Héctor, el emblemático agenciero que lo apuesta todo por sus vecinos
En la plaza del barrio 1200 Viviendas, ubicada en Esquiú y Primeros Pobladores, una pequeña -pero cálida- agencia de quiniela destaca en el medio del paisaje. Con sus inicios el 3 de octubre del 1986, Héctor Luis de los Santos (69), su dueño, celebró días atrás los 36 años de vida de su negocio.
Siendo un ex empleado de la extinta tienda de ropa dedica a la indumentaria masculina -en la cual arrancó cuando tenía apenas 15 años como cadete y permaneció allí durante poco más de dos décadas, en donde logró ascender a vendedor-, su devoción por satisfacer las necesidades del cliente, como así también el gran apoyo de su familia, lo llevaron a seguir adelante y darle rienda suelta a la gran idea que tuvo cuando su salud se deterioró.
Es que justamente hace 36 años, y luego de haber sido diagnosticado en primera instancia de una esclerosis múltiple (tiempo después conoció que en realidad parecía una mielina transversa, lo cual poco a poco iba dificultando su movilidad dentro de aquella tienda de ropa), apostó por un retiro, para luego poder continuar con su emprendimiento, el cual, hasta el día de hoy, lleva adelante principalmente por una cuestión personal que monetaria.
“Decidí retirarme y el gerente del local me ayudó a conseguir por intermedio este lugar, a través de uno los clientes: Caldiero (padre), que era uno de los integrantes del gobierno de ese momento”, contó Héctor en diálogo con LMCipolletti. Y luego continuó: “Empezaron a buscar lugares hasta que conseguí la plaza, que me quedaba muy cerca de mi casa. Pero para ese entonces no había muchas casas, me acuerdo que recién se había terminado el plan de viviendas que está enfrente”.
Si bien en ese momento aún no usaba silla de ruedas, de a poco la enfermedad fue avanzando, por lo cual, por su seguridad, comenzó a utilizar, y con ello cambió completamente su forma de vida. Con cambio apareció la terapia, y en ese espacio fue que se dio cuenta que necesitaba seguir atendiendo aquella vocación que había aprendido durante su adolescencia, en donde se incluye la atención al público, de la mano de la presencia, la elegancia y la cortesía.
Sabiendo que su movilidad iba a ser reducida por el resto de su vida, Héctor entendió que tenía que buscar una opción en la que él no tuviese que moverse mucho. Fue así que apareció la idea de tener una agencia de quiniela, ya que sólo le requería estar frente al aparato, y en los horarios de los cierres de los juegos de azar, era su padre quien llevaba la máquina a la casa central.
“Hasta el momento que abrí el local, sólo había ido una vez al casino, dos años después de haberme casado. Después entre una vez al casino de Neuquén, también una vez en Mar del Plata y fui al de Cipo una sola vez, pero después no había tenido mucho contacto con los juegos de azar. Yo pensé en esto principalmente porque no requería de muchas cosas; la construcción, que la levantamos con el dinero que me dio la empresa y algo más que juntamos, y la máquina para hacer las quinielas”, confió.
Aunque no le fue nada fácil este recorrido de 36 años -con robos, perdidas más que dolorosas y la constante atención de su salud-, Héctor asegura que para él lo más importarte de todo son sus clientes, con quienes ya tiene un trato familiar.
“Hay que prestarle atención al cliente y ser respetuoso con ellos, incluso con horario. Y claro que yo tengo mi clientela, que me cuida mucho, porque a veces cuando falto me preguntan por qué no vine. Y puede yo que haya tenido que ir al médico, pero si ven que el local está más de un día cerrado, se empiezan a preocupar”, comentó.
A su vez, Héctor aseguró que no es dueño de una gran subagencia de quiniela, por lo que jamás vendió ningún premio importante, pero relató que años atrás vendió un Telekino ganador de un auto 0 KM a una de sus clientas.
La familia, la base de todo
Pese a que los clientes son una parte fundamental de su estilo de vida, su familia es la base de absolutamente todo, y su emoción lo demuestra.
“Dentro de todo, más o menos la voy llevando. No digo que se supera a la enfermedad. Me acostumbré a convivir con ella, pero es sobre todo importante el apoyo familiar. Mi señora estuvo a la par mía siempre. Desde que teníamos un solo chico, y después vinieron dos más. Así que nos cuidaba a los cuatro. Es a ella a quien le debo todo”, expresó más que feliz Héctor.
Con sus hijos ya adultos, ellos también están pendientes de todo lo que pueda a llegar a necesitar su padre. “Ellos quieren verme en actividad siempre. En lo pueden ayudan. Por ejemplo, en pandemia, yo estuve mucho tiempo sin salir y eso me estaba haciendo mal, así que ellos instalaron este vidrio protector, para que yo pueda seguir atendiendo a los clientes y que mi salud no se viera afectada. Pero ellos están en todo, como así también mis nietos”, contó.
Una colecta y un sueño
No existen ciudades en el país que estén completamente adaptadas para las personas con discapacidad o en sillas de ruedas y el barrio 1200 Viviendas no es la excepción. Por sólo un tramo de menos de cuatro cuadras que no están asfaltadas, Héctor se ve obligados a usar un taxi constantemente para trasladarse, o bien a recurrir a su esposa o hijos para que lo trasladen. Esta última opción no la usan frecuentemente por una cuestión de seguridad.
Sin embargo, a esta situación se le suma el del tipo de silla que usa el agenciero. Es que con otro tipo podría tener completa independencia, sin necesitar de ningún vehículo o persona. Por eso es que sus hijos comenzaron una colecta familiar para poder comprarla, pero -dado los costos- decidieron abrirla para todos aquellos que quieran colaborar con Héctor.
Según explicó Maximiliano, su hijo, la idea es comprar un dispositivo que convierte a la silla en una especie de triciclo (llamado Toruk), con lo cual su padre podría movilizarse sin problemas. El mismo fue creado por el atleta argentino paralímpico Enrique Plantey y, casualmente, una masajista que lo atendía también fue terapeuta de Héctor.
Esto conllevaría el cambio de su actual silla de ruedas, a la cual no se le podría instalar esta pieza, por lo que el total de la compra superaría ampliamente el medio millón de pesos (aproximadamente 200 mil para la silla y unos 400 mil para el Toruk).
“La realidad es que queríamos hacer una colecta familiar para comprarle este adaptador, pero dado los costos, decidimos abrirla a todos aquellos que quieran colaborar. Tal vez quienes conocen a papá y le tiene cariño y aprecio quieran sumarse a la causa”, contó Maxi.
Quienes estén interesados en colaborar, pueden hacerlo llamado al 0299155247567.
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