El drama de padecer una alergia: entre la falta de diagnóstico y los obstáculos para los pacientes
La alergia alimentaria más frecuente es la alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV). Sin embargo, muchos deben acudir a la Justicia para que obras sociales y prepagas reconozcan el tratamiento.
En Argentina, se estima que un 20% de la población adulta sufre de alergias y el panorama no es alentador. La contaminación ambiental, el cambio climático y la predisposición genética son algunas de las causas que podrían explicar este crecimiento que está bajo la lupa.
Se estima que más de 8 millones de personas viven con algún tipo de alergia, de acuerdo a la Asociación Argentina de Alergia (AAAeIC) y, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más del 30% de la población mundial podría presentar alguna manifestación alérgica.
En el reciente Día Mundial de la Alergia, especialistas alertaron sobre el impacto de estas enfermedades en la vida de millones de personas.
En este contexto, organizaciones de pacientes y familias alzaron la voz para visibilizar los desafíos que enfrentan en el tratamiento de la alergia alimentaria más frecuente: la alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV). Esta es una reacción inmunológica que afecta principalmente a lactantes y niños pequeños (a cerca del 1%) y que puede manifestarse con síntomas digestivos, cutáneos y respiratorios, o incluso cuadros graves como anafilaxia, si no se trata adecuadamente.
El tratamiento para estos pacientes consiste en que madre e hijo adopten una dieta que excluya la proteína de leche de vaca, para mantener la lactancia, y -cuando no es posible hacerla de manera adecuada- la alternativa es el uso de fórmulas especiales denominadas "leches medicamentosas". Estas fórmulas son indicadas por profesionales médicos y tienen un rol terapéutico vital. Sin embargo, acceder a ellas no siempre es sencillo, a pesar de que su cobertura en Argentina está garantizada al 100% por la ley nacional N° 27.305.
Cuando la salud está en juego
Desde la asociación Leches Medicamentosas (www.lechesmedicamentosas.com.ar) buscan poner sobre la mesa la necesidad de que cada niño o niña que necesite estas fórmulas pueda acceder en tiempo y forma, porque su salud está en juego y su derecho está garantizado por ley.
En el camino, aparecen múltiples obstáculos, pero 7 de cada 10 familias que reclaman por vía legal logran acceder a estas leches, aunque -claramente- lo deseable sería que el acceso no tuviera obstáculos y/o que estos se resolvieran rápida y administrativamente, en instancias previas.
“El acceso a las leches medicamentosas en Argentina está lleno de obstáculos burocráticos, inequidades entre coberturas y tiempos que no se condicen con la urgencia del tratamiento”, explicó Leandro Desplats, abogado, líder de la asociación Leches Medicamentosas, que acompaña a familias en su desafío por brindar a los más chicos la alimentación que necesitan.
Riesgos y burocracia
Dylan tiene 5 años y vive en Neuquén. Fue diagnosticado con alergias alimentarias múltiples, entre ellas APLV. Tras numerosos estudios y certificaciones médicas, se dejó constancia de que requiere una fórmula específica, la única que tolera clínicamente y que le permite cubrir sus requerimientos nutricionales de manera segura.
Inicialmente, su prepaga autorizó su cobertura, pero con el tiempo fue reduciendo la cantidad mensual autorizada: de 10 latas bajó a solo 3, ignorando la indicación médica. La familia no podía mantener la provisión recomendada, enfrentando serios riesgos para la salud de Dylan ante cada interrupción en el suministro. Dada esta situación, iniciaron un recurso de amparo y lograron un acuerdo judicial que garantizaba la cobertura sin límite de edad ni de cantidad. Sin embargo, al poco tiempo, su prepaga ‘desarchivó el expediente’ y comenzó a exigir nuevos requisitos. Esta maniobra dilatoria puso nuevamente en peligro a Dylan, explicaron desde la agrupación.
Yanina vive en Colón, Santiago del Estero. Tiene 3 años y un cuadro grave de APLV. Su situación es especialmente crítica y corre riesgo su vida: por la falta sostenida de provisión de la fórmula que necesita, presenta un cuadro de desnutrición aguda y anorexia severa, lo que ha afectado gravemente su capacidad de alimentarse por vía oral, por lo que requiere alimentación por sonda y están evaluando incluso la posibilidad de colocarle una gastrostomía.
Lo alarmante es que su cuadro actual no es consecuencia de su diagnóstico inicial, sino del incumplimiento por parte de su prepaga, que no garantizó la provisión adecuada y oportuna del tratamiento. "Este caso expone una situación límite: la vulneración de derechos constitucionales básicos, como el acceso a la salud y a la vida, por una falla evitable que generó un daño progresivo, con responsables claramente identificables", finalizaron.








