Alumnos de la Escuela 33 recorrieron toda la Patagonia

El viaje se enmarca en un proyecto pedagógico.

Los alumnos de 5º grado de la Escuela 33 realizaron un viaje de estudio de cuatro días en Puerto Madryn y Península Valdés. “Vimos a las ballenas y a los pingüinos”, gritaron contentos los chicos, que tuvieron la oportunidad de verlos en vivo por primera vez.

Luego de estudiar la región Patagonia a lo largo de todo el año, les llegó la hora de llevar lo aprendido a la práctica. Así, 27 alumnos viajaron a Chubut para estudiar las problemáticas ambientales de la región y compartir una experiencia entre amigos y compañeros. “Espero que esta experiencia trascienda lo académico y les haya servido como personas”, enfatizó Alejandra Melo, una de las maestras que impulsó el viaje.

“Junto con mi compañera Marina Malaspina hemos estado trabajando sobre la región patagónica, haciendo hincapié en sus recursos naturales, actividades económicas y problemáticas ambientales. A partir de ello nos propusimos estudiar e investigar desde un lugar crítico, cada una de las provincias que la componen”, dijo la seño. Así nació el proyecto “Conociendo nuestra región patagónica: SOS cuidemos nuestra región”.

Viajaron en una embarcación por encima de las ballenas, visitaron el Istmo Florentino Ameghino, fueron a Puerto Pirámides y madrugaron para conocer Punta Tombo. “Nos despertaron a las 6:30 y nos acostamos tarde”, protestaron algunos de los chicos, pero aseguraron que valió la pena porque pudieron observar a los pingüinos.

También pasaron por Rawson y Trelew, donde se detuvieron en el Museo Paleontológico Egidio Feruglio a ver los restos fósiles de los dinosaurios. Allí también admiraron la Playa Unión: “Se llama así porque en ese lugar se hundió el barco la Unión”, explicó con ánimo uno de los alumnos.

El viaje fue puro goce, aunque también tuvieron que ponerse a estudiar. “Una de las tareas fue hacer un itinerario”, comentó Martina. Además, en el Ecocentro y Museo el Hombre y el Mar tuvieron que realizar varios juegos interactivos donde aplicaron lo aprendido en las clases, mientras que el objetivo final del viaje fue adoptar una ballena por internet como escuela.

Emoción de despedida

La emoción invadió a Alejandra cuando relató que este es el último año como seño de sus alumnos de quinto: “Me siento satisfecha como docente porque sé que mis alumnos se llevan valores como el respeto y la responsabilidad”. Narró también que fue un grupo difícil donde muchos estudiantes recibieron adaptación curricular, pero que a lo largo del proceso y con este viaje en particular “ganaron en autonomía”.

Por último, sostuvo que “hay que romper con el espacio institucional para nutrir los contenidos con la experiencia”. Es por eso que espero que esta iniciativa se institucionalice para que los chicos puedan seguir sin nosotras el próximo año”, expresó.

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