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Absolvieron a un docente acusado de abusar de una alumna

La chica denunció que la había tocado y que le dijo una frase lujuriosa. Pero el fallo dice que la Fiscalía no logró acreditarlo.

El Tribunal de Juicio cipoleño integrado por Florencia Caruso, Julio Sueldo y Sonia Martín, absolvió en forma unánime por el beneficio de la duda a un docente de un colegio secundario que había sido imputado por manosear a una estudiante de 15 años, que no asistía a sus clases.

La sentencia dictada días atrás señala serios cuestionamientos a la investigación encabezada por la Fiscalía representada por el fiscal Jefe Santiago Márquez Gauna, con respecto al momento en que habría ocurrido la supuesta agresión.

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La ausencia de esas precisiones en la hipótesis “genera una incertidumbre insalvable”, recalcó Caruso en su voto rector, al que adhirieron los otros dos jueces.

Advirtió que por ese motivo “no puede declararse su responsabilidad penal en el suceso, so pena de violar uno de los principios que rigen el proceso y cuál es el debido proceso y el derecho a defensa en juicio”.

El profesor (cuya materia no se informará como tampoco el establecimiento educativo para no exponer a la menor), fue enjuiciado por el delito de “abuso sexual simple agravado por la calidad de educador”.

El fallo describe que la adolescente declaró que el hecho ocurrió el 30 de agosto de 2019, luego del primer recreo y alrededor de las 9,30, al concurrir a la cocina de la escuela a buscar agua. Aseguró que cuando estaba cargando una botella de un dispenser, sin nadie más presente, el hombre apareció de atrás y la sujetó fuertemente, tocándole por encima de la ropa los laterales del glúteo, y aproximándola hacia su entrepierna y le dijo “...sabes lo que haría yo con esa cola...”.

Allí lo empujó y se fue al baño, para regresar al aula minutos después sin referir lo sucedido.

La chica luego le contó a su mamá, quien hizo la denuncia.

En el debate la Fiscalía expuso que el abuso se había acreditado, y destacó entre las pruebas el testimonio de la supuesta víctima, a la que calificó como una “estudiante promedio” que “nunca tuvo problemas con nadie”.

El fiscal agregó que “reaccionó como puede una niña de su edad, quedó congelada, entro en crisis, se dio vuelta, salió, se fue al baño y al aula, donde entró y no dijo nada porque estaba shockeada”. El relato, dijo asimismo, lo ratificó en la Cámara Gesell.

Por su parte, el abogado Alberto Moreyra, sostuvo la inocencia de su defendido, y se afirmó en el testimonio de otros docentes que estuvieron en el lugar y en el momento en que presuntamente ocurrió todo.

Una de las profesoras declaró que cuando tocó el timbre que finaliza el recreo, aproximadamente a las 9.30, salió al pasillo con el acusado y caminaron hacia las aulas. Detalló que al pasar por la cocina el hombre ingresó y saludó a la portera (que también atestiguó) y siguieron juntos. En el aula de la docente se detienen a conversar y él continúa hacia su salón, donde ingresa. Detrás lo hizo un preceptor, que luego de tomar lista redactó el parte y se retiró.

Mientras que la joven relató que entre 5 y 10 minutos después de entrar al aula pidió permiso para ir en busca de agua, y se topó en soledad con el denunciado.

Ese lapso de tiempo fue clave en el veredicto.

Los cuatro escenarios de la defensa

La defensa señaló cuatro escenarios confirmados por testigos. Primero el laboratorio, de donde el acusado sale acompañado por la profesora. El segundo es la cocina, donde él saluda a la portera y sigue. El tercero es el aula de la colega, en cuya puerta conversan. El cuarto es el aula del imputado, donde queda dando clases.

“… cada uno de los testigos que han declarado, estuvo rodeado de gente, ninguna de esas personas ubican a la víctima en el ingreso de la cocina y ella además fue clara al decir que cuando esto pasó, estaba sola…”, resalta el fallo absolutorio.

La pista que no se investigó

La sentencia absolutoria también cuestiona no haber investigado qué hizo el docente luego de haber entrado al aula y despedir al preceptor, ante la posibilidad de que hubiera perpetrado el hecho después.

“La Fiscalía no ha aportado ninguna prueba direccionada a acreditar que salió del aula y se dirigió nuevamente a la cocina donde pudo haber llevado a cabo el hecho”, advierte Caruso en su resolución.

Agrega en la misma línea que “puedo suponer alguna otra hipótesis, por ejemplo, que pasó con (el acusado). después que se retiró el preceptor”.

“Este interrogante el MPF no se encargó de averiguar y estaría también dentro de la franja horaria, porque la menor menciona claramente que después que tocó el timbre de entrada, a los 5 o 10 minutos pidió permiso para ir a llenar su botella de agua, que tardó entre 10 o 20 minutos en volver, es decir, que la franja horaria que marca ella es aproximadamente de 30 min. después de tocar el timbre, pero la Fiscalía se encargó de averiguar solo hasta que (el acusado) ingresó al aula, que eso sabemos que fue alrededor de 10 min. desde que toco el timbre, que hizo después”, apuntó la jueza.

“Eso no fue investigado”, concluyó.

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