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Convirtió un insulto en su portón en una lección de amor para su hija

Roxana se encontró una pintada agresiva hecha con aerosol. Decidió transformar la palabra en una frase positiva para concientizar a los niños del pueblo sobre el respeto hacia los demás.

Huinganco tiene apenas 1140 habitantes. Para muchos, es uno de esos pueblos en donde nunca pasa nada. No hay hechos delictivos de importancia y tampoco graffities o casos de vandalismo. Por eso, el insulto de cuatro letras que se estampó con aerosol en la casa de Roxana revistió más gravedad de la que podría tener en otras ciudades. Pero fue el gesto que tuvo ella, que reconvirtió la palabra en una frase llena de amor, la que transformó una simple pintada en una lección de amor.

Roxana Sandoval tiene 42 años y es gestora cultural. Después de vivir situaciones de violencia en Neuquén, se mudó con su hija de 9 años a un lugar más tranquilo. Agradecida de seguir con vida, eligió un apacible pueblo del norte neuquino para sentirse más a salvo. Entre sus siestas sagradas y sus calles desiertas, la mujer encontró la calma que no tenía en la capital, pero también una soledad que la hacía sentir incomprendida.

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Las estructuras tradicionales todavía pesan en Huinganco. La mayoría de las familias se componen de parejas de un hombre y una mujer. Y aquellos que eligen otras opciones, como criar a sus hijos en solitario o tener un vínculo homosexual, ocultan sus preferencias o se mudan a ciudades más grandes, donde el anonimato les da más libertad.

Quizás fue esa elección de Roxana, de forjar su familia sola y sin depender de un hombre, la que motivó el insulto que el pasado lunes apareció sobre su portón. Ese día, alguien hizo varias pintadas con un aerosol en distintos puntos del pueblo. Y en el portón violeta de ella estamparon la palabra "puta".

Después de llorar y angustiarse, la mujer pasó el hecho por el tamiz de su trabajo como gestora cultural. "Se estima que fue un grupo de preadolescentes", dijo. "Pero si tienen acceso a comprarse un aerosol, ¿por qué escribieron eso en lugar de escribir otra frase o hacer un dibujo o una expresión artística?", se preguntó.

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Para Roxana, la falta de acceso a talleres de expresión artística, en donde niños y adolescentes puedan canalizar sus voces, parece ser parte de la explicación. Y aunque muchas veces el pueblo había elegido callar ante estas expresiones violentas, la mujer decidió convertir ese graffitie en una jornada de concientización sobre la erradicación de la violencia a las mujeres, empezando por su hija de 9 años.

"Cuando llegó y vio la pintada quedó impactada", dijo Roxana. "Sabía muy bien que era un insulto, pero no tenía muy en claro qué significaba", afirmó. Con paciencia, ella le explicó a su hija que ese agravio no las representa, y que dice más de los grafiteros de lo que puede decir de ellas mismas.

Aunque al principio Roxana pensó en comprar pintura y un rodillo para tapar la pintada, y hasta recibió la ayuda de una amiga que le acercó los materiales, luego pensó en convertir la palabra en una frase llena de amor. Usó las primeras dos letras del insulto para escribir otra consigna: "Puedes hacer del mundo un lugar mejor". Y la palabra sigue escrita en letras negras de aerosol, para resignificar pero sin tapar la acción de vandalismo.

El martes, apenas un día después de la pintada, Roxana convocó a su hija y otros niños del pueblo en una jornada de concientización. Con música, charlas y murales, les explicaron a los niños el significado de la palabra y por qué es necesario comprender que no se trata de un chiste sino de una forma de ejercer violencia.

Por su tamaño acotado, todo se sabe pronto en Huinganco. Y la nueva frase que produjo Roxana llegó a los ojos de todos. "Lo mejor fue que estábamos muy solas en el pueblo, y partir de esto mucha gente se nos acercó para ver cómo estábamos, para traer pinceles o para participar de las jornadas", dijo ella y agregó que hará todas las jornadas que hagan falta para sacar provecho del insulto y generar valores positivos en la comunidad.

Pese al dolor inicial que sintió al ver su portón rayado, Roxana no guarda rencor. Aclara que ese tipo de acciones responden a la falta de espacios de expresión para canalizar las inquietudes de niños y jóvenes, que muchas veces pasan demasiado tiempo solos por la falta de guarderías o jardines. Con la pandemia, los espacios comunes se redujeron aún más, por lo que las jornadas que organizó a partir del insulto tuvieron amplia repercusión.

Aunque lo entiende, Roxana prefiere no quitarle gravedad. Sobre todo en estas fechas, cuando se cumplió un nuevo aniversario del doble femicidio de Las Ovejas, un hecho que sacudió a una comunidad tan pequeña como la de Huinganco. Otro de esos pueblos en donde nunca pasa nada. Ni siquiera una pintada.

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