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Una opción diferente para el finde en Cipo: cine mudo con orquestas sinfónica en vivo

Cineclub TYO y en Ensamble XX XXI presentarán el film Amanecer con 12 músicos interpretando la banda sonora en el escenario. La cita es este domingo en el CC Cipolletti.

Mientras las plataformas de streaming ganan impulso y el cine se recluye en las computadoras y los Smart TV, Cineclub TYO apuesta por volver a los orígenes del séptimo arte con una película muda y una orquesta sinfónica acompañando la acción en vivo.

La cita es este domingo 6 de noviembre a las 20 en la Sala Incaa del Complejo Cultural, ubicado en la calle Fernández Oro 57. Las entradas pueden conseguirse en el lugar y a través del sitio web del CCC de manera anticipada con un valor de 500 pesos.

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Cineclub TYO y el Ensamble XX XXI se unen para presentar el film Amanece r del director Friedrich Wilhelm Murnau, de 1927, y la obra del compositor austriaco Hugo Riesenfeld.

Son 94 minutos de cine mudo con 12 músicos interpretando la banda sonar original en vivo en escena, una experiencia que ya tuvo su debut en General Roca y ahora llega a Cipolletti.

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Sobre el film

No es del todo una exageración decir que, en aquel momento, finales de la década del ’20, Frederic Wilhem Murnau era el director más importante del mundo. En pleno apogeo artístico luego de filmar una serie de populares películas en su Alemania natal que lo posicionaron como un el gran autor de su tiempo, el mismísimo creador de ‘Nosferatu’ (1922) sería tentado por el productor americano William Fox con un cheque en blanco y la promesa de total libertad artística para lograr así trasladar aquel inmenso talento desde Europa a Hollywood. Lo que William Fox buscaba a través de Murnau era mayor respetabilidad artística para su estudio que acostumbraba por aquellos años realizar melodramas y westerns de modesto presupuesto y en cantidad. Lo que Murnau veía en aquella propuesta era la oportunidad de contar con recursos técnicos y económicos de los que carecía en su país y que ampliaban significativamente las posibilidades de lo que podía ser plasmado en aquel lienzo que era la pantalla de cine. De esta atípica intersección entre un gran artista y una gran industria -y bajo aquellas condiciones iniciales y en apariencia idílicas- F.W.Murnau desembarca en EEUU con un cuantioso contrato para realizar tres películas, de las cuales Amanecer(1927) sería la primera.

El film es un poético ejercicio de plasticidad cinematográfica en el que una historia simple y arquetípica en su trama, trepa hasta convertirse en un poema visual de tintes oníricos. Murnau envuelve al espectador a fuerza de una desbordante imaginación visual que hace provechoso uso de los fundidos y la sobreimposición de imágenes para crear composiciones que le permiten trascender aquella simplicidad argumental y llegar por otras vías a la emoción y a la expresión del interior más hondo de sus personajes. Fuertemente anclada en un maniqueísmo típico del melodrama, la película presenta cantidad de dualismos, todos ellos fruto del pasaje histórico de aquella época en que la vida en el campo comenzaba a quedar atrás y la industrialización representada por la metrópolis (y por el cine mismo) se instalaban definitivamente.

Partiendo desde allí, la película escenifica las infinitas ramificaciones de este trauma social: la calma terrenal y la furia de los truenos; el silencio bucólico del estar en la tierra en oposición al bullicio urbano y su rocambolesca velocidad; y por sobre todo, la pureza familiar opacada por la sórdida tentación. El pasado que de a poco se aleja y el futuro que inevitablemente se impone La película vive, vibra y se balancea en este ir y venir de un extremo al otro. Entre la grandilocuencia del despliegue de producción que envuelve a los pequeños personajes desenraizados por un día de su hábitat natural, lanzados a pasar una noche en la urbe, pasando por la calma idílica de un comienzo con los pies en la tierra hasta llegar al final épico de último momento con aspiraciones a lo sublime. Como si todo este juego de oposiciones fuese el marco de una historia que se erige como una de las demostraciones plásticas más contundentes y a la vez sensibles de lo que el cine es capaz de comunicar. Y nada mejor que una orquesta en vivo para acompañarnos de un lado al otro, ida y vuelta de una costa a otra, de 1927 a hoy, del pasado al presente recuperando la experiencia muy poco practicada en la ciudad de unir una propuesta audiovisual con un ensamble de música tocando en vivo. Nota al pie. A meses de la llegada del cine hablado en 1927, ‘Amanecer’ es una de las primeras películas sonoras de la historia qué, aunque sin diálogos y con unos pocos intertítulos, contó con una banda sonora especialmente compuesta por Hugo Reisenfeld para la película y con la que la Warner inauguró el sistema de sonido óptico movietune que terminaría por imponerse como el estándar en la industria.

Sobre la música

Hugo Riesenfeld, nacido en Viena a fines del siglo XIX, Austria, fue uno de los impulsores de la música en el cine. Con veintiocho años de edad se muda a los Estados Unidos y pondrá al servicio de la incipiente industria cinematográfica toda su formación y tradición europea. Fue violinista, compositor y director de orquesta. Antes de trasladarse a Norteamérica, llegó a tocar en un cuarteto de cuerdas con el mismísimo Arnold Schoemberg (uno de los principales músicos en abandonar el sistema tonal e idear uno propio para componer). Sin embargo, no se observan en las obras de Riesenfeld influencias de las vanguardias musicales europeas de principios del siglo XX, sino más bien una prolongación de la música postromántica. Ya para los años ’20 se había convertido en el principal compositor de música de películas en Hollywood, llegando a crear más de cien bandas sonoras en toda su carrera. Su innovación, en tal caso, pasaría por desarrollar los primeros pasos de la producción musical moderna para la industria del cine.

Es aquí donde llegamos a “Sunrise: a song for two humans” (Amanecer) del año 1927. Dirigida por F.W. Murnau, resulta una de las primeras películas sonoras. Este es un dato no menor, ya que, hasta ese momento, la musicalización estaba a cargo de músicos, orquestas o compañías que interpretaban las partituras en vivo mientras se proyectaba el film. No solo representó una transformación en la tecnología audiovisual, sino también en el alcance que podría tener una banda sonora orquestal que ya no necesitaba de un recinto grande, como la de un cine-teatro, para que una orquesta musicalizara el film. Aunque, por otra parte, también significó un cambio laboral para aquellos músicos que vieron desaparecer esas compañías u orquestas especializadas en música para cine. Tal vez, el hecho de que hoy estemos recreando esta banda sonora en vivo sea un acto de justicia tardío, o tal vez una oportunidad de asumir un desafío musical más que interesante y enriquecedor al trasladarnos a un ejercicio del pasado que era frecuente, y que hoy queda guardado para la impronta de los valientes y el placer estético de los curiosos.

En “Amanecer”, Hugo Riesenfeld entiende perfectamente que su música es la parte complementaria en la búsqueda visual de Murnau de potenciar las emociones de cada escena. Y estas emociones, estos cambios de carácter dentro de la trama serán muchos y constantes. La música no nos será indiferente, ni tampoco los momentos de silencio que están muy bien elegidos. El compositor, desde el uso de la orquesta y efectos, sienta algunas bases e incipientes estereotipos que al escucharlos nos pueden trasladar a bandas sonoras posteriores, como las de Tom y Jerry, por ejemplo. Sin embargo, como mencioné al principio, Riesenfeld encuentra en el cine una forma de prolongación de la tradición musical romántica. Como buen austríaco, lo podemos escuchar en el protagonismo melódico de las escenas dramáticas, en los contrastes armónicos y cromáticos muy puntuales, pero, sobre todo en el uso brillante del estilo vienés (de velocidades aceleradas y retenidas, así como el color orquestal) para las escenas más jocosas y alegres. Hugo Riesenfeld, siendo fiel a las viejas prácticas musicales dentro del cine, donde se utilizaban fragmentos de obras de otros compositores para componer un acompañamiento, elige para el inicio de “Amanecer” una cita casi textual de la introducción de “Les Preludes” de Franz Liszt. Y lo hace de una manera más que consciente e inteligente. No sólo porque ese fragmento resulta una síntesis musical de la historia que se va a contar, sino que originalmente Liszt indicó que su poema sinfónico debía considerarse una representación musical del siguiente poema de Alphonse de Lamartine, que bien podría ser una sinopsis poética de esta película:

"¿Qué es nuestra vida sino una serie de preludios de esa canción desconocida cuya primera nota solemne es tocada por la muerte? El amanecer encantado de toda vida es el amor. ¿Pero dónde está el destino en cuyas primeras deliciosas alegrías no se rompe alguna tormenta?... ¿Y qué alma tan cruelmente herida, cuando la tempestad se desata, no busca descansar sus recuerdos en la agradable calma de la vida pastoral? Sin embargo, el hombre no se permite por mucho tiempo saborear la amable tranquilidad que le atrajo por primera vez al regazo de la naturaleza. Porque cuando suena la trompeta se apresura al poste del peligro, para que en la lucha pueda volver a recuperar el pleno conocimiento de sí mismo y de su fuerza".

Quedan invitados, queridos espectadores y oyentes, a escuchar esta canción visual y musical traída del pasado para interpelar nuestra humanidad en todo su abanico de luces y sombras.

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