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Ingeniero César Cipolletti, la importancia de su obra

El desarrollo de los canales de riego de Cipolletti abrió las puertas y compuertas al porvenir de la Colonia Lucinda, y de la Argentina.

Estas tierras promisorias de la Norpatagonia están circunscriptas a la vida de sus fértiles tierras y regidas por su regadío. Apenas finalizada la ocupación de las tierras los agrimensores comenzaron la tarea de la mensura de las tierras y el trazado de canales para el riego, uno de ellos arrancaba del río Neuquén, a dos leguas arriba de Confluencia y llegaba hasta el pueblo de General Roca: se puso en servicio en 1886. Lentamente se fueron sembrando.

Un hecho trascendental que vino a completar la historia de este terruño fue la llegada del ferrocarril. Creado por decreto del 1 de junio de 1899, se inauguró unos años más tarde. Una gran crecida del río Negro impidió a la comitiva del presidente Roca llegar al pueblo que lleva su nombre, por lo que el acto debió realizarse en la estación Chimpay.

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Esta crecida de los ríos hizo que la construcción del puente de cruce del río Neuquén, -bravío, arrogante- hizo que ofreciera resistencia, hasta que el 12 de julio de 1902 se habilitó el puente y la estación ferroviaria Neuquén. En este lugar se recibían carretas, en arreos de mulas, en caravanas y tropas, los cueros y las lanas, las pieles. La población estaba compuesta de trabajadores del ferrocarril, troperos, estancieros, comerciantes, pocas mujeres. Vivían en modestas casitas de palo y barro.

Ya se encontraba como principal comerciante don Miguel Muñoz, que informó sobre la construcción de un canal de riego que iba a habilitar para la agricultura muchas hectáreas de campos. En 1902 se inició el canal que se llamó Lucinda, como hemos dicho en otras oportunidades, en honor a la esposa del Coronel Manuel Fernández Oro, compañera inseparable de sus destinos militares. Según relato de Gabriel Carrasco, que escribió la obra De Buenos Aires a Neuquén el canal se comenzó grande y grande fue la superficie que se pensó regar, unas treinta mil hectáreas. Ya en 1910 había cerca de dos mil hectáreas bajo riego. Como encargado de riego estaba Juan de Dios Sepúlveda: dirigían Jorge González Larrosa y Luis Casterás, que recorrían y atendían extensiones regadas, de grandes superficies.

El ingeniero César Cipolletti

César Cipolletti fue un italiano nacido en Roma en 1843, se había casado con Ida Grossi. Realizó sus estudios universitarios en la Universidad Romana, se recibió primero de agrimensor y luego de ingeniero hidráulico. Proveyó de agua a las ciudades de Parma, Vicenza y Milán bajo la supervisión de afamados ingenieros. Trabajó por el término de una década en Europa con gran reconocimiento, incluyendo varias obras en Italia, y luego viajó a la Argentina. Pionero en presentar un vertedero para determinar la cantidad de agua que se vierte, conocido como Vertedero Cipolletti. Sus obras trascendieron fronteras y fue invitado a la Argentina.

Acá desarrolló obras hidráulicas en distintas provincias como Mendoza, que tenía grandes problemas de riego ya que se perdía el 30% del agua de los ríos. Además, trabajó en San Juan y Tucumán. En esta región la irrigación no prosperaba y en 1899 el Presidente Julio A. Roca le encargó la tarea de elaborar un proyecto y riego y la parcial regularización del régimen del río Negro, para aprovechar convenientemente las aguas del río Limay y sus afluentes, y los ríos Neuquén, Colorado.

Sus estudios fueron reconocidos y recibió el Primer Premio en la Exposición Internacional de Milán. Dice el libro Cipolletti, calles y espacios verdes: “Supo unir a los elementos de la técnica los ilimitados recursos naturales y crear la compleja trama de represas, saltos y canales” que permitieron convertir estas tierras en un gran jardín. Al poco tiempo, en 1900, volvió a Italia, donde fue contratado para canalizar y hacer navegable el río Tíber. Por toda su labor el rey Víctor Manuel III en 1906 le dio el título de “Comendador de la Orden de los Santos Maurizzio y Lázaro”.

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Presentó un amplio trabajo sobre los ríos negro y Colorado en la exposición de Milán y otro en La Haya. Al año siguiente, el presidente Figueroa Alcorta encargó a Ezequiel Ramos Mejía, embajador, para que lo contrate nuevamente para dirigir la obra de irrigación del valle del Río Negro, secundado por afamados colegas. En enero de 1908 se embarcó en el vapor Tomaso de Savoia, en el que se le presentó un problema hepático agudo complicado por la diabetes: murió en las Islas Canarias. Su cuerpo fue embalsamado y sepultado en la Recoleta. En 1971 fue llevado a Mendoza al panteón familiar junto a los restos de su esposa, y en noviembre en el mausoleo al pie del monumento erigido en el dique Cipolletti a orillas del río Mendoza. Tuvieron cinco hijos: Pedro, Luis, Benedicta, Emilio y Pío.

Sus colaboradores pusieron en práctica los planos que había elaborado el Ingeniero, pero esas obras no fueron terminadas en su totalidad.

En marzo de 1910 se inauguraron las obras del dique Cordero, hoy dique Ingeniero Ballester, sobre el río Neuquén y el canal desviador de exceso de crecientes. En ese acto estuvieron presentes el presidente José Figueroa Alcorta y Ezequiel Ramos Mexía. Esta obra se finalizó en 1916, produjo gran impacto en la economía de la región.

No detallamos todas las obras de riego, varios canales de desagüe completan la red de riegos. En el libro publicado por el Rotary Club al pueblo de Cipolletti en el cincuentenario dice: “Quiero invocar el nombre del ingeniero Cipolletti: uno de sus primeros trabajos como ingeniero hidráulico fue el de la modernización o reajuste de la red del canal Villoresi en la Lombardía. Preocupado por corregir la mala distribución inventó el medidor que se ha llamado después en la técnica mundial el vertedero Cipolletti, que consiste en una escotadura en una plancha con los bordes laterales inclinados, de modo que el caudal que pasa es proporcional al ancho de la plancha en su base y por supuesto dependiente de la carga de agua. Con la multiplicación de medidores en la red consiguió una de las mejoras más requeridas de distribución equitativa y cierta”.

Monumento al ingeniero César Cipolletti

Está situado en la rotonda de Mengelle y Moreno. Fue realizado por el escultor argentino Luis Perlotti, profesor de arte, con premios internacionales, fallecido en 1969. Esta construido sobre una gran base de granito de 3 metros de altura, a lo que se suman dos metros de bronce de la estatua, lleva en sus manos el teodolito –aparato para mensurar- y las carpetas de sus trabajos. En los laterales observamos placas de bronce con escenas en sobrerrelieve. En el granito tiene grabadas hermosa frase –que es muy difícil de leer, hoy, debido al desgaste del tiempo y a manos anónimas que escribieron. Dice así:

“El pueblo de Cipolletti al Ingeniero César Cipolletti -1947”.

“Se identificó con la ciencia y el trabajo y abrió por obra de la civilización del agua nuevos cauces al progreso de la tierra adoptiva”.

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Grandes hombres y mujeres engrandecieron estas tierras. Pero pocos como este ingeniero tan inteligente y trabajador, cuyas obras son sin duda de las más importantes de la región. Nuestro más profundo recuerdo para este señor, al que la región le estaba tan agradecida que no dudó en bautizar a ese naciente pueblo con su nombre.

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