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Una vida dedicada a los caballos

Jesica Lorena Rubilar es una joven fanática de los caballos oriunda de Fernández Oro. A muy temprana edad perdió a uno de sus seres queridos. Se trataba de Furia, su amigo equino, quien partió dejando un inmenso dolor en la niña.
Años después, Jesica, ya repuesta de aquella pérdida, encara la vida con mayor ahínco, ahora acompañada por una yegua, a la que bautizó como Ráfaga.
Dedicó su vida a una pasión, la cual heredó de su padre, quien la llevaba de pequeña a cuanta fiesta popular criolla tuviese lugar en la región.
Con el correr de los años, la joven notó que su verdadera vocación eran los caballos.
El primer contacto con un caballo propio lo tuvo a los siete años, cuando su progenitor le regaló un hermoso pony. Luego tendría varios más, pero Furia sería el que le cambiaría la vida, cuando aún estaba transitando la pubertad. “Viví momentos inolvidables a su lado, lo amé y logré cumplir mi sueño de competir después de una larga preparación”, destacó.
 
Destrezas criollas
La primera vez que Jesica incursionó en las destrezas criollas lo hizo en una competencia en la que quedó en el segundo puesto. Con respecto a esa experiencia, la joven recuerda que todo le parecía increíble: “No podía dormir de la emoción por todo lo que me estaba sucediendo”, señaló.
En ese marco, la orense destacó el constante respaldo brindado por sus padres.
En tanto, un momento bisagra en su carrera sucedió a los 16 años cuando se inscribió en un campeonato en el que compitieron 27 participantes, 25 hombres y sólo dos mujeres. En ese certamen quedó en el tercer lugar, con lo que obtuvo una invitación para participar en Palermo, presentando caballos criollos.
Pero los buenos momentos comenzaron a opacarse el 23 de diciembre del 2010, cuando su caballo Furia enfermó. A esa situación, se le sumó que la chacra en la que vivía con su familia fue vendida por el propietario, teniendo que mudarse de manera urgente. En ese momento optó por liberar a su compañero fiel, dejándolo en el campo “a la buena de Dios”, como ella lo definió.
"Él me hizo conocer distintos aspectos de la vida, me ayudó a crecer y a demostrar que vale la pena el empuje y el sacrificio”, remarcó Jesica.
Las grietas de la despedida la marcaron a fuego, luego de lo que no quiso saber nada relacionado con el mundo equino, hasta la llegada de su nueva yegua, con la cual volvió a las andanzas, presentándose en un festival regional en el que se ubicó en el segundo lugar.
Jesica volvió a empezar y ahora se encuentra cursando la carrera de Contadora Pública en la UNCo. Su sueño de cara al futuro es el de tener su propia chacra para destinarla a la cría de caballos criollos.

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