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Afirman que Laila les "tiró a matar"

Los cirujanos Andrés Otero y Fernando Barbosa y el enfermero Carlos Méndez recordaron los terribles momentos en los que la autora de la balacera mortal en la clínica les disparó al cuerpo.

Los tres coincidieron en que salvaron sus vidas por la poca puntería que tuvo la imputada por el crimen de Carla Milla.  
 
Dos médicos cirujanos y un enfermero de la Fundación Médica aseguraron que la acusada de la balacera mortal les “tiró a matar” y afirmaron que si no lo logró fue por su impericia al momento de disparar o por fortuna.
“No creo que no haya tenido conciencia de lo que estaba haciendo. Siempre mantuvo el mismo discurso, siempre pidió por lo mismo. No vi la conferencia, me comentaron que dijo que no quería herir a nadie, no quería lastimar a nadie. En mi caso, si no me pegó, fue por mala puntería, no porque no quiso, es así de simple”, relató indignado Fernando Barbosa, cirujano cardiovascular residente de la institución.
El profesional indicó que estaba en la sala de médicos y al escuchar “tres ruidos” salió al pasillo y se encontró de frente con la asesina de la joven técnica bioquímica Carla Milla, quien venía desde la terapia intermedia con un arma.  
“Me apunta, dispara, yo tenía atrás mío la puerta del quirófano, me tiro al piso y me meto, todavía no sé cómo. Entro a los gritos avisándoles que hay una persona disparando. Nos metimos todos en un quirófano y luego nos damos cuenta de que la puerta por la que entré estaba abierta”, comienza Barbosa su relato sobre la trágica mañana.
“Fuimos con Andrés (Otero) arrastrándonos a cerrarla, miro por la hendija y la veo parada en el mismo lugar donde estaba. Justo yo tenía la llave y aproveché para cerrarla. Pongo la que no era y cuando ella siente que quiero cerrarla, tira de vuelta y la bala atraviesa la puerta. Si yo lo hubiera hecho de frente, ahora no estaría acá. Justo estaba de costado. Una vez que pasa la bala,  cambié la llave”, agregó.    
El profesional contó que Díaz pedía por los médicos y por las cámaras de televisión. Explicó que la travesti quiso introducirse al quirófano y cuando se dio cuenta que estaba cerrado, rompió el vidrio de la puerta “como queriendo entrar”. 
El cirujano señaló que pasados unos 40 minutos, la Policía logró abrir una puerta que une el quirófano con la terapia y salió una parte de las 15 personas que había en ese sitio.
“Mi miedo era que si entraba al quirófano, no había salida para los que estábamos ahí, miraba alrededor, alguno estaba nervioso, otro angustiado, otro llorando. Pensé, si entra acá, no queda nada”, indicó Barbosa, quien destacó: “La puerta por la que yo entré tiene seis, siete tiros y están todos debajo del marco, hay un solo tiro en el techo”.   
 
“Rajá de acá”
Más elocuente aún en sus dichos fue el enfermero Carlos Méndez, quien sostuvo que Laila le disparó en varias oportunidades al cuerpo.
Contó que esa mañana estaba trabajando en el hospital de día de la planta baja del edificio. Al escuchar tres detonaciones arriba, subió por las escaleras para ver qué pasaba. Cuando llegó al segundo piso, se encontró con la travesti de frente, a unos tres metros.
“Rajá de acá, me gritó. Cuando retrocedí para la escalera, me empezó a gatillar”, comentó Carlos, quien mostró a este diario la pared en la que dieron los impactos.
“Escuché que se quedó sin balas y subo de nuevo. Ahí veo que saca el tambor y cuando lo encaro, ya había cargado de nuevo, fueron unos cinco segundos. Volví en mis pasos y me gritó ‘te dije que te vayas’. Ahí me volvió a disparar dos veces más”, relató el enfermero.   A partir de este relato se desprende que la acusada portaba un cargador rápido.
Desde el lugar del pasillo en el que disparó Laila (en su documento figura con el nombre de Héctor Díaz) hasta el ingreso por la escalera hay una distancia de menos de 5 metros.
“Nos tiró a matar”, enfatizó. 
Tanto Barbosa como Méndez explicaron que la agresora estaba parada, pero apoyada en la silla de ruedas.   
En tanto, el cirujano vascular Andrés Otero se aprestaba a realizar una operación y, junto a Barbosa, intentó frenar el ingreso de la agresora al quirófano.
“Uno ve en los medios que una persona dice que no quiso matar a nadie, y están todos los disparos a un metro, a un metro cincuenta, y vos viste que te apuntó, no es que no quiso matar a nadie”, remarcó Otero, quien sostuvo que Díaz repitió en varias oportunidades: “Esto va a ser un desastre si no me traen al médico”.

El padre de Carla sería querellante

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Juan Carlos Milla, padre de la joven que fue asesinada el sábado en la clínica, se acercó ayer a Tribunales para conversar con el juez Santiago Márquez Gauna. Trascendió que su intención sería presentarse como querellante en la causa y que su abogado sería Roberto Berenguer. 
En tanto, se tomaron cuatro declaraciones. Las identidades de los testigos no trascendieron por su seguridad y tampoco se informó en qué se habrían centrado sus relatos.
En los próximos días se llamaría a declarar a más testigos. Se estima que el 15 de abril sería la fecha límite para definir la situación procesal.
El sábado a las 8.30, Laila Díaz, de 49 años, llegó a la Fundación Médica. Al bajarse de un taxi, se subió a su silla de ruedas y entró. Luego, tomó el ascensor hasta el segundo piso en el que funciona la terapia intermedia. Allí comenzó a disparar a mansalva.
Exigía que un médico que había atendido a su madre, de 81 años, pidiera públicamente disculpas por una supuesta mala praxis. Todo terminó cuando un paciente le avisó que había visto tirada a una chica. “Me entregué para que pudieran atenderla”, sostuvo. 
Luego fue detenida y llevada a Roca, donde se encuentra alojada. Anteayer fue trasladada a Cipolletti para declarar ante el juez. Luego lo hizo ante la prensa en una inédita y llamativa conferencia.
En conversación con los periodistas admitió haber ido en busca de venganza y para hacerle daño a un médico.

Los balazos, a pocos centímetros

Esa mañana, el cirujano vascular Andrés Otero se preparaba para llevar a cabo una operación cuando escuchó los primeros disparos de Laila. 
“Tenía dos marcapasos en la mano. Sentí los ruidos y al principio pensé que era una camilla, un golpe, hasta que entra Fernando (Barbosa) y dice que estaban disparando. Atinamos a meternos adentro del quirófano, vestidos de civil todavía. Les dijimos a todos que se tiren al piso”, expresó Otero.       
“A los gritos pedía cámaras y un médico. Hablaba y tiraba, paraba un ratito y volvía a hacer lo mismo”, añadió.
El cirujano agradeció la fortuna que tuvo cuando Díaz atravesó la puerta de un tiro. “Justo me alcancé a correr. Me pasó a unos 50 centímetros”, destacó.
Contó que un policía pudo acceder al quirófano y pidió autorización a sus superiores para evacuarlo. Así fue como se sacó a la mayoría de quienes estaban en el sector.
Según indicaron Otero y Barbosa, en el lugar eran 13 médicos y enfermeros y dos personas a punto de ser operadas. 
El problema era que los dos pacientes estaban anestesiados, por lo que no podían moverse. En un principio se quedaron dos médicos con cada uno de ellos. 
“Cuando el grupo especial de la Policía bloqueó la posible entrada que tenía esta persona, levantamos las camillas con los pacientes y los llevamos a la terapia intensiva”, indicó Otero. 
Por último, recordó que en ningún momento se enteraron que había algún herido. “Es más, nadie lo sabía”, concluyó. 

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