanchas.
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Hay sectores en que la amplitud es mucho más notoria. Uno de ellos es la Mar Grande, el balneario ubicado cerca de San Antonio Oeste, donde el agua suele retirarse hasta cerca de dos kilómetros.
En la ría de la misma ciudad, que baña la parte norte del ejido, el fenómeno es similar.
Los pobladores saben los movimientos ordenados por la naturaleza. De eso depende la pesca industrial, la artesanal y deportiva, y también las posibilidades de esparcimiento.
Los turistas que desconocen este acontecimiento suelen contemplar asombrados los barcos que reposan en el muelle en un piso totalmente seco y hasta dudan de la capacidad de recomposición del mar que permitirá el nivel de flotación.
La bajamar
Al descender el mar, en la ría queda un enorme espacio de arena húmeda, plagada de una multitud de orificios que albergan a pequeños cangrejos. Durante horas, el agua residual escurre hacia pequeños arroyos que se forman caprichosamente, los que derivan en el gran canal que sigue fluyendo hacia mar abierto y donde permanecen los peces que quedaron relegados.
La técnica más efectiva para capturarlos es con la utilización de la red o trasmallo. Se capturan cornalitos, y pequeños sargos y lenguados.
La pleamar
Al subir la marea se forma un enorme y calmo espejo de agua salada que apenas permite ver la costa opuesta. Como es poco el oleaje, es ideal para nadar, pescar desde la costa y navegar en bote o canoa. Es en esa circunstancia que zarpan y arriban los barcos pesqueros de hasta poco más de 20 metros de eslora (largo) que navegan el golfo rionegrino.
Las ofertas se convierten en obstáculos
Como en los grandes centros urbanos, donde los comerciantes hacen uso de la vía pública a su antojo, en Las Grutas está sucediendo lo mismo. En distintos locales sacan a la vereda percheros con prendas de vestir, anteojos, bolsos, gorras y juguetes, entre otros productos. Incluso en uno de los negocios hasta colocan conos para el control de tránsito, como para evitar que los vehículos estacionen allí. El problema es que generan inconvenientes a los peatones. Uno comenzó con la modalidad y ahora otros lo están imitando.
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