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El fantasma del terror llegó a Cipolletti

El atentado con bomba que mató al empleado municipal José Maciel trajo zozobra a la ciudad, castigada por la violencia más extrema.
Por OSCAR CARES LEIVA

Como si estuviera marcada por el destino, la ciudad se despertó durante la semana, una vez más en su historia reciente, al horror en su expresión más cruda, más cruel, más letal. La explosión que terminó con la vida del barrendero José Domingo Maciel no sólo pegó fuerte y resultó criminal, sino que también trajo a las calles cipoleñas el frío fantasma del pánico y el temor.
Sean quienes sean los autores, algo que todavía es materia de acuciosas investigaciones judiciales y policiales, lo cierto es que se trata de un atentado terrorista en el sentido más propio de la palabra. No porque esté detrás, necesariamente, una organización clandestina internacional, que es una de las hipótesis que se barajan, sino porque el fin de un hecho de estas características es principalmente causar terror.
Y terror es el que se ha instalado en la ciudad luego de la madrugada del martes en que el bombazo en la Escuela de Policía mató a Maciel. Un terror que se multiplica por el hecho de que el desastre pudo haberse ampliado si estallaba un segundo artefacto explosivo instalado en las afueras de las oficinas de Telefónica.
Como reconoció el intendente Alberto Weretilneck a su apresurado regreso desde Misiones tras unos truncados días de descanso, la ciudad ya no será la misma en adelante. Las conductas cambiarán. El miedo, en lo inmediato, ha derivado en una seguidilla de falsas alarmas de bomba en distintos puntos de Cipolletti. La gente teme y cualquier caja o bolsa abandonadas en la vía pública puede ser una trampa mortal. Cipolletti no merecía esto.
También temen, y mucho, los empleados del servicio de recolección de residuos y de barrido de calles. Maciel era su compañero de trabajo y terminó sus días de la peor manera. El trabajo nocturno que realizan y la necesidad laboral de levantar todo el tiempo paquetes de todo tipo y, para ellos, siempre ajenos, siempre de algún modo extraños, los condiciona para que su temor sea mayor. Y ahora más inmediato y mucho más real.
En su historia reciente, la ciudad ha sido castigada, como pocas en la región, por una serie de hechos terribles, irracionales, inexplicables. Y para peor, poco o nada esclarecidos casi todos ellos. Los dos triples crímenes, los asesinatos de mujeres profesionales, las muertes violentas de tantos jóvenes. Y ahora, como un nuevo estigma, un atentado con bomba mortal.
La desolación y la inseguridad más extrema cundirán mientras no se dilucide lo ocurrido. Sea una organización internacional con ramificaciones regionales, sea un mensaje a la provincia por la sangrienta represión de junio en Bariloche, sea un aviso mafioso contra la comuna, los cipoleños merecen saber cuanto antes quién fue y por qué, y que paguen los culpables. Sólo así podrá volver, lentamente y con el dolor a cuestas, cierta tranquilidad.