La particular historia de Derlis Alvarenga, el paraguayo que aprendió a correr en Cipolletti
Hace cinco años compite para la Escuela de Corredores local y es un gran exponente del atletismo de la ciudad.
Derlis Alvarenga nació en Paraguay. Jugó toda la vida al fútbol, pero una lesión lo llevó a probar suerte en otra disciplina como el atletismo. Desde hace media década integra la Escuela de Corredores de Cipolletti y es uno de sus exponentes a nivel nacional.
“No tenía idea lo que era el atletismo, venía de jugar a la pelota y de jugar algunos picados con amigos. Una sola vez, en la secundaria, en el 98', corrí una carrera de 100 metros donde éramos 7 y terminé séptimo. Fue la única que vez que había corrido”, recordó entre risas a LMC.
Para Derlis, la Escuela Corredores y Cipolletti son su cable a tierra y el atletismo, su forma de vida. “Estoy viviendo solo acá, los chicos de la escuela son una familia para mí y me mantiene muy ocupado. Soy de Paraguay, viví un tiempo en Buenos Aires y después me vine a esta hermosa ciudad”, dijo.
Hace ya cinco años, Derlis es parte del equipo de atletas reconocidos de la ciudad. Antes no conocía el deporte y llegó al mismo luego de superar una lesión. “Me acerqué después de una lesión, me lastimé muy mal la rodilla jugando al fútbol, me recuperé y salí a trotar. Yo quería competir para medirme, saltó una carrera en Choele Choel y me tomé el micro hasta allá”, describió.
En aquella ciudad del valle medio conoció a quienes hoy son sus fieles compañeros en la Escuela de Corredores. “Ahí ganaron Tony Ruiz y Checho Paneiva en sus categorías, los dos de la Escuela. En la terminal de Choele estaba sentado en una esquina cuando llegaron ellos con sus premios. Yo soy muy tímido, pero me vieron y me invitaron a su mesa para merendar y esperar el micro que salía tarde. Me invitaron a la Escuela y en esa misma semana me sumé y no me fui más del grupo”, contó.
La velocidad no era lo suyo, pero ahora a los 40 años Derlis es uno de los buenos fondistas de la ciudad que acompaña a otros jóvenes y compañeros que buscan experiencia en estas distancias. “Siempre hay invitaciones a carreras regionales, ahí voy a disfrutar no a competir, acompaño a chicos nuevos de la escuela, trato de compartir la experiencias con ellos”, agregó.
La experiencia en Buenos Aires
Alvarenga estuvo presente en la Maratón de Buenos Aires hace algunos días y sumó una aventura más a su cuenta personal. Fue su cuarta carrera de 42 K en la Capital. “Me sentí muy bien al principio de la carrera, no es fácil predecir una maratón, es una carrera muy larga. El ambiente estuvo ideal para correr, hacían 14 grados, hubo mucha humedad, corrimos con un 80 por ciento y algo de viento. Tuvimos el acompañamiento de mucha gente durante todo el recorrido”, mencionó.
Su marca personal fue de 3 horas, 8 minutos, algo sumamente positivo en una de las distancias más exigentes del atletismo. “Fui con la idea de correr en 3 horas los 42 kilómetros y no pude soportar el ritmo después del kilómetro 33. Hubo pequeñas fallas y dolores, empezó a dolerme una uña, algo que es normal. La realidad es que después de dos horas el cuerpo ya siente el cansancio”, sostuvo.
Si bien los resultados fueron buenos, las exigencias personales son más altas. “En cuanto a la marca, fue exactamente la misma que en 2021: 3 horas 8 minutos. En lo personal es una marca linda pero uno entrena y sigue buscando mejorar un poco más. En una maratón, cinco segundos es muchísimo para mejorar. Siempre es lindo superar las marcas unos segundos o minutos”, afirmó el fondista.
A propósito de la lesión sufrida en una de sus uñas, Derlis explicó que es de lo más habitual entre los fondistas: “Es algo normal, pude charlar con Karina Fuentealba, atleta de élite del país que hizo 2 horas 53 a buen ritmo, y le pasó lo mismo, se quedó sin una uña en el pie y se quejó del viento y la humedad”.
Más allá de la preparación física para cualquier distancia, el hecho de sumarse a la maratón tiene sus desafíos y etapas en plena carrera. “Son fracciones en la carrera, del kilómetro 1 al 10, uno puede ir volando, sin compromisos. Del 10 al 20 tratas de llegar lo más rápido posible, del 20 al 30 empieza la carrera y en los últimos 10 ya corres con las piernas y el corazón”, explicó.
Los corredores zonales no solo están presentes en un mismo terreno, los escenarios valletanos les permiten realizar trail y carreras de asfalto. En el caso de Derlis, el terreno duro no es negativo. “Me ajusto muy bien al asfalto, me siento muy cómodo en ese terreno. Estoy adaptado al clima cálido y la humedad no me afecta, pero es mejor correr con clima frío que cálido”, subrayó.
La maratón es el final del proceso de entrenamiento. El atleta tuvo jornadas largas de preparación junto a su entrenador. “Los entrenamientos siempre fueron largos junto a Diego Pichipil, esos que no se ven, los que se hacen los domingos entre las 11 y las 14. Eso fue fundamental para prepararme y llegar a la maratón”, afirmó.
Las pasadas mencionadas fueron una etapa de la preparación, mientras que la otra fue afrontar carreras oficiales y en el mismo terreno que la maratón. “Estuve en la media maratón de Buenos Aires hace un mes atrás. La idea era traer de ahí una marca para promediar y tener una idea de cómo iba a ser la maratón. Si la media la hacía en una hora y media, los 42K los tenía que hacer en tres horas. El promedio salió perfecto”, contó sobre su proceso.
Los 42 kilómetros no son para cualquiera, es una decisión trascendental, un cambio rotundo en distintos aspectos. Pero en el caso de Derlis, fue algo peculiar. “Fue algo muy loco: la primera vez que fui a la media maratón en 2018, fui solo en representación de la escuela. En aquel momento llegué tarde a la largada y pude correr en 1h 29, pero volví descontento. Cuando llegué a Cipolletti le dije al profe que quería correr la maratón un mes después a modo de revancha personal”, recordó.
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