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Familia de inmigrantes alemanes de amplia trayectoria en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, narraciones hermanadas por su historia

La familia de Bernardo Herzig llegó al valle desde un poblado cercano a Frankfurt. Un repaso de su historia.

A través de la memoria de sus descendientes, podemos reconstruir la historia del arribo de muchas familias de inmigrantes a poblar la Norpatagonia. Este es el caso de la familia de Bernardo Herzig, que se inició con Agustín Herzig y María Laner, que vivían en Fulda, cerca de Frankfurt (Alemania) y tuvieron varios hijos, entre ellos Bernardo (abuelo de Alejandra, la autora de los recuerdos), que nació en 1888.

La Ley del Mayorazgo que existía en Alemania no lo benefició, entonces, en 1910, al finalizar el servicio militar, decidió venir a la Argentina, a un lugar muy promocionado por esos años que era el Valle del Río Negro. Así llegó a Allen para trabajar durante un año en la estancia de un compatriota suyo, Hans Flugel.

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Luego ingresó a trabajar como administrativo en la chacra de Alberto Peuser (hijo de Jacobo Peuser, el dueño de la editorial). Por problemas económicos, en 1913 Peuser remató la mayor parte de las 300 hectáreas de su campo y don Bernardo, con sus ahorros, producto de su trabajo y una pequeña herencia que le llegó de Alemania, compró el Lote 8, de 14 hectáreas. (que luego le vendió a Rímmele, otro compatriota suyo), el 10 de 13 hectáreas, el 11, de 10 hectáreas, y otro de 25. Así dio inicio a su propio establecimiento, al que llamó Fulda, pero los lugareños, pensando que él confundía las palabras por ser alemán, lo terminaron denominando La Falda. Estos terrenos, que ya estaban emparejados por él, los explotó con alfalfa y otras forrajeras para mejorar la tierra y luego los plantó con viñedos de Malbec y Torrontés Riojana hasta cubrir toda la superficie.

Simultáneamente, adaptó una vieja construcción que se hallaba en esos terrenos y que había sido la “caballeriza” de Peuser, la recicló y la mejoró para convertirla en una bodega que con el tiempo llegó a elaborar hasta un millón de litros de vino. En aquel momento le ofreció a Peuser ser parte de ese emprendimiento, pero este, por razones que desconocemos, no participó. La crisis vínica de 1932 lo obligó a cambiar los cultivos por manzanos y perales: convirtió así al establecimiento en frutivitivinícola. Para guardar los vinos y obtener una mejor calidad importó de Francia toneles de roble de Nancy que aún hoy permanecen en el lugar con todas las instalaciones de antaño.

Hacia 1916 se casó con Felisa Mercedes París, cuya familia de origen francés ya estaba radicada en Cipolletti desde 1906. Su hermano Juan María París, en 1919, fue Presidente de la primera Comisión de Fomento junto con don Agustín Bardi y el Doctor Carlos María Reyna.

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“Yendo a caballo, mi abuelo un día, vio una gran columna de humo que provenía del almacén de Ramos Generales de la familia París que se estaba incendiando, así conoció a la que luego sería su futura esposa, mi abuela” recuerda la nieta de Bernardo.

Otro de los muchos trabajos que realizaba Bernardo era el emparejamiento de tierras. Se había hecho de una tropilla de caballos y rastrones con los que emparejaba las chacras de muchos propietarios del Valle. Según contaba su esposa salía a las 4 o 5 de la mañana en un sulky hacia Plottier con todos los implementos de trabajo. El sonido de los cascos de los caballos, a la noche muy tarde, anunciaba su regreso.

Con deseos de seguir creciendo adquirió 300 hectáreas en Coronel Belisle: fundó la colonia agrícola La Alianza y además en San Martín de los Andes compró a una familia muy conocida de esa localidad de apellido Ragusi, un aserradero llamado Ruca Ñire (casa del zorro) para procesar rollizos de los bosques cordilleranos. En su actividad pública participó en la creación de la Plaza San Martín de nuestra ciudad cipoleña. Entre 1927 y 1930 fue Comisionado Municipal de Cipolletti y propuso en esa gestión ponerles nombre a las calles del pueblo: Fernández Oro, Centenario (actual Brentana), San Martín, Roca, etc. Fue director del Banco de la Provincia de Río Negro y Neuquén durante 20 años. Fue socio fundador, en 1926, del Club Cipolletti y en el año 60 de la Aseguradora de Río Negro y Neuquén. En 1933 donó el terreno y los recursos (dos aulas) para crear la Escuela Rural Nº 121 del Paraje La Falda, que se inició con 23 alumnos y también brindó su apoyo para crear el Colegio José María Brentana. Su distracción y hobby fue la pesca con la que obtuvo muchas satisfacciones.

El matrimonio Herzig siempre vivió en La Falda con sus dos hijos: María Cecilia y Jorge Bernardo (ambos fallecidos). Cecilia y Jorge hicieron la primaria en la Escuela Nº 53, ambos iban a caballo y los ataban en un palenque que había frente a la Iglesia. Cecilia se casó con un abogado pampeano, Enrique Mario Suárez (ya fallecido) y del matrimonio nacieron: Enrique Bernardo, Sergio Mario y María Laura.

“Mi papá, Jorge Bernardo, hizo parte de la secundaria en el Don Bosco de Bahía Blanca y luego del servicio militar administró junto con su padre el establecimiento y la bodega hasta su muerte en 1970. Se casó con Eva Alejandrina Peri, hija del Gobernador de Neuquén Coronel Bartolomé Peri.”

“Mi abuelo Bernardo falleció en 1971 a causa de la gran pena que le había causado la muerte de su hijo Jorge (mi papá) un año antes. En esa dolorosa circunstancia se ponen al frente de todo mi tío Enrique Suárez, mi hermano Jorge y mi primo Tico Suárez, que eran muy jóvenes. Finalmente, la bodega debió ser cerrada luego de tres desastres climáticos (una pedrea y dos heladas) que en tres años destruyeron las cosechas del Valle y así en homenaje a mi abuelo, mi hermano Jorge (fallecido recientemente) la transformó en Bodega-Museo para el turismo”.

“Mi abuelo fue un gran hombre y un gran ejemplo para todos nosotros, sus nietos, de esfuerzo, perseverancia e inteligencia”.

Historias de trabajo, esfuerzo, tesón que contribuyeron a engrandecer las tierras valletanas. Hoy los homenajeamos y honramos recordándolos y contando su valiosa historia a todos quienes quieran leerla, para conocer la tarea de aquellos intrépidos hombres.

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