El cipoleño que rompe récords en fisicoculturismo

Nacho Solé cerró un 2018 pleno de éxitos en el país y en el Mundial.

En 2018 cosechó 10 medallas, tres copas y una estatuilla al mejor posador del torneo. Se llama José Ignacio Solé, pero todos le dicen Nacho, y desde que tiene 15 años entrena como fisicoculturista. Hoy tiene 40 y es una de las figuras de la disciplina en la región.

El cipoleño ganó la Copa Mercosur, el Mundial de Fisicoculturismo en Quito (Ecuador) y el torneo nacional que se realizó en Capital Federal, en diciembre. Por si fuese poco, ahora sueña con subir a los escenarios de las grandes ligas mundiales.

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Esa es la meta que se trazó para este año, y a tal efecto ya tramitó el carnet para ser un profesional de la IFBB (Internacional Federation of Bodybuilding).

“Empecé a entrenar a los 15 años. El hermano de una amiga tenía un gimnasio, un día me invitó y no paré más. Siempre me gustó. Todos los días me iba en cole a entrenar. Después vino la competición”, contó Nacho.

Comenzó en un gimnasio de Neuquén, que luego cerró. Y retomó su rutina en Cipolletti, en el gimnasio de otro fisicoculturista –Miguel Ángel Mora- conocido en la región como Lito, de quien aprendió mucho. “Ahí empecé a entrenar en serio. Tuve mi primer torneo como espectador en 1994, y al año siguiente ya quise estar arriba del escenario. Fue en General Roca, cuando tenía 17 años”, recordó.

Entrena desde los 15 y convirtió su hobby en una forma de vida. Es figura entre los competidores y tiene su propio gimnasio, en Alem 1450.

No fue fácil, claro, verse como en las míticas películas de Rambo que seguía de chico, con mucha atención. Es que al iniciar este camino pesaba 45 kilos y moldear su cuerpo le llevó muchas horas de entrenamiento, constancia y disciplina. “Ser fisicoculturista no es un hobby ni un deporte. No es solo entrenar y competir. Es mucho más que eso. Es un estilo de vida. Sos fisicoculturista desde que te levantás hasta que te vas a dormir”, explicó Nacho a LM Cipolletti.

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Las claves

Para lograr los resultados obtenidos y sostener una línea, complementa el ejercicio diario con una dieta balanceada, que puede tener carne, pollo, algo de pescado, avena, arroz, alguna fruta y algo de verdura, y no menos de ocho horas de sueño.

“Los tres pilares fundamentales del progreso son nutrición, descanso y entrenamiento. Si falla uno de éstos, te vas para atrás”, advirtió el fisicoculturista.

Sus padres siempre lo acompañaron, y a medida que él fue asimilando lo que estaba viviendo, lo asimilaron ellos. Fue un proceso. “No me interesa ni me sirve hacer otra cosa, esto es lo que me gusta”, sostuvo.

De los 20 a los 22 años estudió Administración de Empresas, pero a mitad de camino, dijo que se cansó y se dio cuenta que lo hacía para “dejar conformes” a sus padres. Al sincerarse, se volcó de lleno al fisicoculturismo. “Dije basta y me dediqué a lo que era lo mío, mi pasión siempre fue esto”, reconoció.

--> El presupuesto, un gran desafío

Como amateur, confesó que es imposible en Argentina vivir de lo que ama, porque no se consiguen sponsors ni ayuda de los gobiernos. Por lo tanto, para hacerlo es necesario bancarse los pasajes, la inscripción en los torneos y la estadía. “Ni hablar de lo que se gasta en comida y suplementación”, acotó Nacho.

“El 2018 fue una de cal y otra de arena. La economía está para atrás y no cierran los números, pero saqué diez medallas, tres overalls y una estatuilla”.

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