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Denuncia de vecinos por problemas de convivencia

Dos familias viven separadas por una puerta en una propiedad que les cedió la municipalidad de Fernández Oro.
Una familia que habita una vivienda cedida por la Municipalidad de Fernández Oro denunció ayer haber sido objeto de un intento de agresión por vecinos que también residen en la misma propiedad, aunque separados por apenas una puerta.
La denuncia fue realizada en la Comisaría 26 de esa localidad por Claudia Elizabeth Rojas, quien contó además a este diario «las cosas que debemos padecer por estos vecinos que en ocho meses han producido daños en la vivienda que nos impiden hacer uso normal de servicios básicos».
El problema se agrava aún más porque la denunciante dijo que en el espacio que tienen asignado para vivir, lo hace también una prima (Andrea Pérez, de 24 años), quien se encuentra afectada por una enfermedad que «según indicaron los médicos, requiere de un cuidado, higiene y atención permanente», dijo la denunciante.
Rojas contó que ese caso tiene un matiz dramático. Es que su prima atraviesa por un delicado estado de salud y se encuentra a la espera de un transplante de hígado y riñón. «Los médicos nos han dicho que debe ser cuidada al extremo y las condiciones en que vivimos no hacen eso posible».
La casa que habitan Rojas con su hijita, la madre y la prima fue cedida por la comuna hace algunos años, pero a mediados del 2008 el gobierno municipal le concedió a otra familia –serían ocho integrantes- otro sector de la vivienda.
Según contó la denunciante, «los problemas empezaron cuando nos arrojaban piedras contra las puertas y ventanas; además rompieron instalaciones», agregando haber transmitido esta situación a las autoridades municipales y del Juzgado de Paz. «El intendente Reggioni no ha hecho nada», dijo Rojas.
La situación se habría ido tornando cada vez más tensa y, según lo declarado en la unidad policial, «en la madrugada de este viernes, comenzamos a escuchar en la puerta y paredes, produciéndose la rotura de los vidrios de una ventana Nos asustamos mucho».
Contó finalmente que «la Policía fue a pedirle a esa familia que desistiera de las agresiones, pero igual nosotras nos sentimos amenazadas. Ya no podemos vivir ahí, pero tampoco tenemos dónde ir ni cómo afrontar un alquiler», dijo, nerviosa, Rojas.