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Aranda, el 10 de Boca, hincha de Cipo: el curioso vínculo con el nuevo 9 albinegro

Mientras Tomás Aranda empieza a ganarse un lugar en el Xeneize, su primo Nahuel Luna busca hacer historia con la camiseta del Capataz.

Claro está que el fútbol tiene más de mil historias, encuentros, desencuentros, amistades incontables, lazos familiares también, y esto último es lo que involucra a Nahuel Luna con el Xeneize. Allí, en el barrio de La Boca, está su primo, el actual 10, Tomás Aranda.

El destino quiso que los dos estén atravesando momentos importantes de sus carreras, aunque en escenarios completamente diferentes. Mientras uno intenta consolidarse en uno de los clubes más grandes del país, el otro llegó al Capataz para ser una de las alternativas ofensivas de Fabián Enríquez.

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Para Nahuel, es de lo más normal contar que tiene un primo en Boca; para el hincha, una noticia de alto calibre. Con total normalidad, el 9 del Albinegro afirma que Tomás Aranda hincha por Cipolletti.

No es solamente una cuestión de sangre. Es una relación cercana, de esas que se mantienen incluso cuando las obligaciones del fútbol profesional hacen que los contactos sean menos frecuentes.

De hecho, durante el debut del Albinegro en el Nonagonal ante Huracán Las Heras, Tomás estuvo pendiente de la transmisión. Desde Buenos Aires, siguió el partido en el que Cipo comenzó la Fase Campeonato con una victoria y, seguramente, con un ojo puesto en la actuación de su primo, que partido a partido se mete en el corazón del hincha.

La exigencia de Boca hace que los contactos no sean permanentes, pero cada tanto aparece el mensaje, la charla y hasta una cuenta pendiente: Tomás está esperando su camiseta de Cipolletti. Aranda tiene su camiseta de la gira premundialista, una cantidad importante del Xeneize, pero espera la del Capataz. La Albinegra pronto viajará a la capital para la colección del 10.

Mientras tanto, Nahuel transita su propia historia en el ataque del equipo que dirige Enríquez. “Estoy comprometido como todos mis compañeros, el gol sé que va a llegar solo. No me tengo que desesperar por eso, pero para el 9 es importante”, afirmó.

De Escobar a Cipolletti

Luna llegó al Albinegro después de una temporada en Atlético Escobar, club cuyo pase todavía le pertenece y con el que consiguió el ascenso al Federal A esta temporada. Su camino tuvo distintas estaciones antes de desembarcar en la Patagonia. “Debuté en San Miguel y mi pase le pertenece a Escobar. Hice el Regional con Escobar y jugamos la final con Ferro de Pico, ganamos 1 a 0 en Pergamino, en cancha de Douglas Haig”, contó.

Su llegada a Cipo representa una nueva oportunidad para un delantero que busca continuidad y protagonismo en una categoría exigente.

Pero antes de recorrer canchas del Federal A, Luna pasó buena parte de su infancia entre las canchas de baby fútbol de Buenos Aires. Allí nació esa relación especial con la pelota que todavía conserva. “Desde chiquito hasta la Reserva estuve en Vélez, soy socio enfermo de Vélez. Toda la familia es de River, pero me enamoré de El Fortín”, expresó.

Y detrás de esa historia aparece otro nombre conocido, Leandro Somoza, con pasado como jugador en Vélez y en Boca, donde fue compañero de Juan Román Riquelme en el Xeneize. “Leandro Somoza me llevó, estaba en el Baby Saavedra. Jugué en muchos clubes de Baby, estaba en dos. Terminaba de jugar en uno, me pasaban a buscar y me iba a otro. Los domingos jugaba en otro y después me iba a Vélez a entrenar. En Buenos Aires hay muchos clubes de baby. El chiche viene de ahí, me gusta”, repasó.

Ahora, el desafío es otro. Luna llegó a Cipolletti en un momento en el que el equipo necesitaba variantes ofensivas y rápidamente comenzó a meterse en la consideración del cuerpo técnico.

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