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El hincha de Cipo que nació en Boedo

Sebastián Vargas es porteño y, a la distancia, surgió de forma inexplicable su amor por el Albinegro. Toda su familia es fana de San Lorenzo, pero él cambió de equipo.

Sofía Ibáñez

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En pleno barrio de Boedo, en 1988, Sebastián Vargas, con 9 años, ojeaba el diario del domingo buscando a Cipolletti. Por ADN estaba destinado a ser hincha de San Lorenzo, pero por esas cosas inexplicables del fútbol, empezó a nacer su amor por una camiseta con paradero a más de mil kilómetros de Buenos Aires. “La primera campaña que me pegó fuerte fue la del 91, que descendimos del Nacional B, con Saldico. Tenía una angustia terrible, veía que ese equipo jugaba bien y no se nos dio”, cuenta Vargas, que ya tiene 37 años y trabaja en la Anses, en el departamento de Diversidad Cultural.

Pero en ese entonces tenía 12 y el sentimiento hacia el Albinegro estaba definido para siempre. El Cuervo pasó a ser un club al que le tenía cariño. “Tenía 15 años e iba a ver a San Lorenzo con la camiseta de Cipolletti”, graficó.

Se enteró del cruce por la Copa Argentina mientras trabajaba: “Sonó el celular de gente que hace años no hablo para avisarme”, reveló. “Me sentí feliz de la vida, pero lo que más me molestó fue la pregunta: ¿quién querés que gane?”, reconoció Sebastián, y añadió: “Hasta me ofendía que me lo preguntaran, porque el que me conoce un poco sabe que soy enfermo de Cipolletti y que San Lorenzo sólo me cae bien”.

Y por ahora, mientras viaja continuamente por su trabajo, espera que se confirme la fecha del cruce. Ya se sabe de memoria el calendario y cruza los dedos para que no se enfrenten en una fecha en la que tenga que viajar por trabajo. “No me lo quiero perder,”, sostuvo Sebastián, el hombre de la bandera Boedo. Vargas ya calcula más de 100 viajes para ver al Albinegro. “Nunca algo negativo con Cipo, porque las derrotas son algo deportivo. No puedo elegir un solo momento, no sé por dónde empezar. Cuando le ganamos a Aldosivi, ese día se armó un poco de lío y toda la gente unida; en Córdoba, fue una tristeza enorme; Paraná, estuve en los dos. Siempre bien, alentando”, contó.

El primer partido que fue a ver a Cipo fue en el 91 ante Morón; al año a Sarandí contra Arsenal, y la primera vez que pisó La Visera fue en 1998 frente a Godoy Cruz.

Del diario del domingo y del ex programa de radio Rivadavia La vieja sólo fútbol, pasó a seguir a Cipo a través de la redes sociales, Cipo Pasión, Cipo TV. “Además tenemos un grupo de Whatsapp con los chicos de Buenos Aires. Estamos todo el día hablando de Cipo”, contó.

El momento deportivo por el que pasa el Albinegro está en segundo plano para Vargas. “Yo a Cipo no lo razono ni lo discuto, es amor por los colores”, afirmó el inusual hincha, a quien en el corazón de Boedo le dicen Cipo.