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El valor de cuatro comidas diarias

Los alumnos de la Escuela 50 del barrio María Elvira reciben el desayuno, un refuerzo, el almuerzo y la merienda. Desde la institución continúa el reclamo para que solucionen los problemas en el edificio.

Son 125 chicos los que concurren a este colegio de la zona rural de Cipolletti.
 
La Escuela rural Nº 50 de Cipolletti, ubicada en el barrio María Elvira, es un lugar que, más allá de impartir conocimientos a los niños que se dan cita diariamente en el lugar, hace las veces de segundo hogar.
Esta es una institución de Jornada Completa, donde concurren 125 chicos, quienes ingresan a las 7.50 y se retiran a las 15.50. En ese lapso se les proporciona cuatro raciones de comida, entre las que se contemplan el desayuno, un refuerzo, el almuerzo y la merienda.
En ese sentido, Rosanna Torres, directora de la institución, indicó que la contención brindada por la escuela es fundamental. “A este establecimiento concurren chicos de muchos barrios de la ciudad, incluso de Fernández Oro. La mayoría necesita esa contención, por lo que el rol social de esta escuela es muy importante”.
 
Talleres
En la institución, además, se dictan talleres que involucran a todo el estudiantado, entre los que se encuentran los de jardinería, juegos matemáticos, cocina, radio, artesanías y manualidades, educación sexual integral, convivencia, expresión artística, recreativo-deportivo de integración entre grados y carpintería. Además, los alumnos llevan adelante su proyecto de huerta, en el que trabajan cotidianamente.
Esta cantidad de actividades que allí se realizan no podría llevarse a cabo si no fuese por la voluntad de la comunidad educativa en general, y de los docentes en particular, quienes se hacen cargo hasta de cuestiones que deberían serles ajenas.
Las condiciones en las que se dictan las clases no siempre son las mejores, y así lo hizo saber la directora: “Ediliciamente no estamos bien, nos falta espacio. Vale como ejemplo mencionar que el depósito de la verdura y la carne es la sala de informática. Además tenemos un salón de clases de 3 por 5 metros, donde concurren 15 chicos todos los días”.
 
Crítica situación
Asimismo explicitaron otras carencias como las precarias instalaciones de gas, la pobre situación de la cocina, el improvisado alambrado olímpico que delimita el predio escolar con el cual muchos de los chicos se han lastimado y la ausencia de las familias en la escuela. “No todos-aclaran las autoridades- pero son pocos los padres que se acercan a dar una mano”.
Teniendo en cuenta los problemas manifestados, es que se vuelve indispensable, para el normal funcionamiento de la escuela, contar periódicamente con donaciones surgidas de la buena voluntad de sectores de la sociedad civil.
Al respecto, Gladys Rivas, secretaria escolar, destacó “la constante ayuda que recibimos por parte de la comunidad de Cipolletti, quienes nos ayudan, ya sea con cuadernos, herramientas, y demás elementos indispensables”.
En otro orden de cosas, las autoridades de la escuela valoraron la categoría de Jornada Completa que tiene la institución. “No somos una institución de Jornada Extendida, porque este es otro proyecto. Es nuestro y estamos orgullosos de eso”, destacó la directora.

La escuela, un lugar de refugio

La inequidad social, la violencia, el desamparo, muchas de estas situaciones se viven cotidianamente en distintos ámbitos de la sociedad cipoleña, al igual que en el resto del país.
Y el tiempo que pasan en la escuela es, en esos casos, un refugio en el que los chicos se abstraen de los distintos conflictos que deberán afrontar una vez que vuelvan a atravesar las puertas de la escuela, pero esta vez para volver a sus hogares.
“Hay mucha violencia y problemas sociales, pero son chicos muy buenos y afectivos", dijo, sin ocultar su congoja, la docente Gladys Rivas.
La secretaria escolar del establecimiento rural explicó que por esos desafíos y satisfacciones "nos encanta realizar este trabajo y no lo cambiaremos por nada en el mundo”.

Un almuerzo en María Elvira

Los niños y niñas se reúnen en el salón principal de la escuela. Entre risas tímidas y miradas cómplices todos esperan las anunciadas hamburguesas que hoy degustarán. La cocina, a pesar de su escaso tamaño, es el centro de operaciones en un horario cúlmine en la vida de la Escuela Rural Nº 50 de Cipolletti.
El ansiado plato llega y poco dura ante las feroces fauces de los niños. Repiten, algunos no. Los encargados de acercar el alimento a las mesas sonríen ante cada ocurrencia de los jóvenes, sin perder nunca el equilibrio, algo fundamental para su ocasional labor.
De a poco comienzan a finalizar y algunos, los más inquietos, se levantan de la mesa dejando sus platos relucientes, para emprender nuevamente una lúdica aventura.
Las actividades en la escuela vuelven a centrarse en las aulas. Los alumnos de los grados superiores son, ahora, quienes llegarán al salón principal para realizar el mismo ritual, el cual no pueden llevar a cabo todos juntos, por la falta de espacio.

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