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Sorprende la aparición de un cíclope

En este caso, no se trata de un monstruo humano, sino de un cerdito nacido muerto pero que en su rostro cuenta con un solo ojo.

El animalito fue donado al museo Ameghino, donde se lo conservará en formol.
 
Un cíclope animal dio la naturaleza. Se trata de un cerdito nacido muerto, que presenta la rara particularidad de tener un único y enorme ojo en el centro del rostro. El pequeño lechón fue llevado al Museo Provincial Carlos Ameghino para su conservación, por el propietario del criadero ubicado al norte de la ciudad, donde una chancha parió al monstruo.
La bestezuela presenta la rara particularidad que tanto atraía a la mitología de los antiguos griegos. Para ellos, los cíclopes eran gigantes con un único ojo, de fuerza y poder prodigiosos. Tuvieron dos intervenciones fabulosas y favorables para el destino del cosmos. Primero, apoyando a Cronos, dios del tiempo, en su esfuerzo por terminar con el dominio abusivo de su padre Urano, a quien castró con una hoz. Después, combatiendo junto a Zeus cuando éste, en lucha a su vez con su padre Cronos, devorador de sus propios hijos, logró la victoria y se ganó el reinado del Olimpo.
El porcino nació hace alrededor de un mes y causó sorpresa inmediata para el propietario del lugar privado en que está la chancha. “Primera vez que veía algo así”, contó José Luis Paredes, al referirse al acontecimiento. Indicó que enseguida atinó a guardarlo en un freezer para mantenerlo en buenas condiciones. Lo otro que hizo fue interesar del hallazgo a algunas instituciones, que no quisieron hacerse cargo.
Sin embargo, al final consiguió que el pequeño monstruo fuera acogido por el Museo Provincial como una pieza para sus colecciones. Para ello, se entrevistó con el funcionario Carlos Muñoz, conocedor de las técnicas taxidérmicas, quien aceptó el ofrecimiento.
El animalito, con su único rostro, será conservado en un frasco lleno de formol, sustancia que permite mantener largo tiempo los restos biológicos.
El museo posee una amplia variedad de animales guardados en formol, desde serpientes hasta arañas pollitos. Son piezas llamativas y también un poco “freak”, palabra inglesa en boga para designar lo muy raro y extraño. Retorcidos en el líquido conservante y transparente, las piezas de fauna parecen detenidas en el tiempo, casi perfectas pero sin el brillo de la vitalidad.
El chanchito cíclope no será el único monstruito que albergarán las vitrinas de la institución ubicada al norte de la ciudad, en una casona que perteneció a Lucinda González Larrosa, esposa de quien fuera fundador de la ciudad, Manuel Fernández Oro. Uno de los frascos conserva un gatito de dos cabezas, donado hace unos 30 años por una familia de General Roca. Hay también otro cerdito, en este caso, un nonato que no alcanzó a ver la luz del sol.
De la abundante cantidad de animales en formol, un 90 por ciento se conserva bien. El 10 por ciento restante se ha descompuesto. El Museo ha sido siempre una institución bastante carente de apoyos. Las tapas de los envases se han ido desgastando y agrietando con los años y, pese al cuidado y la pasión que pone Muñoz por tener en condiciones todo el lugar, el formol se ha ido evaporando, perdiéndose en la atmósfera interior de la gran casona y de ahí en el mundo.

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